Decía Adolf Loos, arquitecto austriaco de obra teórica más interesante quizá que la construida, en un célebre artículo suyo, Ornamento y delito (1910):
El embrión humano pasa, en el claustro materno, por todas las fases evolutivas del reino animal. Cuando nace un ser humano, sus impresiones sensoriales son iguales a las de un perro recién nacido. Su infancia pasa por todas las transformaciones que corresponden a aquellas por las que pasó la historia del género humano. A los dos años, lo ve todo como si fuera un papúa. A los cuatro, como un germano. A los seis, como Sócrates y a los ocho como Voltaire. Cuando tiene ocho años, percibe el violeta, color que fue descubierto en el siglo XVIII, pues antes el violeta era azul y el púrpura era rojo. El físico señala que hay otros colores, en el espectro solar, que ya tienen nombres, pero el comprenderlo se reserva al hombre del futuro.
El niño es amoral. El papúa también lo es para nosotros. El papúa despedaza a sus enemigos y los devora. No es un delincuente, pero cuando el hombre moderno despedaza y devora a alguien entonces es un delincuente o un degenerado. El papúa se hace tatuajes en la piel, en el bote que emplea, en los remos, en fin, en todo lo que tiene a su alcance. No es un delincuente. El hombre moderno que se tatúa es un delincuente o un degenerado. Hay cárceles donde un 80 % de los detenidos presentan tatuajes. Los tatuados que no están detenidos son criminales latentes o aristócratas degenerados. Si un tatuado muere en libertad, esto quiere decir que ha muerto unos años antes de cometer un asesinato. (…) La evolución cultural equivale a la eliminación del ornamento del objeto usual.”
Fue en tercero de carrera cuando descubrí a este autor, y en cuarto cuando devoré todo cuanto escribió, porque su reflexión sobre la arquitectura y la sociedad me parecía de una brillante intuición y claridad, y sigo suscribiendo el fondo de muchas de las cosas que dice, aunque matizaría -y mucho- las formas.
X quiere que este sábado la acompañe a una fiesta de sus amigos a las afueras de Barcelona y yo ya estoy buscando excusas para soslayarlo. No soy especialmente maniático de la limpieza, como ya he dicho, pero puedo prometeros que es más higiénico hacer una operación a corazón abierto en el suelo del lavabo de una discoteca un sábado a las seis de la mañana que lavarse los dientes en el baño del antro de esa gente. Sólo de pensarlo, ya me pica todo el cuerpo. Como ya han sido varias las veces que no he podido acompañarla a la versión perro-flauta de la Franja de Gaza porque tenía mucho trabajo, había quedado para comer-cenar con amigos, debía acabar urgentemente un trabajo para los cursos de doctorado, leer un libro para la tesis o tenía un jabalí en el horno… X me ha amenazado con montar una fiesta en mi casa. Y si defino ‘invasión de dragones’ a la visita de mis padres, podéis suponer que ver pulular por mi refugio antibarbarie a veinte trolls con pañuelo palestino, pantalones bombachos, pelo a lo rasta y mugre ya solidificada me causaría cierta desazón. Vamos, que al día siguiente saldría en los periódicos por el mayor asesinato en masa desde la invención de la guillotina. Así que mucho me temo que tendré que transigir, ponerme ropa que después pueda quemar y admirar los nuevos tatuajes tribales del clan.
Porque esa es otra. X quiere hacerse un tatuaje, como sus amigos, un hada, un duende o una letra china. Por más que le repita el fragmento de Loos citado al incio, no logro convencerla de lo desatinado de la ocurrencia; al menos, ha desistido ya de grabarse mi nombre ante la amenaza de que ese mismo día la dejaría. A ver qué haría entonces marcada como ganado. Todos sus amigos han recuperado la estética del hotentote, con tatuajes, pircings y cierta falta de higiene, disculpable en la sabana pero no tanto con agua corriente, y X insiste en lo de la letra china de las narices. Porque esto de las letras chinas es como lo de las reencarnaciones, que todos han sido Napoleón o prostituta sagrada en el templo de Ishtar, pero nadie campesino o barragana de cura de pueblo. Ídem con las letras chinas, que todas significan una parrafada espiritual del copón de Ambrosia, del tipo “la luz de las estrellas anida en tu espíritu libre”, aunque nadie sepa chino y tenga que fiarse de la palabra del tipo de la tienda de tatoos. Ya sé que las apariencias engañan, pero no suelen tener pinta de doctores en sinología.
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Otra de las opciones que X baraja, ahora muy en sintonía con el clan del oso cavernario (porque esa casa apesta como el cubil de un oso que acaba de despertarse de la hibernación) son las hadas, duendes, elfos… ¡Cuánto daño has hecho, Peter Jackson!
-Xavi se ha tatuado unas letras en élfico.
-Habla con propiedad, X. Xavi no se ha tatuado nada, se lo han tallado en la mugre. ¡Por Dios, si empieza a tener ya una costra de roca sedimentaria!
