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Archive for febrer de 2009

Cuando salgo del trabajo, a eso de las ocho de la tarde, suelo encontrarme con Carlos y Lucas para tomar unos vinos en el pub de Jaume, que está recién abierto. Hay días, como ayer, que entre vinos -del Somontano-, humo y risas nos dan las diez de la noche, y Carlos y Lucas salen en estampida hacia sus casas, al grito de

-¡Hoy me matan! Salí para comprar tabaco a las cuatro de la tarde…

-Hoy me encuentro las maletas en la puerta. ¡Qué suerte tienes de estar soltero! Mi mujer no me dejará salir más contigo, Theo.

Y a las diez nos quedamos Jaume, Marta, la camarera y yo, con el vino sin terminar y ganas de seguir la conversación mientras no llegaba nadie más a la pequeña fiesta de disfraces para despedir el carnaval. En esos momentos, Jaume suele cambiar a Amy Macdonald por Amaral -aún no he descubierto dónde está la mejoría- o por un refrito de óperas que se dejan escuchar bastante bien

y de un armario disimulado en el empanelado de las paredes empieza a sacar todo tipo de viandas: queso, salmón, langostinos, navajas frescas, foie… que distribuye sobre improvisadas bandejas o cocina en una plancha oculta bajo la barra, como en el poema “Momentos felices”, de Celaya

Cuando llega un amigo, la casa está vacía,
pero mi amada saca jamón, anchoas, queso,
aceitunas, percebes, dos botellas de blanco,
y yo asisto al milagro –sé que todo es fiado–,
y no quiero pensar si podremos pagarlo;
y cuando sin medida bebemos y charlamos,
y el amigo es dichoso, cree que somos dichosos,
y lo somos quizá burlando así a la muerte,
¿no es felicidad lo que trasciende?

A veces, como ayer, algún distribuidor se suma al ágape en la barra, y Rogelio llegó, si no con un pan debajo del brazo, sí con su Milesimé de Juvé&Camps y un tupper con rabo de buey, gentileza de Marc, el cocinero can Collera. Tenía su gracia ver al afable y reservado Rogelio ceñido con una torera azul y tocado con sombrero cordobés

-¡Baja a Kuragin! -sugirió/ordenó Jaume, con su enorme peluca de Jackson five.-. Hace días que no lo veo y hoy no hay nadie aún.

Como ya he dicho, mi piso está a tres minutos andando de trabajo y justo encima del pub. Mi hermana, en su primera visita, me felicitó:

-¡Puedes ir a buscar las cervezas en pijama! Bueno, podrías hacerlo si fueses otro tipo de persona. Jacques y yo lo haríamos.

-Jacques y tú lo hacéis en vuestra casa de Edinburg

-Pues eso, que has elegido un buen piso.

No es Kuragin, pero es un gato con una guiness

Desde pequeño, Kuragin está acostumbrado al pub de Jaume y a la gente, y se adapta con indolente indiferencia a cualquier cambio o novedad. Se pasea por la barra con la elegante torpeza de su enorme tamaño y elige a alguien en cuyo regazo dormitar después, lo conozca o no. Ayer, Rogelio, que sigue creyendo que es imposible un gato así. Incluso Fidel, el discjockey, tiene a Kuragin en un paréntesis en su animadversión con los felinos. Además, Jaume lo tiene sobornado, que siempre hay listo salmón noruego -Kuragin me dice que el de DIA me lo coma yo- para festejar sus visitas. Así que, cuando nos quisimos dar cuenta, eran más de las once y habíamos cenado todos, Kuragin incluido.

Cuando la gente empieza a llegar, la indulgencia hacia los fumadores se termina, y nos llega el tiempo del éxodo a la zona de humos. Ayer, Kuragin estaba tan cómodo que también nos acompañó al exilio, él con un plato de leche, yo con una guiness, y ahí nos quedamos, en la esquina más disimulada de la barra de fumadores, él sentado en un taburete, hiératico como una esfinge, yo de pie a su lado, Marta enfrente preparando cócteles, cuyo contenido resultaba sospechoso con su traje de enfermera.

Tres horas se estuvo en la misma posición, inmóvil como gato de escayola, mientras iban llegando X, ataviada de Mata-Hari y unos amigos, disfrazados también, uno de la Wehrmacht y otro de las SS y tercero, disidente, de El Cuervo,

a tomar la guiness de rigor, consciente de la atención que sustcitaba y atento al galanteo y las caricias de cuanta chica pasaba cerca, dotadas de un agudo sentido de la observación:

-Oh, ¿es un gato?

-No, es un rinoceronte.

Menos afinidades suele tener con los cabestros que ven en su larga cola una invitación a tirar de ella, pero ni aún así los araña, pues eso es privilegio exclusivo de X y mío. Uno de ellos, con un atuendo indefinido entre churrero y burbuja de Freixenet, aunque insistiera que el suyo era uniforme de piloto americano en Pearl Harbour, comentó impresionado del porte altivo de Kuragin:

-¡Ostia, tú! ¡qué gato más guapo! Es de marca, ¿verdad?

