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Archive for Març de 2009

El pasado 26 de marzo, en medio de la polémica ficticia sobre la retirada de Kosovo -curiosa manera de hacer política esta de polemizar con lo que se está de acuerdo-, la comisaria europea Viviane Reading presentó un duro informe contra la situación de la telefonía móvil en España. Por supuesto, pasó completamente desapercibido en medio de las cortinas de humo que hábilmente la prensa, participada por compañías de telecomunicaciones , tendió, que si lo de Kosovo, que si la multitudinaria manifestación provida de cuatro gatos, etc, etc, etc. Según este informe, un español paga por una factura media, 65 llamadas a fijos y móviles dentro del país y 50 sms, 35’89 euros, mientras que la media europea está en 19’49 euros. Esto es: un español paga un 84% más de media que un europeo. Y aquí seguimos discutiendo si Raúl tiene que ir a la selección.

Desde una situación en 2002 en que la cesta de la compra en España era la más barata de la zona euro, hemos ido escalando posiciones hasta estar ligeramente por encima que Alemania, y es que en 2006 se certificaba ya que la vida había subido 3 veces más que los salarios. Supongo que eso es culpa de los consumidores, que creemos que 50 euros son 5000 pesetas, como nos reprochaban esos muñecos de plastelina que cada vez que los recuerdo me entran espasmos de rabia. Y no solo es la cesta de la compra, sino que el metro cuadrado útil de vivienda en el centro de la ciudad universitaria de Freiberg estaba en marzo de 2008 a 2500 euros, mientras que en las mismas fechas estaba en España la media de la vivienda de segunda mano a 2799 euros/metro cuadrado. Y los alemanes no cobran menos que los españoles, precisamente, pues en un reportaje del 2007 del semanario Stern, tras una encuesta entre mil alemanes de diferentes lugares y profesiones, se señalaba cómo sueldos de menos de 30.000 euros al año eran muy extraños, casi sólo en peluquerías o asistencia doméstica, mientras que los salarios por encima de los 3000 euros al mes son abundantes, y no sólo para médicos. ¿Cómo aún no hemos tomado las armas?

Pero volvamos a los ladrones y sinvergüenzas de Telefónica, compañía que cobra más caro en España que en el resto de Europa. Por ejemplo

El iPhone es un elemento que también puede emplearse como referencia de esta tendencia. Mientras que en España, donde Telefónica es líder, cobra entre 24 – 115 euros al mes, durante 24 meses de permanencia, en Gran Bretaña, donde empata su cuota de mercado con Vodafone, cuesta entre 37 y 93 euros al mes con tráfico ilimitado de internet, y con 18 meses de permanencia. Y sin embargo, en la República Checa, donde es la segunda en cuota, cuesta desde 24 euros con acceso ilimitado a internet, 80 minutos de llamadas y 20 SMS.

Eso sin mencionar que el servicio de atención al cliente está debidamente deslocalizado en Marruecos o hispanoamérica, explicándose así el desastre absoluto del servicio. Con sueldos marroquíes y las tarifas más altas de Europa es muy fácil anunciar beneficios para el primer semestre de 2008 superiores a los 3500 millones de euros, ¿verdad que sí, sinvergüenzas?

Y eso por no mencionar las curiosas prácticas que ejercen con quienes, hartos de su pésimo servicio y sus tarifas de monopolio, deciden cambiarse de compañía, que sufren verdaderas odiseas.

El carro debe irles por el pedregal a esos tiparracos infames de Alierta y sus secuaces cuando hace un mes que sufro tres o cuatro llamadas diarias del 1485. Llaman a cualquier hora, dándoles absolutamente igual que sea horario laboral, que sea hora de comer o que sean las nueve pasadas de la noche; por supuesto, no he descolgado ni una sola vez, no me interesa nada de lo que puedan ofrecerme, y es que el dinero que gano prefiero dedicarlo a cualquier cosa antes que a pagarle un sueldo de un millón de euros al año a otro sinvergüenza, Eduardo Zaplana.

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La mayor parte de mis amigos del casino provincial son maestros y profesores de secundaria, prejubilados o casi, aunque también los hay cuerentones e incluso uno apenas cinco años mayor que yo, y basta con verles la cara al coger las cartas para saber cómo les ha ido el día. Dos o tres veces al año hacen terapia de grupo en forma de amistosa comilona, y este sábado fui invitado al más excepcional estofado de jabalí que he probado jamás.

-Lo peor, amigo mío, ya no son los niños, que nos los traen sin vacunar. Ni siquiera los padres, serios candidatos la mitad de ellos a la esterilización terapéutica. No, amigo mío, lo peor ahora son los compañeros -fue la observación de Enrique, alto, bigotudo, sesentón y de baja desde hace unos meses, azuzando las primeras llamas, porque no hay reunión  masculina en que pueda faltar el crepitar de un buen fuego donde asar alcachofas y reventar morcillas.

