Dicen que “En la mesa y en el juego se conoce al caballero”, pero creo que en pocos lugares queda tan retratado el gañán o el gentilhombre como en un bar de copas. Y las muchas vacaciones y navidades que pasé de camarero en el negocio familiar dan cierta autoridad a mi observación, y no como a la del tío Lucas del cuento de Cortázar:
-El tío Lucas dice que ha visto mejor a mamá.
-Lástima que el tío Lucas no sea médico, porque entonces su opinión tendría valor.
Es quizá por ello que tengo la piel un poco más sensible contra la desconsideración hacia las personas que trabajan para que yo salga de fiesta, aunque, en general, nunca he soportado la mala educación.
Hay clientes que piensan y actúan como si la barra fuese una muralla intelectual, que al otro lado no hay personas sino cosas con inteligencia ligeramente superior a las botellas que trasiegan. Otros, cuando el camarero es camarera, confunden trabajar en un bar de noche con trabajar en un bar de señoras que fuman y así les luce el pelo. Y los que confunden ‘servir’ con ‘servidumbre’ son legión y en más de una ocasión he estado tentado a agradecer que me hayan perdonado la vida.
Una de mis mejores amigas en Vetera, Marta, es la encargada del pub de mi amigo Jaume. Decir de ella que tiene carácter es quedarse tan corto como llamar escaramuza a la batalla de Kursk; desde junio, además de amiga es compañera de trabajo, y es que cuando constaté que la reducción de gastos no bastaría para enjuagar la sangría de ingresos acepté la oferta de Jaume de preparar públicamente los cocktails que ya hacía en privado y que, si me concedéis la inmodestia, no se me daba mal. A esta nueva ocupación mía le debo el haber podido incorporar a mi biblioteca doctoral los ocho volúmenes de Joseph-Marie Canivez, Statuta Capitulorum Generalium Ordinis Cisterciensis ab anno 1116 ad annum 1786, editados en Lovaina en los años treinta y localizados tras sangre, sudor y lágrimas cibernéticas en una recóndita librería de viejo escocesa.
Durante la semana, a veces incluso me permito aconsejar a quien me lo pide, superando mi patológica timidez. El fin de semana, en cambio, con una clientela absolutamente distinta, cuidadoso empeño ha puesto Marta estos meses en que los cocktails me sean pedidos por los camareros y no por los clientes, no sé si para protegerme de la dudosa educación de la muchachada de fin de semana o para protegerlos a ellos de mi previsible reacción, aunque no siempre puede conseguirlo. Por cierto, el que crea que monto con las botellas y cocteleras números acrobáticos, que se lo quite de la cabeza, que mi sicomotricidad apenas da para caminar y masticar chicle al mismo tiempo, como para esperar alardes.
Lo malo de los cocktails es que elegirlos requiere el esfuerzo de leer y eso queda mucho más allá de las posibilidades de la mitad de los analfabetos funcionales con los que me toca lidiar viernes y sábados.
-¡Oh, este cocktail sabe a plátano!
-Es que lleva plátano
-No me gusta el plátano. ¡Yo qué sabía que lleva plátano!
-Bueno, la carta ya lo dice. Además, se llama Banana Cow…
-Es que no sé inglés.
-Lo comprendo. La palabra ‘Banana’ es absolutamente indescifrable para todo aquel que no tenga el Firs Certificate, como mínimo.
Por no hablar de a quienes les disgusta encontrar menta -entrar en matices de hierbabuena es saliva malgastada- en el mojito, porque, ahora mismo, el cocktail de moda es el mojito, el que hay que pedir aunque no se sepa ni lo que es, y en este país de expertos en todo eso es una tortura, porque no hay noche en que no aparezca el entendido de turno pontificando que “el mojito se prepara de otra manera, que no sé dónde hacen el mejor mojito.” Que si uno quiere soda, otro ginger ale, que si sólo con hielo picado, que si trozos de lima, que si azúcar blanco o azúcar moreno, que si ron añejo o no… si tuviera que atender todas las exigencias, sólo las variantes de mojito llenarían una carta, así que opté por un inapelable “Este es el mojito de este pub. En otro sitio, los hacen a su manera”, porque habría acabado loco en dos días o, lo que es más probable, en portada de diarios, que Marta sabe bien que cuando empiezo una frase con la muletilla “Veamos…”, lo más prudente es quitarse de en medio.