-Sí, es de raza pura.

-Yo también tengo una gata, una siamesa. A lo mejor le puede echar un quiqui el tuyo…

-No creo, está castrado -mentira, pero no quiero ni imaginarme la descendencia

-¿Y cuánto te ha valío? Porque estos son caros

Por suerte, intervino la novia con un delicado y oportuno: -¡Joder, Jeremy, tampoco tienes que preguntarlo todo! -porque nada detesto más que me pregunten cuánto cuesta algo que no le importa a nadie.

Lo mejor de llevarse a Kuragin de Guiness no fueron las chicas que se me presentaban espontáneamente a lo largo de la noche a darme conversación -para crujir y rechinar de dientes de X, que es más celosa de lo que me gustaría-, circunstancia en absoluto habitual en mi día a día, sino que mi disfraz de Generaloberst de la Wehrmacht pasó más o menos desapercibido y logré no encontrarme a mucha gente que identificara mi disfraz con su forma de pensar, mas no terminé la noche sin marcar alguna muesca en la preocupante lista de criptonazis menores de 25 años que pretendieron toda la noche pagarme las guiness “por tener los cojones de decir lo que pienso también”

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Rituales fallidos

Me levanto cada día con el firme propósito de ‘día nuevo, vida nueva’, de que lo desagradable que ocurriera ayer pertenece al pasado más remoto y hoy un mundo nuevo sale a recibirme. Y para conjurar a los dioses y exorcizar a los demonios, sigo el mismo ritual desde las ocho de la mañana. Me ducho lenta y minuciosamente y sigo con rigor los tres pasos de Clinique; hoy, jueves, toca además el exfoliante. Elijo el traje, ahora en invierno de tres piezas, una camisa adecuada y unos boxer del mismo color que ella; en la corbata pensaré más tarde. Los zapatos, a juego con el cinturón; ajusto la hora y doy cuerda al Genève de tres tapas de plata que me regalara mi abuelo cuando por fin terminé Arquitectura. Me calzó el homburg, me envuelvo en la larga bufanda blanca y burdeos que X me tejió el invierno pasado y salgo a buscar los croissants recién horneados y el periódico recién traído para desayunar. De nuevo en casa, la suite para cello de Bach, interpretada por Pau Casals,

y doy de comer a Kuragin y a Freyja. Mantel de hilo, taza y platos de porcelana de Sajonia, té bergamota y café de Etiopía, tostadas con foie sobre mermelada de violetas -estaba a punto de echarse a perder el foie- y sal del Himalaya… ¿para qué? Para abrir el periódico y encontrarse una noticia como ésta  y todo el ritual por el desagüe. Ya ni el Quinto concierto de Brandenburg me salva el día

Así que el Ayuntamiento de Madrid multará con 750 euros a los que hurguen en la basura para meterse algo entre pecho y espalda. Estas cosas por la mañana no se me hacen, que me pillan con el paso cambiado, y no sé si indignarme por la ceguera que la medida indica ante el drama acuciante del avance de la pobreza o si descojonarme de la falta de luces de los que pretendan cobrar esa multa de quienes revuelven en los contenedores para poder comer. Cuando ya estaba por clamar con el Ecc, 1, 15 que “el número de imbéciles es infinito y estos, perversos, nunca serán corregidos”, recordé que la concejalía que ha parido tal ordenanza la rige doña Botella, la misma que dijo como delegada de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Madrid que “el planeta está al servicio del ser humano porque el ser humano es el centro”. Entonces, ya se me hizo la luz y me pareció todo de una enorme coherencia. Al fin y al cabo, que esta señora negacionista del cambio climático e ingnorante de todo lo que signifique ecología esté al frente de Medio Ambiente no es más incongruente que el hecho de que antes ocupara Asuntos Sociales y se paseara como marquesa por rastrillo de caridad. Como Polonio, podríamos decir de Gallardón que “Hay método en su locura” (Hamlet, 2º acto, esc II).

¡Qué mejor método para luchar contra la pobreza que matarlos de hambre! Rayos, tanta cumbre y tanta zarandaja cuando nuestra Botella tenía la solución definitiva, la Endlösung a la cuestión! Está en la más pura línea de Gonzalo de Aguilera, conde de Alba de Yeltes, primer jefe de prensa de los facciosos en el 36, que declaraba a un periodista norteamericano

Todos nuestros males vienen de las alcantarillas. Las masas de este país no son como sus americanos, ni como los ingleses. Son esclavos. No sirven para nada, salvo para hacer de esclavos. Pero nosotros, las personas decentes, cometimos el error de darles casas nuevas en las ciudades en donde teníamos nuestras fábricas. En esas ciudades construimos alcantarillas, y las hicimos llegar hasta los barrios obreros. No contentos con la obra de Dios, hemos interferido en su voluntad. El resultado es que el rebaño de esclavos crece sin cesar. Si no tuviéramos cloacas en Madrid, Barcelona y Bilbao, todos esos líderes rojos habrían muerto de niños, en vez de excitar al populacho y hacer que se vierta la sangre de los buenos españoles. Cuando acabe la Guerra destruiremos las alcantarillas. El control de natalidad perfecto para España es el que Dios nos quiso dar. Las cloacas son un lujo que debe reservarse a quienes las merecen, los dirigentes de España, no el rebaño de esclavos. (Citado por PRESTON, Franco, Caudillo de España)