-Estoy hasta las narices de niñatos-convino Roberto, el que aún no tiene 40 años- y de sus teorías psicopedagógicas modernas, de no coartar y no no sé qué y no no sé cuántos. Hay que marcar límites a los niños si se les quiere convertir en ciudadanos, enseñárles que no todo vale lo mismo…

-Cuéntales el Carnaval -intervino Lucas, que nos traía el porrón de ribeiro.

-Pues decidieron que este año los profesores también teníamos que ir disfrazados a clase el martes de Carnaval, y llevar el mismo disfraz que los alumnos; ya me contaréis qué sentido tiene eso -el resto asentía, víctimas de situaciones parecidas-, que nosotros estamos para enseñarles, no para entretenerles.

-Pues yo me conformo con que no me incordien -dijo Ramiro

-Es que tú ya estás mayor. A esta panda de modernos no se les ocurre otra estupidez que ‘preguntemos a los niños de qué quieren que nos difracemos todos’, como si no pudiéramos imaginarnos la sarta de dislates que saldrá de semejante encuesta. Claro que uno siempre confía en que una inteligencia superior sabrá discriminar el grano de la paja. Pues no. Preguntaron y lo que les pareció más interesante a esa panda de idiotas fue la ‘fresca y espontánea’ sugerencia de un niño de cuatro años de ir todos con las bragas o calzoncillos por sombrero. 

Imagen de la BBC, último capítulo de la cuarta parte de Blackadder.

Los  pocos de los presentes que no conocíamos la historia, duchamos al resto en vino: -Eso no es posible-murmuré.

-Pues lo es. Así que el martes estaban todos recibiendo a los padres con bragas y calzoncillos en la cabeza. Mis alumnos de sexto, todavía cabales, me preguntaron si les iba a obligar a llevar eso. “Esto es una fiesta, que cada cual haga lo que mejor le parezca”. Y como ninguno de ellos siguió el despropósito, ni yo tampoco, ahora me acusan de ‘promover la sedición’ y me están haciendo cierto vacío. Que por mí  mejor, desde luego, eso que me ahorro.

-Pero, ¿a quién se le pudo ocurrir semejante estupidez?

-Gilipollez, Theo, la palabra exacta es gilipollez -sentenció Enrique.

-Se le puede ocurrir a cualquiera de esas psicopedagogas llenas de teorías y ocurrencias pero que en una clase son más tiernas que una mata de habas, de las que después voy recogiendo por los pasillos llorando porque una alumna la ha llamado puta, otro le ha escupido.

-Es que Ramiro es un caballero. A la última que me vino llorando porque la llamaron ‘puta’, cuando le pregunté que había hecho y me respondió que nada, le di una palmadita en la espalda y le dije: “Pues nada, chica, sigue así, que no acabas el curso” -contaba Lucas, a la búsqueda de mas tajadas de jabalí-. Después, una de estas en la sala de profesores me reprochó que mi clase estuviera en absoluto silencio, que eso ‘coartaba la naturaleza de los adolescentes’.

-Bueno, pues que se maten a pajas en clase, que también forma parte de la naturaleza de los adolescentes -redujo al absurdo Cigales, recién jubilado.

-Tú no des ideas, Cigales, que ya te has ido.

-6000 euros me ha costado la prejubilación, pero es el dinero mejor gastado de mi vida. Me da pena acabar así mi vida profesional, con la ilusión con que empecé y seguí durante tantos años, pero al final ya era imposible seguir. Ahí iba yo a quedarme, entre locas y salvajes.

-No me hables de locas -se lamentaba Lucas-, que tengo reunión de evaluación la semana que viene y ya me tiemblan las piernas… En lugar de poner las notas en común y se acabó, se recrean en escuchar su propia voz, en comentar todas las penas y desgracias: “Este niño, yo no sé qué puedo hacer con este niño, ¿sabéis si tiene algún problema en casa?” “Ah, pues me han dicho que los padres se iban a separar” “Es que se le nota, porque el comportamiento…” ¿No pueden ocuparse de su clase y sus problemas sin hacernos participar a los demás? ¿Es una reunión de evalaución o sesión de lavadero? La última, cuatro horas y media duró. Como se me crucen los cables, les hago lo mismo con cada uno de mis 29 alumnos y ya veremos qué gracia les hace.

-Lucas, lo que tienes que hacer es como yo, quitarte de en medio antes de buscarte un problema.

-En tu situación, ahora estaría en la cárcel, Enrique, no habría sabido tener tu sangre fría.