-No seas clasista. Pues los versos son muy bonitos.
-Sí claro, el tatuador es también experto en élfico. ¿El verso es en Quenya o en Sindarin?
Con lo de los versos en élfico recordé una anécdota que me contó NilVS sobre un amigo suyo, catalán también, que, queriendo estudiar un idioma, dudaba entre euskera y élfico. ¿Cómo diablos consiguen estas personas que la realidad no las contamine? Otro amigo, profesor, me contaba que ha llegado a su colegio un niño de tres años que se llama Éomer.
-¿Eómer, hijo de Kevin?-pregunté
-No. Pero no vas desencaminado: Éomer, hijo de Jonathan.
-La madre que lo parió.
-¿Al niño? La Jenni. Está embarazada otra vez, con 21 años.
-De Arwen, supongo.
-Supones bien. Peter Jackson, ¡cuánto daño has hecho!
-¿Por qué no quieres que me tatúe nada? -interrumpió X mis disquisiciones.
-Lo que yo quiera o deje de querer no tiene nada que ver. Es tu cuerpo y puedes hacer lo que quieras. Pero creo que es un error y, sobre todo, si lo haces por snobismo, como todos esos alternativos tan auténticos, que ahora es una letra china, mañana un verso en élfico y pasado quizá una svástica, porque seguirán sin entender nada.
-Eres un viejo
-Prefiero que me llames antiguo.
-Desde luego. Si sigues así, cuando te pongas enfermo, en lugar del médico, vendrá a atenderte un arqueólogo. Pero el sábado vendrás, ¿verdad?
-Si no hay más remedio.
-No. No lo hay. Porque si no vienes me tatuaré tu nombre en élfico y en chino. Y en árabe.
-Vale. ya lo he entendido. ¿Les llevo vino rosado?

A mi tatuajes, piecings y demás argayadas me parece la típica tontería moderna que pasará de moda para desgracia de los más pintarrajeados. Me parece perfecto que hagan lo que quieran con su cuerpo, pero que piensen que eso es para siempre, porque creo que no se puede borrar. Si alguien se casa, se puede divorciar; si alguien se tatúa el nombre de su pareja y luego se divorcia, menuda risa, toda la vida viendo su nombre, aunque sea en élfico o en chino y pueda engañar a la siguiente.
EDMOND,
Pienso lo mismo. Además, ¿qué necesidad de hacerse daño para un estupidez? Marcados como ganado toda la vida.
Saludos!
Theo, has de recomendarle a X que hable con cualquier médico y/o enfermera y que le expliquen, entre otros muchos inconvenientes de los tatuajes, que todas esas chicas que se han puesto uno en la zona lumbar no podrán, casi con toda seguridad, recibir la anestesia epidural si quisieran recibirla en un futuro parto.
PD. Gran música la que has elegido.
Existe una cultura de “culto al cuerpo” que a mi, personalmente, me resulta dificil de entender. Si ni siquiera consigo comprender a quienes dedican alguna horas al dia a la gimnasia para no hacer demasiada tripa, ¿cómo voy a entender a los que se machacan o perforan la piel intentando modificar su cuerpo?
Aunque claro, en esto, ya sabes … para gustos: los colores.
Pero me parece tan superficial…
Claro que cada uno puede hacer lo que quiera con su cuerpo !no faltaba más!, pero a mí lo de los tatuajes y los peercings me parece una autentica guarrada.
Yo sería incapaz de besar la piel “churruscada” de una mujer por muy bella que sea.
Y no hablemos de los peercing colocados en cavidades interiores. Ufff.
No entiendo por qué las mujeres pretenden parecerse a los legionarios. No lo entiendo.
Un abrazo.
Hola Theo. Parece que no te gustan las tribus y sus ritos de pertenencia, que básicamente son ritos de supervivencia. ¡Estás muy civilizado tú
!
En mi adolescencia, la tribu como señal distintiva llevaba El País bajo el brazo con la cabecera del periódico hacia fuera. Algunos se han quedado ahí, otros han pasado a Público (aquí, en Asturias, que a lo del nacionalismo lo llamamos babayismo y no tenemos publicaciones diarias en asturiano de momento y gracias a la crisis no se esperan).
Y la verdad, no sé que duele más o hace más daño al cuerpo y a la mente: tatuarse o creerse lo que ponen los periódicos.
Te comento que lo mejor para mí con las tribus-sectas es la paciencia y mirar más allá. Lo de oler más allá es difícil, pero se puede intentar.
Me he divertido mucho leyéndote. Gracias.
Hacerse un tatu, entre la gente más joven, es visto como algo con cierta carga transgresora, cuando no es más que una moda abonada por los vídeos de la MTV, el fenómeno Rap, R&B y que “mi mejor amiga se ha hecho uno y yo también quiero”. Un tatu es, sencillamente, algo que “mola” y “te queda de lujo”. Moda. Superficialidad, culto a la estética externa. Dentro de quince años, cuando los cánones vuelvan a imponer cuerpos inmaculados y la estética semi-carcelaria que hoy impera esté socialmente mal vista, veremos cuanta desesperación.