Con un par, doña Ana, con un par, que no se diga. Si Jesús Gil limpió Marbella de pobres, drogadictos y delincuentes (para renovar la plantilla, se entiende) enviándolos vía aérea a Mallorca y Canarias, la munícipe madrileña, acepta el envite del muerto y apuesta el resto, que nadie diga de la señora de ansar que se arredra ante nadie, que a métodos dignos de Himler no la gana nadie. Por sus *** que Madrid 2016 presentará la candidatura olímpica con la cara bien limpia, sin pobres en sus calles que afeen el paisaje de chulapas que tan bonito hizo Álvarez del Manzano en cartón piedra. El fin justifica los medios.

¿Nadie les hace una prueba psicotécnica a esta gente? Rayos, la primera entrevista para el trabajo donde estoy fue un larguísimo y absurdo test sicológico en el más puro estilo método Grönholm … ¿No les hacen algo parecido a los políticos? Porque mira que nos ahorraríamos titulares absurdos y declaradas dignas de prisión. O, al menos, que les hagan un control de alcoholemia antes de entrar a trabajar, como hago yo en las obras…

Dejo el periódico, acarició a Kuragin, busco a la tímida Freyja y suspiro. Ya es mala suerte que la Lueger esté inutilizada.

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Decía Kant que existen

cualidades morales que son amables y bellas, y en cuanto armonizan con la virtud pueden ser consideradas nobles, aunque no deba incluírselas en la intención virtuosa (…). Una cierta blandura, que fácilmente lleva a un cálido sentimiento de compasión, es bella y amable, pues muestra una bondadosa participación en el destino de otros hombres, a lo que llevan igualmente los principios de la virtud (Lo bello y lo sublime, cap. II)

Y no se me ocurre mejor definición para establecer los límites -y riesgos- del buenismo, porque este “interesarse delicadamente por todo hombre” -y bestia, añadiría-, del moderno solidario con VISA, lo convierte, según la afortunada expresión kantiana, con toda su bondad en un tierno holgazán. Porque el ‘buenista’ es irresolutivo, en su ensoñación no cabe que para hacer una tortilla hay que romper los huevos antes.

Pero, ¡alto!, que en nuestra sociedad Disney nadie está libre de este pecado, que asoma sus múltiples rostros en los más diversos ámbitos. La tolerancia, por ejemplo, erigida en vaca sagrada cuando es simplemente un contrato social de convivencia en sociedades o en grupos que se aceptan no uniformes. Pero la tolerancia no debe ser patente de corso, ni la dinamita para volar el concepto básico de que la ley nos afecta a todos por igual; tan injusto es que otrora el señor duque no fuera juzgado igual que maese Pérez el alfarero como que ahora se pretendan legislaciones ad hoc, a golpe de noticia, de sentimentalismo  o de una multiculturalidad malentendida como un ‘todo vale’. Es más, creo que cierta intolerancia es signo de madurez, pues aprendemos con la experiencia o con los años o con lo errores o con lo que sea qué cosas no estamos dispuestos a tolerar.

El buenismo tiende a juzgar las cosas desde el sentimientalismo, y cae tanto en la lágrima fácil como en el progrom. “La gran masa de un pueblo no está constituida por profesores ni diplomáticos. Quien se proponga ganar a las masas debe conocer la llave que le abra la puerta de su corazón. Esta llave no se llama objetividad, esto es, debilidad, sino voluntad y fuerza” (Hitler, Mi lucha, cap. XII). Los mismos que integran una manifestación contra la guerra de Irak pueden perfectamente siete días después enarbolar pancartas exigiendo la cadena perpetua.

Pocas cosas son tan peligrosas como un buenista con cuatro pájaros roussonianos sobre el “buen salvaje” bailoteándole en la cabeza. Como cierta arquitecta que nos han endilgado. Dada la parálisis absoluta de la construcción en España, tanto de las ventas como de la financiación ya acordada y ahora suspendida, en mi empresa decidieron hace un mes que la infraestructura de la oficina técnica podía ofrecer servicios externos, y a mi jefe se le ha ocurrido la insólita pero apasionante opción de ofrecérselos a no sé qué departamento de la ONU para la vivienda.; pasaríamos, si todo cuaja, de construir para ahítos y especuladores a dar viviendas a gente que realmente la necesita. Desde ese departamento, nos ponen en contacto con la AECI (Agencia Española de Cooperación Internacional) y con unas ONG que trabajan en el Caribe, para estudiar el realojamiento de una barriada de chabolas o deplazados de guerra o víctimas de un huracán o un terremoto o inundaciones o un volcán o el cambio climático o ¡qué sé yo!  Aún no me enterado, porque nuestro enlace es Anna, una arquitecta buenista que va mariposeando de un tema a otro, de un proyecto a otro, de una tragedia a otra sin que aún sepa a ciencia cierta de lo que estamos hablando, ni siquiera del país, pues no estoy seguro todavía de si se trata de Venezuela, Nicaragua, Haití o Guatemala… Lo único que tengo claro es que es un proyecto enorme, de unas tres mil viviendas, en medio de la selva, porque allí todo está en medio de la selva.