Cada vez estoy más convencido de que este mal karma que me persigue es castigo por una vida anterior en la que tuve que ser criminal de guerra nazi o violador de monjas o letrista de copla, porque no entiendo cómo todos los imbéciles me tocan a mí, desde la que pide “lo que toman en Sexo en Nueva York, pero sin lo rojo” (traducido: un cosmopolitan sin zumo de arándanos, brevaje anodino y absurdo) hasta el que fue alternando Manhattans y After Dinner hasta salir trastabillando y después pretendía de malos modos imputarme responsabildades en la multa que le cayó por tener un bajo índice de sangre en el alcohol.
Por suerte, esto suele ocurrir sólo los fines de semana; entre semana, puedo experimentar con nuevos cocktails, jugar con ingredientes y cantidades hasta encontrar la proporción más ajustada… de hecho, esta semana he incorporado tres nuevas entradas a la carta, la Caipirinha de kiwi, el daikiri de mango y el Red Buttler, un cocktails de bourbon y frutos rojos. ¿Alquien se apunta?

¡Uf!, el trato con el público acostumbra a ser una experiencia difícil de olvidar (y superar).
Leerte es un auténtico lujo, soy muy egoísta y espero que mantengas este ritmo de escritura.
Yo en principio me pido un cocktail de bourbon y frutos rojos, me parece muy sugerente. No salgo mucho, pero puedo permitirme una excepción.
Es una buena elección: bourbon, frutos rojos naturales, un poco de lima, un toque de chambord, zumo de arándanos y soda… La combinación tiene bastante éxito, la verdad, jejeje.
Y sobre el trato al público… en fin, que mejor no tratarles!
Así que eres experto en cocktails… ya nos dirás donde trabajas. jejeje. Tienes razón, cuanto daño ha hecho el “Mojito Bacardi”, ese sucedaneo barato del mojito que te venden a precio de cocktail elaborado al momento. Por lo que he visto en los anuncios, ahora tambien sacan el “Manhattan”. A este paso, iremos a un bar a pedir un cocktail y solo tendremos que escoger la marca de la botella que queremos.
Lo del mojito Bacardi y el JB Manhattan son dos infamias que prefiero no comentar… en cualquier tasca cutre que no salía de servir quintos puedes encontrar la máquina de mojito Bacardi, y no es precisamente promocionar la cultura del cocktail…
¿Un daiquiri?
Aposto decididament pels cocktails fets a ma i al moment. A més, m’agrada veure al que els prepara com ho fa.
També crec que cada local ha de tenir la seva manera, el seu particular segell, a l’hora de fer els cocktails.
Pel que fa als cocktail ja embotellats, és producte de la banalització que va guanyant terreny en tots els aspectes. tothom sap de tot, tothom sap d’informàtica, tothom es periodista i tothom pretén també fer cocktails…
Soc més de dry martini, caipirinha i margarita que d’altres cocktails però en realitat no li faria fàstic a quasi cap si estés ben fet.
És molt difícil estar treballant de cara al públic. És dur perquè com dius, sembla que a una part de la població li falti un bull.
Molt bona l’anècdota de “Sexo en New York”
No m’agrada gaire que em mirin mentre faig el cocktail, em posa una mica nerviós. Però estic d’acord amb tu en què els cocktails no tenen una recepta infalible i que cadascú els ha d’adaptar una mica al gust de la clientela que rep. I, certament, tothom és expert en tot i tothom per saber obrir una ampolla creu que és cocteler… Bé, què et contaré? tothom sap més construcció que l’arquitecte, hehehe.