-¿Qué ocurrió? -pregunté al fin, pues nunca supe el motivo de la baja de Enrique.

– Un cabestro de quince años se lió a golpes y patadas conmigo en clase cuando le exigí que se sentara y dejara de comportarse como un chimpancé. Para no estrellarle la cabeza contra la pizarra, salí de la clase, pedí al profesor de guardia que se hiciera cargo y fue a Dirección a exigir su expulsión inmediata y por seis meses. Pueden hacerlo, pero los directores tienen urticaria a posibles confilictos con los padres, y me ofreció amonestación por dos días. “Tú verás lo que haces, pero podemos salir en los periódicos”, le dije, “porque en este momento me da igual estrellarle la cabeza al mocoso o a ti por tolerarlo”. Desde entonces, llevo cinco meses de baja. Otros cuatro y me jubilo ya.

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Cada cual es muy libre de hacerse las pajas mentales que quiera con lo que mejor le apetezca, pero agradecería un poco de originalidad e ingenio, que las fumadas con los templarios se me repiten más que el gazpacho después de cenar o que el villancico ese de “Los pastores, los pastores“.

Y para los que hace falta tener unas tragaderas dignas de Gargantúa es para meter en el mismo saco a los Templarios y a los masones, a los Pauperes commilitones Christi Templique Solomonici, nombre oficial de los Templarios, suspendidos en 1308 y disueltos en 1312 por la Bula Vox in Excelso (22 de Marzo), aprobada en el Concilio de Varenne, y confirmada por la Bula Ad providam (2 de mayo), con los masones, aparecidos a finales del siglo XVII y cuyo origen ellos mismos establecen en los gremios de constructores medievales. (Véase, por ejemplo, la página oficial de la Gran Logia Simbólica Española) . A la leyenda esgrimida por el Gran Oriente de que el origen del Rito Escocés Antiguo y Aceptado está en unos supuestos caballeros del Temple que en 1314 lucharon junto a Robert de Bruce en Bannockburn contra Eduardo II por la independencia de Escocia no hay que darle más valor que a las genealogías ficticias de las monarquías medievales que se hacían descender del hada Melusina (los Plantagenet) o de Julio César (los Habsburgo); si el ínclito poliexperto y polidoctorado César Vidal sí lo hace, aún sabiendo que no hay continuidad alguna entre la mencionada batalla y la fundación de la Gran Logia de Londres en 1717, y que la supuesta participación templaria, lejos de estar probada se ha demostrado ser una adición del siglo XVIII a la leyenda de Bruce, será cuestión de sugerir a las librerías que sus obras se pongan en los estantes junto a las de Harry Potter.

Tan absurdo es vincularlos a los masones como cortar sus hábitos a la moda new age, con afirmaciones como que “profesaban un cristianismo solar, gnóstico de raíces indoeuropeas y no judías”,  y ver en unos monjes guerreros no sé qué quintaesencia del conocimiento arcano, el esoterismo y quién sabe qué más, dando por ciertras prácticas mágicas de las que fueron absueltos. Se me hace difícil imaginar en posesión de tan sutiles conocimientos a una tropa que juraba ni siquiera bañarse sin permiso del superior.  Y ya definir la orden como hacen sus pretendidos sucesores como tolerante en materia religiosa y promotora del progreso social en el siglo XII es de ignorancia supina o de notoria desvergüenza, pues son varios los libros que destacan el endurecimiento del régimen señorial que supuso la llegada de los freires del Temple. Y que les pregunten a los judíos de Jerusalén sobre su tolerancia.

Los templarios venden. Venden tanto que las actas de su juicio (1308-1311) se han transcrito y publicado por primera vez dos veces.  Con el rigor con que nos tienen acostumbrado, la prensa se hizo eco de la publicación en una preciosa edición de 799 ejemplares de esas actas, Processus contra templarios, presentadas el 25 de octubre de 2007 por el arzobispo Raffaele Farina, archivero y bibliotecario de la Santa Iglesia Romana, y por el obispo Sergio Pagano, prefecto del Archivo Secreto Vaticano. En un segundo volumen, se hace una edición crítica, corrigiendo los pocos errores, de la transcripción que hizo ya en 1887 Konrad Schottmüller para Der Untergang des Templersordens, 2 vol. (El hndimiento de la orden del Temple). Así que todo lo que había que saber ya está sabido, y casi todo desde hace mucho tiempo, desde el lema que le impuso el autor de su regla, San Bernardo de Claraval, en 1128, extraído del salmo 115,