A la cuarta vez que Anna me preguntó el precio de la corbata, o el homburg, o los guantes… para circunstanciarme cuántas familias durante cuántas generaciones podrían vivir con ese dinero en las selvas del Orinoco no pude evitar hacerle la observación de que con ese dinero en esas comunidades no sobrevivirían ni un día, porque su economía no usa la moneda. Para no perder la cortesía ni los nervios, desde entonces encuentro una ocupación grave y urgente que me impide asistir a sus dispersiones cada vez que oigo el tintineo de sus abalorios subir por la escalera. Porque no la soporto, lo confieso. Me exaspera cuando habla de los afectados por esas tragedias como si fuesen sus niños, como si sin ella no pudiesen sobrevivir, con una doble superioridad moral, una hacia nosotros, pérfidos constructores reciclados, y otra hacia los que recibirían las viviendas, ‘buenos salvajes’ a los que ella evangelizará a la modernidad, pero respetando y entendiendo y aceptando y tolerando y tendiendo en cuenta que… o sea, nada. En el despacho, tan misionera, tan buena, tan sufriente por todas las tragedias del mundo, ya nos referimos a ella como “Anna Mari de Calcuta”.

-Mirad -nos enseña la enésima foto del drama humano en lugar de hablar de las infraestructuras, de las comunicaciones y de los sistemas constructivos posibles para una autoconstrucción-. Aquí estoy con Osvaldo, Nixon y Edilberto; estamos descargando un camión de cemento.

-Ya. Tú eres la del bigote, ¿verdad? -espeta Ernest.

-Cuando vayáis allá, veréis que todos hacemos de todo -le ignora Anna-. Lo mismo la comida, que descargar camiones…

-Ah, mira qué bien. ¿Todos hacen también de ingenieros y de arquitectos? Entonces estaremos como en España, rodeados de expertos- intervengo.

-Allí todos arrimamos el hombro.

-¿Los médicos también o ellos pueden ocuparse de lo suyo sin hacer el perroflauta?

-Si hay que hacerlo, se hace.

-Si hay que hacerlo, lo haré, pero te aseguro que no me haré una foto para enseñar a los amigos lo solidario que soy.

Porque, pese  a toda su palabrería y atrezzo, desde las arquigafas de pasta gruesa hasta los pantalones afganos que mejor no dijo lo que parecen, tiene la misma autenticidad que la semana étnica de El Corte Inglés. Por suerte, mi hermana, antropóloga, hace unos meses que trabaja en Bolivia para un tema de implementación de políticas públicas de salud en las zonas mineras, un proyecto con la colaboración entre  la ONU, una universidad británica y el gobierno boliviano, y me dio las directrices básicas del que está en un lugar y lo entiende:

-¿Viviendas para realojar chabolistas? Ármate de paciencia, que en dos meses las convertirán en algo parecido a la chabola que dejaron. No creo que donde las hagas sea muy distinto a Bolivia. No pongas cristales en las ventanas, porque los venderán inmediatamente; si el tejado es metálico o de madera, cuando vuelvas la mitad lo habrá sustituido por hojas de palma o paja; no pierdas el tiempo en instalaciones de cobre o metálicas, porque lo desmontan y lo venden todo; ponlas de plástico que no les es rentable. Y todas las instalaciones urbanas, bien embutidas en hormigón, que así no las desmontarán. Y sobre todo, mucha paciencia, porque ni te entenderán ni los entenderás. Y no intentes cambiarlos, que tú te irás y ellos se quedarán. Acéptalo como es y te evitarás una úlcera.

No me imagino a la misionera Anna Mari de Calcuta haciendo una análisis tan depiadado, pero tan realista. De hecho, tras cinco reuniones, no se ha hablado de ningún tema práctico. Tiemblo de pensar que, si esto sigue adelante, tengamos que amanecer Dios sabe dónde con Anna Mari de guía y coordinadora.

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Bermejo

Finalmente, ha caído. Una inoportuna cacería en la que coincidió, entre varias decenas de personas más, con Garzón, fue el clavo ardiendo al que se agarró un PP acosado por varios frentes para esparcir una cortina de humo. Y vaya si lo ha conseguido. Anunciándose sometidos a una cacería, azuzaron los perros de la guerra contra el cuello del ministro y, de hecho, sus voceros de siempre venden como victoria por puntos lo que habría sido una derrota por KO, si existiese justicia. Desde A3 se califica el asunto de ‘escándalo’, mientras omite las últimas investigaciones que apuntan a Granados y Michavila. Pero aquí sólo hay un hecho: el ministro dimitó el jueves pasado por responsabilidad política, concepto que aún se le escapa a Trillo en lo del Yakovlev. Otra cosa es que en Ferraz aceptaran la dimisión según su propio tempo política, y no según la dimensión ética que habría tenido en el momento en que fue presentada, hace una semana. Pero es difícil irse con la frente más alta, y no resiste comparación con otros que, imputados y condenados, ni se van ni los echan. Ha demostrado más dignidad Bermejo en la punta de un cabello de la que tendrá todo el PP con su eclesiástico hacerse pasar por perseguidos cuando son perseguidores, sus protestas de honestidad y limpieza con sus muertos pudriéndose en los armarios.