Estamos súmamente infantilizados.
Saludos, Theo, y amigos.
VELDA,
Bienvenida por aquí! Celebro que te haya gustado el Tourdion! Y… bueno, el tema de los hijos es tabú en nuestras conversaciones, porque yo estoy tentado a hacerma una vasectomía y ella quiere tener tres… Así que ‘peor es meneallo, amigo Sancho’.
¿Quieres un té?
Saludos!
FERRAN,
Así, ahora que no nos escucha nadie, te confesaré que me he apuntado a un gimansio. ¡E incluso estoy yendo! El problema no es un poco de tripita, sino una cintura cuyo perímetro está empezando a medirse en yardas. Como no tengo intención de fumar, beber o comer menos, justo es que haga algo de deporte para mantener cierto equilibrio. Pero es tan probable que acabe vigoréxico como que me contraten de primera bailarina en el Marinski…
¿Un café con croissant?
Saludos!
JOTA,
Bienvenido por esta casa! Ya ves que no es más que una habitación de la vieja, con los mismos trastos, pero un aire nuevo.
Y sí, no entiendo yo tampoco el afán feminista por dejar de ser femenina.
¿Un té?
ASUN,
Bienvenida por esta casa! Ponte cómoda y tómate lo que quieras, que de lo que hay no falta nada… ¿un té, quizá? Me alegra haberte hecho reír!
Sí, supongo que mi problema es un exceso de civilización… O, al menos, un empezo por crear a mi alrededor un espacio menos bárbaro. Pese a lo que dices de El País bajo el brazo, te diré que llevar un periódico, por parcial que sea, me parece harto más civilizado que parecer un hotentote con pircings, tatuajes y escarificaciones, pero bueno, allà cada cual con su cuerpo. Se atribuye a Churchill la frase “el que a los treinta años no ha sido comunista, no tiene corazón; el que a los cincuenta lo sigue siendo, no tiene cerebro”… No estoy del todo de acuerdo (sobre todo con la segunda premisa, jejeje), pero me preocupa bastante encontrar tantísimo adolescente de derechas e incluso de extrema derecha… Y cuando lo que encuentro es un parado de 23 años aguirrista ya no sé si reír, llorar o hacer las maletas… Pero bueno.
Y sí, ciertamente es triste vivir en su sitio donde cuando te preguntan si has visto las noticias, la respuesta es “¿de qué canal?”. Y sirve también para los periódicos.
¿Un té?
Saludos!
JAUMEDURAN,
Acabas de abrir un debate apasionante sobre los orígenes del canon estético. Tradicionalmente, había nacido en las elites sociales y culturales y, desde allí iba impregnando toda la sociedad. A medida que iba descendiendo más en la escala social, este canon estético, esta moda iba mezclándose con elementos populares, hasta crear formas nuevas en las que se advertía la continuidad de lo popular pero también la influencia de lo culto. Ahora estamos en una situación del todo invertida. En primer lugar, las elites económicas y sociales no son elites culturales. Es más, muchos de los que ocupan una posición de prestigio social y económico tienen una formación cultural muy limitada y trasnmiten como modelo lo que es casi carcelario. Me refiero a deportistas de elite, por ejemplo. ¿Has visto esos pantalones caídos, enseñando medio calzoncillo? Bien, es una moda de las prisiones norteamericanas, donde los cinturones están prohibidos para evitar suicidios… Sí en el siglo XVII el marinero que pasaba el Cabo de Buena Esperanza se adornaba con un pendiente, el ‘héroe’ de banda que ha pasado por prisión va con los pantalones caídos… Y esa moda ha llegado aquí como cool. Carcelaria.
¿Un té?
Saludos!
Se tatuarán lo que quieran, pero basta rascar un poco con la uña para encontrar siempre el mismo mensaje: “YO”.
Los tatuajes son ombligos añadidos para aquellos que no tienen bastante con uno.
ANTONIO,
Efectivamente. Se quedará sólo la necesidad de afirmarse, aunque sea pintarrajeando las paredes. Decía una profesora mía de primaria que aquellos cuyo nombre nadie recordará se empeñan en grabarlo por paredes y árboles…
Tengo apffeltrude para desayunar… ¿Te apuntas?
Saludos!
vaya que sorpresa, mira a quien me encuentro hablando de Loos y Ornamento y delito.
Perdón por rescatar la entrada pero es que me ha sorprendido la coincidencia.
por cierto ¿al fin x se hizo el tatuaje?
LEV,
Jejeje, también a mi me sorprendió cuando leí la tuya. Nada que disculpar, por supuesto!
Y no, X finalmente no se ha hecho el tatuaje. De momento.
Saludos!
Lo que hacen algunos para ligar je je je,el oso aunque se vista de seda oso se queda.
Mal te van a ver el tatu si nadie te mira sera eso je je je