NON NOBIS,DOMINE,NON NOBIS,SED NOMINI TUO DA GLORIAM

hasta  supresión,  con sentencia no definitiva, en 1312

(…) Hace poco, Nos, hemos suprimido definitivamente y perpetuamente la Orden de la Caballería del Templo de Jerusalén a causa de los abominables, incluso impronunciables, hechos de su Maestre, hermanos y otras personas de la Orden en todas partes del mundo… Con la aprobación del sacro concilio, Nos, abolimos la constitución de la Orden, su hábito y nombre, no sin amargura en el corazón. Nos, hicimos esto no mediante sentencia definitiva, pues esto sería ilegal en conformidad con las inquisiciones y procesos seguidos, sino mediante orden o provisión apostólica. (Fragmento de la bula Ad providam)

Si vamos a la sentencia, Clemente V no excomulgó a los templarios (que recibieron los sacramentos antes de su ejecución), ni abolió ni condenó la orden, solamente la suspendió en una especie de ‘hibernación’ que ha llegado hasta hoy mismo. Pero ni sobrevivió la orden en la clandestinidad hasta configurar la masonería, como pretende la obediencia masónica del Gran Oriente ni los que ahora se proclaman templarios merecen más atención que yo vestido de Napoleón en carnavales. Es más, en rigor, todos aquellos que pretendan rehabilitarla o usen su hábito u otros signos distintivos

El prior de los supuestos templarios de Herdfordshire

 están automáticamente excomulgados, como ya se especificó en el acto de Chinon en 1308, que absolvió de herejía al gran maestre Jacques de Moley y los demás líderes templarios recluidos en ese castillo francés de la diócesis de Tours, acto recogido en el ‘Pergamino de Chinon’,

emitido el 17-20 de agosto de 1308, cuya copia todavía se conserva en el Archivo Secreto Vaticano con la signatura Archivum Arcis, Armarium D 218 (ASV, Archivum Arcis, Arm. D 217) y que ha sido publicada en el mismo volumen Processus contra Templarios, y cuya existencia ya está catalogada en 1912. Como decía, nada nuevo en realidad, por más titulares que se hagan.

El acto de Chinon, que absuelve a los templarios, queda en papel mojado por las presiones del siempre falto de fondos Felipe el Hermoso, pero Clemente V, que intentó en todo momento garantizar la supervivencia de la orden y no creyó en la acusaciones de herejía, traición y sodomía, no pudo oponerse a la voluntad del monarca francés. Pero se guardó el as en la manga de disolverla sin condenarla. En primera instancia los absolvió de las acusaciones más graves, herejía, adoración al diablo…

Como decimos, los templarios venden. Da lo mismo que no se sepa nada de ellos, que se los empareje incluso con los cátaros, unión que repugna la inteligencia del que sepa cuatro cosas mal enlazadas sobre esa herejía… Venden tan bien que, cuando hay que publicar un un raro manuscrito de hacia mediados del siglo XII que procede de la basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén, se vincula alegremente con la dichosa orden y se titula el CD “Les chants des Templiers”, de donde saco la antífona Crucem sanctam subiit con que termino ya.

 Crucem sanctam subiit,
qui infernum confregit,
accinctus est potentia,
surrexit die tertia.

Alleluia.

Lapidem quem reprobaverunt aedeficantes
factus est caput anguli, alleluia

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Víctima de la Ley de Murphy

Si algo puede ir mal, saldrá mal (Ley de Murphy)

Algo que pueda ir mal, irá mal en el peor momento posible. (Ley de Finagle sobre la Negatividad Dinámica)

Estos tipos son unos optimistas (Corolario de Theo)

Tácitamente se infiere que los solteros, por no tener vida familiar, no tenemos vida. O quizá es que los casados quieren arrebatarnos el derecho a disfrutar de ella, vengándose en nostros del error que ellos cometieron. No suelo hacer planes, porque a mí que estoy soltero no me importará ir la semana que viene a Rumanía, a ver unos solares, con los gastos pagados, claro. Y como estoy soltero, tampoco me importará que la reunión se alargue hasta las diez de la noche, o que los casados con los que he quedado no aparezcan ni den señales porque ellos tienen familia. La última discusión con mis dragones fue por el mismo motivo.

Así pues, se acercaba Semana Santa y no tenía planes. De hecho, ando tan despistado estos meses que, cuando me pasaron el calendario laboral para el 2009, además de sorprenderme de que alcanzara más allá de junio, tuve que preguntar porqué nos daban cinco días libres en abril. Supuse que aprovecharía esos días para patear caminos y mapear la geografía de mi tesis, o para ponerme al día con un par de lecturas y una relectura. Y, por supuesto, enviar al infierno mi dieta y presupuesto con cenas y ágapes con mis amigos de Macondo. Cuando ya hube marcado los objetivos andarines y reservado las lecturas, empezaron a multplicárseme los planes -y los peces, y es que está siendo un más bastante asqueroso.