Y es que quizá en Ferraz se deberían revisar algunas cosas. La primera, la bocaza de Bono y, si conviene, invitarle a que se vaya con Rosa Díez a desvariar. La segunda, la pusilanimidad con que tratan a los poderes fácticos. Estamos hablando de los jueces y de la Iglesia; hace una legislatura que se demuestra que el guante de seda con ellos no sirve.

Esto es lo que me gustaba de Bermejo. Si casi toda la judicatura española, como el Foro Judicial Independiente de Conrado Gallardo o la conservadora APM,  estaba contra él, es que iba por buen camino. Porque no se pueden seguir tolerando sentencias como la de hoy en Vigo, donde se entienden 57 puñaladas, hurto e incendio como defensa propia. Y no se puede tolerar que los jueces dejen de ser tercer poder para ser tercera cámara, no elegida por nadie por cierto.

En octubre de 2007, ya pretendió el dimitido resolver el problema enquistado de un poder que no ha sufrido la transición democrática renovando sus miembros, facilitando el acceso sin oposición. Y esto, el cártel judicial no podía permitirlo, corporación que más se parece cada día al SEPLA que a un poder del Estado. Ahí está el origen del vergonzoso paro que se permitieron el lujo de endilgarnos a los ciudadanos el 18 de febrero, porque los convocantes habían reconocido antes avances en la negociación. Ojalá hubieran hecho huelga, al menos habría tenido que cumplir con unos servicios mínimos. Y eso es más de lo que hacen muchos juedes día a día.

Como a Magadalena Álvarez, a Bermejo le pierden las formas. Pero el estilo bronco y la fina ironía del ministro me caían bien. ¿Qué ocurrirá ahora? La cabeza que quieren en el PP es la de Garzón, y primero fueron las impresentables declaraciones del vicepresidente del CGPJ, Fernando de Rosa, en la que sugería que Garzón prevaricaba, que desbrozó el camino que Trillo ha seguido hoy con la elegancia de un elefante irrumpiedo en una cacharrería al grito de “¡Viva Honduras!”. Que Fernando de Rosa fuera consejero de Justicia de Francisco Camps, implicado en la operación Gürtel que instruye Garzón es sólo una coincidencia, claro. Que nuestros jueces son paradigma de imparcialidad y honestidad, están por encima del bien y del mal, ¿verdad, señor Gómez de Liaño?

Curas trabucaires y un cártel de jueces, esto es lo que tenemos. Y la mandíbula de cristal de ZP que no se atreve a devolver los golpes por miedo a que se la rompan. Y así, tenemos que seguir soportando que la Iglesia pretenda mantener el monopolio de la moral en una sociedad cada vez más laica, jueces que son incapaces de concluir en cinco años la instrucción del Caso Fabra, magistrados que dictan sentencias sonrojantes, tribunales que pueden invalidar el resultado de un referéndum legal… Bermejo ya ha caído, pero aún habrá necios que seguirán señalando el dedo en lugar de la Luna.

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Y yo estoy que no me llega la camisa al cuerpo, con sudores fríos por toda la espalda. La madre que me parió, ¡la que nos espera!

La derecha ibérica nació con una flor en el culo, esto es innegable. Voy a preguntarle a Rajoy a qué número de lotería juega, porque me toca seguro. En la recta final de las elecciones gallegas y vascas, en medio de la debacle de la trama de corrupción que salpica al PP de Madrid y Valencia -porque de los espías ya no habla ni dios siendo mucho más grave y revelándose nuevos datos  ¡intratable pueblo de cabreros!-, cuando ya parecía que le iban a saltar las costuras del nuevo traje para la derecha de siempre, va y el Madrid golea, el Barça pierde contra el Español y Pe gana el Óscar. Si es que duran poco las alegrías en la casa del pobre.

Si en la izquierda cupiera un figura especular de Losantos, PJ Ramírez y Luis del Pino, ahora mismo litros de tinta y km de papel estarían clamando sobre oscuras manos negras, una conjura internacional, el complot sionista para que el Óscar a Pe dé un balón de oxígeno al PP antes de las elecciones. Si los modos de la lideresa fueran copiados por otros, habríamos descubierto que Feijóo y Basagoiti se encontraron en Perpiñán con un comité judío de la academia de cine americana, encabezado por  Spielberg con el que pactaron el óscar para Pe a cambio del Pazo de Meirás y la exclusiva para rodar sobre ETA.

Ferraz, como de costumbre, a pie cambiado. Y en Génova, descorchando sidra, que el cava es catalán y el champagne, de ese traidor de Sarkozy que le dejó una silla a ZP.

