Soy bastante poco folklórico y las fiestas populares sólo me interesan en la medida en la medida que hallo rastros en ellas de creencias mucho más primitivas. Hoy, pues, víspera de San Juan, la fiesta en sí sólo me interesa en sus componentes más paganos, de fiesta de purificación y también, aunque ya mucho menos evidente, de fiesta de la naturaleza y, especialmente, de la fertilidad.
Media España arde esta noche en hogueras que sean delicia de Torquemada o de Krahe,
con una sorprendente uniformidad, al menos hasta hace poco, cuando cada pueblo buscó la ocurrencia más disparatada con que asegurarse una mención en las noticias de “la noche más larga del año” (que fue hace dos días, pero que la verdad no impida dar un buen titular). La tradición presenta ciertos matices, también es cierto, como en las montañas de mis dragones, donde las hogueras se encienden con unas enormes antorchas -las falles- que los mozos bajan encendidas como una serpiente de fuego desde una montaña determinada -llamada Faro en cada pueblo- hasta las plazas.

En la mayoría de los pueblos se ha suavizado la tradición y las fermosas damiselas de la zona acompañan a los mozos en tan pintoresca como atávica carrera bosque abajo; pero todavía quedan recalcitrantes villas que les niegan la falla, pues es bien sabido que no hay mayor tabú en cualquier fiesta de la fertilidad, desde las lupercalia hasta el Akitu, que el menstruo por lo que, para curarse en salud, mejor que ninguna mujer participe de los ritos.
Pese a mi carácter claramente invernal y hostil a todo lo que suene a ocurrencia pintoresquista o a folklore, real o recuperado y, por lo tanto falso, cuando llega esta noche no dejo de recordar aquel bellísimo “Inventario Galante” de Machado, tan hermosamente cantado por Paco Ibáñez.
Pero esta asociación es toda la sonrisa que logra arrancarme un noche a la que ni en mi más revoltosa infancia encontré gracia alguna, y cuyas complicidades olvidé completamente en mis doce años de exilio norteño, pues alguien como yo que aborrece del ruido no puede esperar con ansia la noche de todos los estallido; que lo de la crisis iba en serio me he dado cuenta ahora que aún no he oído petardo, cohete, buscapié, traca o mascletá alguna, cuando el año pasado la semana antes de la verbena de marras había tanta pólvora en suspensión que Vetera parecía Bagdad.
Las transgresiones me parecen inconstestablemente esenciales en lo cultural, pero mucho más dudosas en lo urbano. Y cuando la transgresión está tan estereotipada que ocupa fecha fija en el calendario y cumplir con sus ritos es un deber social, empieza a olerme a pelo de borrego y no a otra cosa. Con un poco de esfuerzo puedo tolerar las hordas de mocosos entre cuatro y diecisiete años torturando a los transeúntes con todo tipo de ingenio pirotécnico desde las tres de la tarde a las tres de la madrugada; pero cuando la edad del gamberro superó hace mucho la adolescencia legal, la vena de mi sien empieza a palpitar y mi diestra acude en vano a requerir el sable que nunca me decido a descolgar de la panoplia. No sólo me importuna el incivismo de quien se supone que debería estar educando a su prole y no iniciándole en la barbarie -pues salen en grupos clánicos, supongo que para asegurar que el gen ninja no se extinga. Lo que peor llevo es constatar que el cohete más grande, la traca más larga, el petardo más ensordecedor -alguno de los cuales podrá encontrarse entre las armas proscritas por la Convención de Ginebra- está siempre en manos de estos cabestros -uniformados como camiseta imperio, inevitable ítem- y que cualquier mirada de reprobación es respondida con un:
-¿Qué pasa? ¡Estamos en San Juan! -y le dan un petardo al Kevin en pañales, futuro ni-ni (ni estudia ni trabaja) para que lo arroje cerca del ciudadano incomodado.
El Bautista, que en vida moró entre bestias salvajes debe encontrarse como en casa con estos especímenes y su manto protector les cubre, pues no encuentro otra explicación a que una noche de alcohol, fuego y pólvora trasegados por adolescentes,t ardoadolescentes, ninjas y Peter Panes varios no acabe cada año en tragedia multitudinaria; en rigor, Vetera debería haberse desayunado el 24 de junio del año pasado como Faluya, después de las copas llevaban los más imbuidos de la fiesta; en cambio, apenas hubo un par de chamuscados porque tiraron el cigarrillo y se fumaron el petardo.
No sé qué haré esta noche; dormir lo descarto, pues estoy demasiado céntrico, pero no habrán de verme entre pasodobles y farolillos y víctima propiciatoria de bromas explosivas; X se va con sus amigas a celebrarlo a la playa de Sitges; antes de reunirme con el grupo ibicenco y los estrogenados del lugar creo que prefiero hacer un Cine Fórum sobre Carmen Sevilla o escuchar la discografía completa de El Fari. Supongo que acabaré tomando una guiness en el Vinyes Velles, y hoy creo que me acompañará Ernest, un compañero de trabajo que vive en un barrio que cada año abre los titulares de la prensa local del día 24 por disturbios y altercados. Supongo que la Policía tampoco entiende que “es San Juan”…

Pues sí, retratas bien lo que hay esa noche…
A mí me gusta la pirotecnia que explota en el cielo, pero la terrestre también me crispa muchísimo. Y la noche de San Juan, con su simbolismo solar, planetario, pagano, es de las que encuentro más bonitas y hasta románticas.