Pel que dius, veig que t’agraden els cocktails secs i àcids més que dolços! Et recomano, doncs un Margot!
Salutacions!
Jo tinc a la vora de casa un local dels que fan cocktails amb molt de “carinyo”. Només hi vaig quan necessito un xut d’energia (això darrerament em passa molt sovint). Com que no en sóc cap expert sempre deixo a les mans del barman l’elecció.
Això sí: si no trobo una bona companyia que em garanteixi una llarga estona de xerrameca, ni m’hi acosto.
Ferran, has posat el dit a la llaga: el cocktail és un acte social; prendre’l sol és un depravat, hehehe. I, la veritat, últimament em demanen que assessori jo als indecisos i no sé si me n’acabo de sortir…
Theo, no has perdut ni el to, ni la gràcia, ni la personalitat, ni la qualitat. Gràcies a déu (?) que has tornat, perquè darrerament em costava molt anar a blocs amb assiduitat diària.
I no és sabó gratuit.
Tema cocktails: em declaro absolutament profà en el tema, com a bebedor i com a bàrman accidentalment esporàdic des del marbre de la cuina de casa. Crec que el més aproximat a un còcktail que sóc capaç de preparar és un Martini amb els següents ingredients:
Quatre dits de Martini bianco
Dos glaçons.
Mitja rodanxa de llimona.
Una oliva punxada amb un escuradents.
Salut!
El món dels cocktails és un món peculiar; no sé ben bé com hi vaig arribar, però m’ho passo bé fent-los. La recepta del martini és bona, hehehe, però amb poca cosa més pots fer un dry martini: en un vas ample, prèviament refrigerat, fica quatre glaçons de gel, 1 part de martini blanc i quatre de ginebra; remou-lo bé amb una cullera i serveix-lo colant-lo en una copa de cocktail també freda. Hi ha qui hi fica unes gotes de llimó exprimit. Descora-ho amb una oliva i voilà!
Salutacions i gràcies!
oh per favor! NECESSITO un expert el cocktails que em recomani que hi ha més ellà del daikiri, el cosmopolitan i el sex on the beach, que ja els tinc avorrits!
Podries provar una variació divertida del sex on the beache que és el sex in the dunes. Essencialment, en compts de suc de taronja, porta suc de pinya i, en comptes de granadina, unes gotes de licor de casis… ja em diràs!
I de daiquiris en pots prendre de molts tipus, només incorporant fruita natural i gel picat en la batidora, conseguint així una textura de vellut… Jo en faig de mango i de Papaia i agraden molt…
Salutacions!
Molt bo el post! La veritat és que poques coses se m’acudeixen més desagraïdes que treballar rere la barra d’un bar.
Pel que fa als còcktails, n’he provat poquets, a Tarragona tot just he descobert dos bars amb carta decent. Jo, del poc que he tastat, em quedo amb el Chartresito (Mojito amb Chartreuse en comptes de rom, el del bar ens va explicar que els de la Chartreuse li van enviar un cocteler francés per a promocionar-ho en una vetllada que els hi va dir com fer-lo) i com a curiositat el Ruso blanco (vodka, llet i cacau). També vaig tastar una variant de Gin Tonic que estava prou bé i la resta res destacable.
Benvingut per aquí, Caleglin! Sí, poques coses són tan desagradables com treballar darrera d’una barra, la veritat. Aquí a Vetera la gent demana a vegades el Mojito 10, que porta Torres 10 en comptes de ron, i no és dolent. Vaig probar un rus blanc, un rus negre i algun altre de clàssic i, la veritat, no he trobat encara el punt que els faci interessants per a mí, ni crec que cap client els demanés on treballo. Si vols, pots probar una caipirissima, que no és difícil de fer i te la pots prepara a casa: en un vas ample, una cullerada de sucre moré, una llima partida en troços que aplastes amb una mà de morter; després, hi afegeixes tres-quatre segons de ron (jo el prefereixo vell que blanc) i omples el got de gel picat. El veus amb una canyeta i és molt refrescant.
Salutacions!