¡Qué genial maniobra! ¡Qué sutil finta!, se estarán felicitando. Un premio para una película -que no pasará precisamente a la Historia del Cine- cuyo título se omite, por políticamente incorrecto (desvergüenza la de Allen, rodar y titularla en Barcelona, con lo bien qué habría quedado en el Alcázar de Toledo) en el momento adecuado. Sí, de acuerdo, se lleva el óscar una sospechosa de rojerío o al menos de tibieza, novia de uno de los titiriteros mayores del reino ¡cuánto mejor habría quedado otro premio para nuestro Garci! Con esa gran película, Sangre de mayo, rodada y ambientada en Madrid, que es Esppppaña, y no en Barcelona, fuera del territorio nacional. Además, sería un desagravio, pues fue boicoteada por todos esos rojos que van al cine, que no hay otra explicación para que tras 15 millones de subvención de la condesa consorte sólo recaudara 700.000. ¡Rojos acomplejados, eso es lo que son! Seguro que la mitad cree que maldita la hora en que el tambor del Bruc no se metió la manos en los bolsillos y se alejó silbando a buscar ovejas.

Pero Dios escribe recto en renglones torcidos. La semana pasada, el rostro compungido del padre de la adolescente sevillana muerto, pidiendo referendos sobre cadenas perpetuas y convocando manifestaciones y concentraciones, que tanto han salido por tantas televisiones que medio país cree al verlo de nuevo que debe ser un ministro, sí, ese que sustituyó al padre de Mari Luz. Pero ni siquiera T5 puede sacarle tanto jugo a un muerto sin que empiece a oler y, voilà! Pe gana el óscar. Ya no hace falta dar más noticias en lo que queda de semana. ¿Me cuentan que hay un asunto extraño sobre una mansión de Granados, gratis et amore? ¡No sea usted antipatriota, hombre, que hoy tenemos que celebrar que la chacha, digo que nuestra Penélope, se ha llevado el Óscar!

Ahora, dos meses paseando el óscar de pueblo en pueblo, como el baúl de la Piqué, como ese otro rojo impresentable, el Almodóvar, para solaz del vulgo, como quien pasea la virgen de Fátima y ya tenemos las europeas en el bolsillo. Vamos, que como la hagan cofrade de la orden del Botillo, hermana mayor de los catavinos de Ribera y le encasqueten boina y capa, no se acuerdan en este país ni de Rosa Díez hasta el verano.

-Oiga, ¿no habría que disculparse por lo que se ha vomitado sobre ella? Y de paso, incluso felicitarla -apostillará algún ingenuo que no sabe que en este país, un paso ni para tomar impulso.

-Pero, ¡qué dice, hombre! Yo siempre he sido fan de nuestra Pe, ella ya sabe que estamos todos con ella, porque este Oscar, en realidad, lo ha ganado Espppppaña, no ella. Es de todos, no suyo. ¿Por qué tengo que felicitarla, si lo hemos ganado todos? Como cuando ganamos Wimbledon, pero sólo juega Nadal, o ganamos la Eurocopa o ganamos… ¡Que me felicite ella, que es una apesebrada de la ceja! Coño, se me ha escapado, que esto hoy no toca. “¡Viva nuestra Pe!” (¡Quién iba a decirlo que una titiritera iba a hacer tan gran servicio! )

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En este país donde las noticias se devoran unas a otras, y el escándalo del siglo de la semana pasada es hoy apenas un lejano recuerdo turbio para los mejor informados, no podía ocurrir de otro modo con la trama de espionaje urdida en los sótanos de la Puerta del Sol,

Gag del programa de sátira política Polònia, TV3 (29-01-2009)

unos modos políticos tan cuestionables que me inclinan a considerar como posibles las afirmaciones del memo de Carod Rovira cuando denunció que los guardias civiles que detectaron el encuentro de Perpiñán le seguían a él y no a etarras.

Si fueron Anacleto o Mortadelo y Filemón el brazo ejecutor del operativo, tanto da, y más ahora que ya está en manos de una comisión. Porque si “camello es un caballo dibujado por una comisión”, podemos imaginarnos qué saldrá de la pergeñada en la Asamblea de Madrid para dar apariencia de trasnparencia a lo que es un auténtico agujero negro, pues no hay voluntad alguna de obtener respuestas ni conclusiones ni responsables.

No hay mejor defensa que un buen ataque, piensa la lideresa desde el barro de la trinchera en que se ha visto obligada a refugiarse por no poder contar más que con inútiles, el stahlhelm calado y la Luger cargada. Es la guerra de los dossiers, y no se harán prisioneros.

Aprovechando la tregua que los medios afines y los tontos útiles le conceden al centrarse obsesivamente en la composición y jerarquía de la Comisión de Investigación y no en lo investigable, Espe enchufa el ventilador sobre la mierda del partido. Ha llegado el momento de ajustar cuentas en su Nacht der langen Messen, porque sabe que quien más quien menos tiene como joya de familia un cadáver en el armario.