Supongo que la viviré entre cocas de crema fresquita, cava bien frío, buena compañía y conversació. No descarto vueltecita hasta la orquestrina, aunque yo soy ni-ni del bailoteo: ni pasodoble, ni vals.
Tienes razón, también he notado que los prolegómenos de este año, por suerte, están siendo menos ruidosos.
En fin, buena verbena, Theo.
JAUME,
El simbolismo me parece interesante; las reminiscencias antiguas me apasionan. Pero todo lo demás, la orgía de explosiones, las tradiciones inventadas y todo eso me cargan demasiado…
Menos mal que Vinyes Velles está insonorizado! Fue una verbena tranquila, jejeje
Espero que disfrutases de tu noche.
Saludos!
Sí, fue agradable y bonita.
Solo que la “agrupación musical”, por llamarla de algún modo, era espantosa. Todo a base de midi-files. Había momentos en que absolutamente nadie encima del escenario estaba tocando. La cantante, de pena. Un auténtico atraco. Y barato no les saldría a los de la junta del barrio. En fin… intrusismo profesional?
Y de vuelta a casa sesión de contenedor ardiendo, con riesgo para los coches aparcados, entre los cuales el mío. La intervención de los bomberos siempre tiene algo de espectáculo gratuíto. El vecindario hasta les dedicó un aplauso.
Saludo
JAUME,
La pasé en el pub de un amigo, trasegando guiness y bromeando con tres amigos, así que pasamos una noche bastante más que agradable.
Triste que no haya noche de fiesta que no acabe con unos descerebrados quemando cosas… supongo que, como no había el Barça de por medio no era noticia, claro.
Saludos!
Nunca he entendido el gusto que le encuentran a las explosiones, estallidos y zambombazos. No siento la fascinación del fuego y el calor me toca mucho las narices. Hace una hora que estoy en la cama. San Juan, San Juan, por mí, como si te chamuscas las barbas.
VELDA,
Me interesa la fiesta desde un punto de vista de estudio de antiguas creencias. Ahora sí, la combinación alcohol, pólvora y poco cerebro me parece un suicidio. Por suerte, ya no hay tanto dinero para quemar este año (literalmente)
Besos!
Pues yo, este año, tendré que volver a la pirotecnia: A mi hija (25 años) le ha dado por hacer un remember de su infancia y hemos comprado unos cuantos cohetes y piulas y los hemos quemado en el parque.
Cuando era niña le encantaba hacerlo, en la adolescencia dejó de hacerlo (ya sabes, las vergüenzas habituales del momento) y ahora que se ha hecho mayor… vuelve a los inicios! O quizás sea que ya le han desaparecido todas las vergüenzas.
FERRAN,
La pirotecnia de luces me parece divertida y hermosa… la que no soporto es la del ruido por el ruido, la que más se lleva esta noche. Supogo que es como dices, a veces es bueno tener unas fechas de regreso a la infancia…
Saludos!
Seguimos fascinados por el fuego desde el mismo día en que lo inventamos. Nos quemamos, ardemos por fuera y por dentro. Magia es fuego.
Un beso:
Luna
LUNA,
Fascina el fuego, pero combinarlo con pólvora y alcohol como es lo habitual esta noche no me parece lo más prudente…
Personalmente, prefiero verlo danzar en una hoguera.
Besos!
M’uneixo a la folclorefòbia!!!
ARQUEÒLEG,
Fem campanya?
Salutacions!
Con todo yo sí que estoy a favor del folclore y la cultura popular. Es un tema díficil y peliagudo, saber distinguir donde empieza la cultura popular y donde empieza la propaganda y la publicidad. Probablemente San Juan, como lo carnavales, sea muy falso, una repetición de algo que perdió hace mucho tiempo su sentido. Supongo que para encontrar la fuerza vital de la cultura popular, habra que buscar en otros sitios.
Estare atento por si aparece por algún sitio.
LEV,
No soy enemigo de la cultura popular; lo que ocurre es que me molesta muchísimo el folklore impuesto, la tradición inventada. De repente, se recupera una fiesta, danza o celebración de una comarca determinada y por imposición folklórico-pintoresca acaba convirtiéndose en fiesta nacional. Con eso me refiero a las ‘tradiciones’ de Semana Santa, configuradas tras la guerra civil, y que, andaluzas en origen, ahora parece que son ibéricas, como a la sardana en Cataluña.
Saludos!
Tampoco hay que tener tanto miedo a que las tradiciones sean inventadas. El único problema es si se convierten en cuestiones esencialistas, tomadas de otra manera aún inventadas sí pueden dar respuesta a muchas necesidades. No sólo vamos a aplicar nuestro ingenio a cuestiones técnicas para resolver dificultades sociales.
Y es que, por ejemplo, yo soy capaz de disfrutar de los bailes cosacos de un grupo de Arjangelsk, siempre que lo hagan bien claro.
LEV,
Con las tradiciones inventadas me refería precisamente a esos esencialismos. Como esa tradición impostada suplanta tradiciones verdaderas y, sobre todo, cómo pretenede identificarse a la población con su tradición. Así, con el mito de la Semana Santa extendido, la Iglesia pretende imponer la ‘tradición católica española’ para interferir en política. La sardana como baile nacional catalán es otra de esas imposturas con las que no puedo.
Saludos!