Cuando el técnico de cierta marca que no citaré por no hacerle publicidad me llamó para decirme que no había recambios y que no había nada que hacer, que tendría que comprarme una nevera nueva, consideré que era hora de cumplir con  la eternamente postergada visita a San Petersburgo que debo a unos amigos, a su dúplex de trompotocientos metros cuadrados en el canal de Fontanka

y cuyas fotos me hicieron salivar como el perro de Pavlov. Unos 120 euros ida y vuelta con una compañía de cierta solvencia, que por menos de 100 Jordanian Airlines me llevaba, pero no estoy por la labor, así que por primera vez hice algo impulsivo y lo compré. Me dolían menos que los cuatrocientos de la nevera que estaba perfectamente hasta que el técnico tocó no sé qué para descongelarla.

-Hola, Theo -me llamaba mi amigo cuando el billete se estaba imprimiendo-. ¿Te importaría venir otro día? Mi empresa me paga dos semanas en Tailandia con mi mujer para esas fechas…

-No te preocupes, no pasa nada. Pero ir a Tailandia con tu mujer suena a visitar Islandia y llevarse un bacalao…

-Sí, la verdad es que sí. ¿De veras no te importa? ¿No habías comprado aún el billete?.

-No, iba a hacerlo ahora -mentí. Llevo una semana intentando anular el pasaje y que me devuelvan el dinero; no es que sea demasiado, pero prefiero invertirlo en una cena con X que regalarlo a un desconocido, aunque me temo que más sano será darlo por perdido.

Mientras sopesaba la opción B, visitar a mi hermana, X me reprochaba no haberlas acompañado, a ella y sus amigas, a su viaje por la Patagonia. Justo lo que necesitan mis nervios, dos semanas con cuatro locas de tiendas de campaña, refugios y ni un desayuno ni una ducha decentes… Creo que a X no le ha hecho mucha gracia mi observación, o quizá el teléfono se ha cortado accidentalmente.

Esta mañana, después de dos meses sin noticias, recibo otra llamada. Esta vez es el informático que, desde hace dos meses, está intentando averiguar qué le pasa a mi portátil -más bien mi portable, pues un armatoste de 17 pulgadas no es muy manjeable para andar con él arriba y abajo- o bien pidiendo una pantalla, o la pieza que conecta a la pantalla, o torneando en cerezo teclas nuevas, qué sé yo. No sé si los duendes que lo manejan se han suicidado o si ACER incorpora mecanismos de autodestrucción a los cuatro años o si me ha mirada un tuerto, el resultado es el mismo, que intentará recuperar mis datos -por los anillos de los Siete Príncipes del Sacro Colegio que si no lo hace he de verle colgando de salva sea la parte-, pero que no hay nada que hacer, pero que por 1800 euros puedo encontrar un nuevo portable, este de 19″…

Con calma, he salido al jardín, he encendido un Edmundo, lo he paladeado durante una hora y he vuelto al trabajo, a revisar qué geografías de mi tesis delimitaré esta Semana Santa y qué lecturas quiero adelantar. No sin antes jurar y perjurar en arameo que no volveré a hacer planes con más de tres días de antelación.

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Me diréis, y sin duda con razón, que titular así un post es suicidar el blog, sobre todo cuando mis anteriores entradas sobre Pornografía y Prostitución han batido récords de público. Seguir en la misma línea me habría asegurado destacadas entradas en google sin demasiado esfuerzo, pero eso habría sido demasiado fácil; lo fácil lo puede hacer cualquiera, y ni vosotros ni yo somos cualesquiera. Así que a ver cómo salimos juntos de este post.

La literatura es una manera de observar el mundo, entendiendo como tal todos los mundos físicos y religiosos que existen o que el hombre pueda crear, y cada literatura encuentra en un género literario determinado su modo específicamente acertado para ver y narrar el mundo, el diapasón con el que vibra armónicamente . Y si el género no existiese, se inventa. Es el caso de la novela picaresca para le lengua castellana -fuente de la que bebe la novela negra, género en clara expansión en España, con autores de gran calidad y en la que se puede percibir una reactualización de los tópicos picarescos-, o del realismo mágico para la literatura hispanoamericana, que lejos de ser un fenómeno cronológicamente acotable o una moda es una literatura connatural.

En la literatura rusa, el género diapasón es la novela satírica, algunos de cuyos títulos son cumbres de su literatura, incluso de la literatura universal, y ha sido practicado tanto por autores específicos como por verdaderas vacas sagradas, como Dostoyevski, El burgo de Stepanchíkovo y sus habitantes. ¿Y no podría considerarse Sonata a Kreuzer, de Tolstoi, como una sátira contra el matrimonio? Y la sátira literaria rusa ha tenido su continuidad en el cine, en películas como las adaptaciones de las novelas de los hermanos Strugadski, a los que dedicaremos otro post, o a la excelentemente reseñada por Lev Mishkin, Kin-dza-dza; incluso desde el prisma de la sátira se puede observar la cínica  ambigüedad de los personajes de Los guardianes de la noche, que no es una gran película, pero sí una interesante reflexión.