Acuciada por una crisis inmobiliaria que ha desmantelado la mayor lonja de contratación de Europa, el palco del Bernabéu, Espe necesita hacerse con el Fort Knox local, Caja Madrid. La primera batalla, a campo abierto y sable tendido, la dejó malaparada, así que ella, más hábil en la intriga palaciega que en la estrategia, ha decidido conseguir sus objetivos por otros métodos. No puede enfrentarse a Gallardón, su némesis,  directamente con la vieja guardia desmantelada, o casi, pero puede segarle la hierba bajo los pies, restarle apoyos, eliminar los barones de aquel para asentar en sus feudos a us leales, y afianzar el control sobre el Partido, cada vez más único en la villa y corte gracias a la infatigable labor de autodestrucción de la Federación Socialista Madrileña. Boadilla del Monte, el ex-alcalde de Majadahonda… incómodos gallardonistas que deben ser apartados. Nacht und Nebel. Sin misericorida porque no hay miedo: el PP es en ambos casi Partido Único (64,91% de votos en Boadilla , 62,18% en Majadahonda). Una hábil filtración de un supuesto comisionista descontento y Gallardón pierde dos generales.

Pero la lideresa es ambiciosa y la manta da mucho de sí. Gallardón sería un buen trofeo para cazadores de pueblo, como el tosco Granados que ni espiar sabe, pero la condesa consorte es habla la lengua de Shakespeare y calza salacot, y prefiere sobre su chimenea la cabeza de Rajoy, que sería a la de Gallardón lo que la de un elefante a la de un jabalí.

Frescos están los sucesos de julio en el cónclave de Valencia, cuando jaleada por sus hagiógrafos Losantos y Ramírez, sopesó disputarle al macho herido la jefatura de la manada pero se encontró con una realidad que la Villa y Corte pierde a menudo de vista, que España no es sólo Madrid. El retiro dorado de Zaplana -Telefónica devuleve con el dinero de sus clientes los favores prestados- no es menos retiro, empujado por un Rajoy que quiere llegar al centro y ha perdido el Norte, y ha reforzado a Camps en Valencia, que nunca tuvo enemigos más temibles que dentro del Partido, que de la oposición no ha de recelar daño, pues el PSPV le disputa a la Federación Socialista Madrileña el título de “legendario desastre de la nación española” (Enric Juliana, La Vanguardia, dixit). Y Camps, nobleza obliga, favor por favor, con su firme apoyo al gallego rompe las esperanzas de Espe, y las de los que la auparon en su reino de fantasía. Pero la lideresa ni olvida ni perdona, y más pronto que tarde esa cuenta se la haría pagar. O la de los 30.000 euros en trajes de Milano, un tema francamente menor, pero que la lideresa, que viste de Zara en campaña para parecer menos condesa, sabe que calará más en la opinión púbica -debidamente adoctrinada por sus gurús- que el verdadero escándalo de los sobornos y las adjudicaciones irregulares. No todo se cocía en el palco del Bernabéu.

De rebote, la lideresa ha conjurado el mayor peligro de todos, la Parusía de un ánsar que, desmelenado y desbigotado, al grito de “No se os puede dejar solos” regrese a salvar la Patria, cansado ya de jugar a la petanca, jubilado de sus múltiples sillones en Consejos de Adminstración y de sus clases en Georgetown. Porque la manta de la que Espe ha tirado está destapando los pies de su yerno, y el que fuera malleus malleficarun de corruptos hará bien, en opinión de Espe, en no asomar mucho la cara, no vaya a ser que se la partan, que juegue a ser presi del Madrid, si quiere, que ella lo será de la Villa y Corte y, por tanto, del mundo mundial, del universo.

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Manitas y manazas

Lo que los modernos psicólogos escolares, esos que en lugar de resolver problemas de conducta les dan patente de corso, llaman ‘desajustes de psicomotricidad’ o similar (siempre me ha fascinado el desparpajo de médicos y psicólogos para usar palabras polisílabas en las que un humano normal se trabaría siete veces) era conocido en mi tiempo y mi lugar como ‘sapastre’ o ‘saput’; de hecho, durante mucho tiempo se sospechó que había nacido con dos pies izquierdos y sólo con muñones, que mis manos eran, pues, ortopédicas. No fue hasta cuarto de carrera que mis maquetas dejaron de parecer haber sido encontradas en un contenedor de basura y que merecieron la aprobación de mis compañero de proyectos y futuro padre de mi ahijado:

-Theo, tu madre lloraría emocionada al ver que por fin te has quitado los guantes de boxeo para hacer maquetas.

Así pues, como Ferran, hace mucho tiempo que he asumido mis limitaciones en el mundo del bricolage y las manualidades. Y haberlo asumido ya de niño me ha ahorrado muchos sinsabores, porque no pretendo hacerme pasar por aprendiz de brujo.