La sátira sólo es posible cuando se ve a la Humanidad como es y no como debería ser, cuando la estupidez, la mezquindad, la incompetencia  y las bajas pasiones dejan de ser un accidente para, a menudo con cariño, ser el eje moral de los personajes.

Como la picaresca, la novela satírica rusa tiene sus propios tópicos. El provincianismo es su ámbito geográfico casi exclusivo (excepto en la brillante y desternillante El Maestro y Margarita, de Bulgakov, que merecerá un post propio), y es que en un imperio tan extenso y mal comunicado como el ruso o el soviético, las zonas más rurales y periféricas, sometidas rara vez a inspección o control, no pueden sino interpretar de un modo sui generis las incomprensibles órdenes, leyes y disposiciones que promulguen San Petersburgo o Moscú. Así, Lermontov sitúa las aventuras de Pechorin en Un héroe de nuestro tiempo (1839) en el Cáucaso; el Chichikov de Gogol (Almas muertas, 1842) recorre las aldeas de la Rusia más profunda, las nuevas provincias de la expansión hacia el este en su pintoresco negocio de comprar nombres de siervos muertos pero aún inscritos en el censo.

Ilf y Petrov harán que su protagonista, Ostap Bender, recorra primero la Rusia del NEP en busca de diamantes (Doce sillas, 1928) y después en la Rusia post-NEP tras un millonario clandestino (El becerro de oro, 1931). Y Voinovich pone a Chonkin, el soldado más prescindible de su regimiento, a vigilar un avión accidentado en una remota aldea justo antes de la operación Barbarroja (Vida e insólitas aventuras del soldado Iván Chonkin, 1974).

El segundo tópico es la naturaleza antiheroica del protagonista; Pechorin, reflejo del propio Lermontov es un oficial cínico y desengañado de todo

Archivo:Mikhail lermontov.jpg

Mijaíl Lermontov, imagen de Wikipedia.

Chichikov es un estafador, noble en las formas y mezquino en las ideas, de una fe tan profunda que reza fervorosamente ante el icono para que el cielo le sea propiocio en su negocio de más que dudosa legalidad. Ostap Bénder es el más simpático sinvergüenza y amoral de todos, posible inspiración del personaje homónimo de Futurama

 

y Chonkin… bueno, digamos que es un gañán, necio, ingenuo y simplón, sin pensamiento más complejo en toda la novela que invierno hace frío y en verano calor, pero que sí en verano hiciera frío y en invierno calor ni el verano se llamaría verano ni el invierno, invierno, pero cuyo implacable sentido común pone en jaque a toda la burocracia económica y militar soviética. Porque en la sátira rusa, como en la picaresca española, lo que la novela pierde de ‘profundidad psicológica’  en los personajes lo gana en el lúcido análisis de una realidad social y política que no queremos ver, cuyo absurdo y marginalidad superan a menudo la propia ficción.

Todos los personajes se rodean de seres aún más mezquinos, estúpidos o patanes que el héroe. Si en el héroe aún se advierte alguna virtud, no es así en sus compañeros de desventuras, como el vecino de Chonkin, o Vorovianovich, el antiguo decano provincial de la nobleza y actual “jefe de los comanches” que acaba intentado asesinar por codicia a Bender… y, por supuesto, todos los esfuerzos y empeños acaban en un estrepitoso descalabro, y las risas anteriores se secan de golpe cuando constatamos que donde fracasaron esos estúpidos no habríamos nosotros de lograr victoria alguna. Y gustamos entonces el amargo sabor de boca que Nietzsche, La genealogía de la moral, hallaba en el Quijote,

hoy leemos el Don Quijote entero con un amargo sabor en la boca, casi con una tortura

en la crueldad de hacer morir cuerdo al hidalgo de cuyas locuras nos hemos reído.

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En estos días de cierto revuelo mediático por el cierre de dos macroprostíbulos en Castelldefels, cerca de Barcelona, el Riviera y el Saratoga, seguidos de la imputación de varios mandos y ex mandos de la Policía Nacional en, como mínimo, la vista gorda, cuando no directamente en cobro de sobornos, el tema anda candente en las calles de Vetera, ciudad de inconfesos bajos fondos, como toda ciudad pequeña, provinciana y conservadora, de misa y rosario, de la puta y la Ramoneta.