Ahora, pequeñas paradojas de la vida, me relajo haciendo maquetas, de esas en las que hay que pegar piedra a piedra, haciendo un pueblo medieval; pero no me dolió la observación a mis cualidades manuales, porque ya para entonces, con poco más de veinte años, la senda de mi vida estaba bien pavimentada de torpezas varias. ¿Conocéis esas teteras metálicas que tenían todas las cafeterías? Nunca, jamás, ni una sola vez, he sido capaz de verter su contenido en la taza sin dejar la mitad en la mesa o mis pantalones; más tarde, en una exposición de objetos inútiles vi que esas teteras ocupaban un lugar destacado, y me sentí menos solo en mis desventuras.

Porque, como el padre de Goytisolo en Autorretrato, mi padre sentenció pronto que no sirvo para nada:

Cuando era pequeño siempre estaba triste y mi padre muy serio y moviendo la cabeza me decía “hijo mío no sirves para nada”.

Porque mi padre entendía esa falta de talento y de interés en lo físico como sospecha de homosexualidad; porque parece que la sociedad asume que la habilidad manual es congénita en el cromosoma Y, que es efecto secundario de la testosterona. Si es así, en mi caso es un gen recesivo. Jamás me interesó lo más mínimo la caja de herramientas de mi padre, ni trastear con cables o llaves inglesas… Tuve una novia rusa, Natasha, diestra en estos menesteres (como en muchos otros) que era la que cambiaba los enchufes, instalaba grifos y todas esas cosas, mientras yo me limitaba a irle pasando la llave del siete, no esa no, te he dicho la del siete… un dejà vu con mi padre. Porque el ‘manitas’, lo sea o se lo crea, necesita público. Y mi padre y Natasha tenían en mí al espectador ideal, el que nunca les diriía “yo lo haría de otra manera”. Yo creía que esta necesidad de público era una peculiaridad más de la idiosincrasia familiar, pero he visto que es connatural a creerse dueño de un talento manual o físico. Y lo vi en Leroy Merlin un sábado, cuando todos pontificaban a gritos, o buscaban al dependiente para destrozarle con unos datos técnicos que el pobre chico, quizá licenciado en historia o filosofía, le sonaban a chino litúrgico. Y tirando en la urdimbre de la propia experiencia la trama de la ajena o de lo observado, empiezo a sospechar que tal vez seamos mayoría quienes tengamos en la chapuza ‘el don que nos negó el cielo’. ¡Sólo que quizá no todos tengan la valentía de reconocerse cobardes! Porque aunque Ancalagón, mi padre, lo niegue, la inhabilitación para el bricolage viene con sus genes.

Hace más de un año cambié de piso. Mi padre se ofreció inmediatamente para ayudarme:

-Vendré con tu tío Javier y, entre los tres, hacemos la mudanza en dos patadas.

(Esta conversación, con cualquier otra persona que no fuese yo, habría sido con un “mi cuñao Javier”)

-No te preocupes; contrataré a unas mudanzas que hacen pequeños traslados y ya está.

-¡No, hombre, no! ¿Para qué vas a gastarte ese dinero? En un fin de semana lo hacemos.

Los pocos muebles que tenía, los había comprado yo y montado Natasha. Era la única dificultad de la mudanza; el resto, infinitos libros en pequeños paquetes para facilitar el transporte. Andaba yo buscando la llave Allen correspondiente para desmontarlos, porque no cabían por la escalera, cuando mi tío, o mi padre, no recuerdo, y da igual, interrumpió:

-No, hombre no, así nos llevará todo el día! He traído una cuerda y los bajamos por el balcón.

Esta fue la solución que ambos ‘manitas’ intentaron… Podéis imaginaros el circo: uno arriba, otro abajo, a gritos “¡A la derecha!” “¡Cuidado con la farola!” “¡Esto resbala!”. Y el resultado, el inevitable… La única satisfecha fue X, que odiaba esos muebles que Natasha montara. Tuve que comprar estanterías nuevas, que monté cómo pude… no quedaron de exposición, pero se sostienen y sostienen mis libros, y ya es suficiente, al menos para mí. Pero no para mi padre que, en la última invasión de dragones, ya había bajado con el taladro, tacos y qué sé yo qué más.

-El dueño del piso no quiere que se hagan más agujeros -tuve que inventarme. Para mi espanto, habían traído unas cortinas horrorosas para colgarme en las ventanas porque, ‘como tú no sabes hacer nada’

“No servir y, además, para nada, ¡la libertad total!” (Goytisolo)

Porque no hay nada en esta vida más peligroso que Ancalagón con la Black & Decker, pues es de los que cree que con un taladro se resuelven todos los problemas de la vida, desde poner una alcayata hasta la crisis económica. En mi infancia, cuando algo se rompía, mi madre asomaba por detrás para gestualizarme que no le dijera nada a mi padre, porque es de los de “Esto tiene que ceder. Vaya, se ha soltado…  Bueno, no pasa nada, ya estaba roto”, y así estuvimos dos días sin luz tras intentar cambiar un florescente y no había puerta de la cocina que cerrase como es debido.

-Tráeme el taladro, que esto se ha descolgado.

-Déjalo, Ancalagón, si ya va bien.

-No, mujer, que esto lo arreglo en un momento.

Al día siguiente, llegaba el carpintero y concluía: -¿Por qué no le escondéis la caja de herramientas a este hombre?

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