Quizá haya sido el cierre de estos locales, que mantiene en dique seco a los bravos aborígenes, o tal vez sea la entrada de la primavera,

la cuestión está en que no hay día en que a mi alrededor no surja el tema y, sinceramente, maldito el interés que me suscita conocer esas transacciones y sus tarifas. Cuando uno trabaja en la construcción, por más esfuerzos que haga, acabará enterándose de todo lo que no querría saber sobre métodos y lugares para recorrer las sendas más indignas de uno mismo. Y si los viejos oficiales eran así, los jóvenes peones crecen en el mismo caldo fermentado.

Por supuesto, Vetera no tiene su casa con farolillo rojo donde solazarse honradamente. Las señoras de los astracanes y mantilla y sus maridos, clientes VIP de los clausurados Riviera y Saratoga, no habrían tolerado tal afrenta en su ciudad santa; aquí todo es clandestino -aunque todo el mundo lo sepa-, en pisos francos en la calle del Abat Servusdeu, o la de Santa Rosa, o la de Sant Martí… para desesperación de los vecinos que todavía queden en tan pías calles, cuando el apretón alcohólico de uno que no llegó a Castelldefels los despierta un miércoles a las cuatro de la madrugada.

-¡Ábreme!

-¿Para qué quiere que le abra?

-Para ver a las nenas.

Profundo es el vacío que la acción judicial ha dejado en el alma oscura veterense, y no pocos los misericordiosos que se han apresurado a consolar al afligido. No parecen los tiempos propicios para grandes inversiones, y la red de pisos francos aún admite tupirse un poco más, basta con tener los contactos adecuados y salirse del piadoso circuito de santos y abades.

Y así es como llegó a Vetera un aplicado alumno del cuerpo de policía, de la escala intermedia, aunque no mencionaremos de qué cuerpo, buscando un piso de alquiler para su novia china y la madre de esta, que hallaría por agencia inmobiliaria aliviada de dar salida a algo de la cartera. Un currículum verificado dio cierta tranquilidad a la propietaria,

-Que en los tiempos que corren puede meterse en tu casa cualquier sinvergüenza.

-Que razón tiene usted, doña Paquita. En mi trabajo he visto de todo.

Y tranquila quedó doña Paquita con su policía y su novia, “muy mona ella, muy fina, parece más joven que él, pero con los chinos ya se sabe, son como las ermitas y los puentes, que no tienen edad. La madre, muy seria, parecía un sargento de semana”. Y tranquila estaba hasta que los vecinos de los alquilados -Vetera es monstruosamente aldeana para su más que respetables dimensiones-, empezaron a quejarse de un trajín interminable de hombres subiendo y bajando por los ascensores a cualquier hora del día y de la noche, de llamadas intempestivas como la transcrita literalmene por doña Paquita líneas antes y de buzoneos extraños.

-Que no, hombre, que no, que esto tiene que ser un error.

-Te digo que han convertido tu piso en una casa de señoras que fuman. Cómprate el periódico el viernes y lo verás.

Y allí estaba, la dirección y el teléfono de su policía debajo de una joven oriental que, sonriendo, prometía ser muy complaciente.

-¿En qué ha convertido usted mi casa? -llamó de inmediato al policía

-Que no, doña Paquita, que es sólo una casa de masajes.

-Oiga, no me tome por tonta, que aún sé leer.

-¿Ha visto el anuncio?

-Lo tengo delante de mis narices ahora mismo.

-Es que en el periódico se han confundido con el anuncio y…

-Me da igual. Cuando acabe el mes que ha pagado quiero que se vaya.

Pero no parecía el astuto empresario muy por la labor, por más burófax que doña Paquita le enviara y por presiones de la inmobiliaria. Así que pagó otro mes por adelantado.

-Oiga, le he dicho que se vaya. ¿Cómo tiene la cara de pagarme otro mes?

-Es que no encuentro otro piso. En la inmobiliaria no quieren buscarme nada. ¿No sabrá usted de un piso en la calle de Sant Martí?

En este impasse está doña Paquita, que prefiere resolver a buenas el asunto y rescindir el contrato sin requerimientos judiciales, en parte por miedo a un policía del que sospecha poca honradez y menos escrúpulos, en parte porque intervenciones ajenas aún le precintarían el piso, para descalabro económico y mayor vergüenza. Mientras, sigue el buzoneo del edificio con mensajes dudosamente comprensibles que han sido descifrados como publicidad de los otros dos pisos francos de orientales en la calle de Sant Martí y que se rumorean en manos de la mafia china, para alarma del vecindario y desesperación de doña Paquita.

-Ahora, ¿quién limpia el honor de mi piso? ¿A quíen se lo alquilaré? Nadie le lavará la fama.

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Esta casa sigue siendo una ruina

Zeppelin TV, del grupo Endemol, adaptó para la televisión y mentalidad ibéricas el programa estadounidiense  ‘Extreme Makeover Home Edition’. Si el original de la ABC, seis temporadas en pantalla, es aclamado por crítica y público por su capacidad de movilizar a una comunidad por una buena causa, no parace que la versión ibérica haya logrado lo mismo, ni siquiera que estuviera en sus planes. Quizá porque la idea de comunidad en EEUU es tan fuerte como furioso es el individualismo quasi trabucaire ibérico.

Y sólo hay que ver los diferentes encabezamientos para sospechar que el enfoque será igualmente diverso

En el original norteamericano, la carga expresiva se la lleva el aspecto constructivo, ya sea técnico como de cooperación comunitaria,

 en la versión ibérica, como no podía ser de otro modo, y mucho menos en A3, es el factor humano, entendiendo como tal el sentimentalismo exacerbado, en el que se hace hincapié, quedando la parte técnica en un segundo plano. O en plano alguno siquiera, de hacer caso a las confidencias del equipo.

Porque estábamos el fin de semana un grupo de amigos disfrutando de la cerveza y los habanos como cada fin de semana cuando llegó un numeroso grupo vestido de naranja.

-No sabía que la selección holandesa jugara en Vetera

-Parece que han abierto Guantánamo

Fueron nuestros comentarios entre risas, hasta que Anna, una de las camareras de fin de semana, nos aclaró que eran del programa de marras, “Esta casa era una ruina”, que estaban reconstruyendo una vivienda dañada por el temporal de viento cerca de Vetera. No le habríamos dado más importancia de no haberse atrincherado los de Guantánamo tan cerca de nosotros que el mérito no era seguir sus conversaciones sino no hacerlo.

El grupo eran los técnicos del programa: cámaras, técnicos de sonido, regidores… y desembarcaron en Vetera como Colón en América, buscando oro a cambio de baratijas. Jaume se caracteriza por un gusto muy refinado a la hora de elegir personal para el pub, universitarios todos, y allí fue el primer error de los de la tele, que creyeron que con decir que eran de A3, ellos los urbanitas madrileños tenían cama asegurada entre las rústicas beldades. Hermosas, desde luego, pero de rústicas nada, y de estúpidas aún menos. Así que me temo que requiebros de dudoso gusto y miradas que podrían ser calificadas en algún país como agresión sexual cayeron en saco roto.

Sólo dos chicas acompañaban a esa caterva a la que se habían sumado algún cafre local muy seguro de sus encantos, y una de ellas parecía ser la domadora del grupo. Uno se acercó a pedirme un Sublime, Edición Limitada, sin más razón ni presentación que:

-Trabajo en A3, ¿sabes?

-Son tiempos duros -respondí, comprensivo-. Un conocido mío ha tenido mejor suerte y está limpiando alcantarillas.

Dudo que lo entendiera, porque las peregrinaciones en parejas o tríos al lavabo de la mitad del grupo y agregados eran tan frecuentes que temí al principio que se hubiera desatado una epidemia de cistitis en Vetera que habría de poner en cuarentena a toda la Comarca. Uno de mis amigos sugirió con un leve gesto que otra causa menos médica, o al menos sin receta, podía estar tras tan pintoresco comportamiento.

Al lado, otros, con encomiable tesón pero armas inadecuadas, seguían empeñados en el asedio de Anna para esperarla o quedar con ella tras el trabajo o tomar una copa o lo que fuera, sin mayor éxito antes sus muros que una salva con pólvora mojada, ciegos o inmunes los asedientes a la evidencia de que los suspiros de la dama eran resoplidos de fatigosa incomodidad y no cesión al galanteo. Entre copas, tequilas y visitas al baño, las lenguas se iban desatando y esperando que una confidencia rindiera la plaza, comentaron como todo el programa no era más que un inmenso espectáculo, una enorme fantochada y que, a lo diez días de la partida del circo televisivo, las nuevas paredes ya se caían como las antiguas, que lo que era ruina volvía a su estado.

Anna se acercó a comentarlo entre risas, y entre risas respondimos que no sería para tanto, que le estaban tomando el pelo, que posiblemente son desconchones y no lienzos enteros lo que se desprende. Y ella insistía en que algo de verdad habría cuando tres distintos contaban lo mismo.

Sigo sin creerlo es su extremo, pero sí creo que en diez días -tiempo que se fijaron en Vetera- no se puede hacer una reparación masiva sin que aparezcan problemas, y es que los materiales necesitan su tiempo. Quizá sería divertido hacer una visita televisada al estado actual de las ediciones anteriores, comprobar si esas casas eran una ruina en pretérito o si siguen siendo una ruina.

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