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Archive for the ‘política’ Category

Decir que la operación Pretoria ha estallado cuando aún colea el caso Millet sería un eufemismo intolerable, pues en el saqueo del Palau aún no se ve el fondo, y lo que empezó en septiembre siendo una apropiación de unos 3,3 millones de euros apenas un mes más tarde ya se elevaba a un desvío superior a los 20 millones, de dónde salieron, además de jugosas donaciones a las fundaciones de casi todos los partidos políticos para que miraran a otro lado, salarios quintuplicados en un año para directivos, vacaciones de lujo en Maldivas, las bodas de las hijas de Millet… y lo que te rondaré, morena, que como sigan escarbando aún saldrá el regalo de bodas de Anita ansar, la comunión de los nietos, un mecenazgo para restaurar la catedral y un donativo a la asociación catalana de Gays y Lesbianas, que Millet parece persona de integridad y convicciones marxistas, pero de Groucho: “Estos son mis principio; si no te gustan, tengo otros”.

No, no colea el caso Millet. Está apenas asomando su cabeza en la hedionda charca de la política y la alta sociedad catalanas, donde 400 familias han manejado el cotarro o ‘remenat les cireres’ , como decimos aquí, desde quién sabe cuándo, con sus espesas redes clientelares, que antaño incluían canónigos y militares y ahora políticos de todos los colores, bien dependientes de algún modo, bien directamente vástagos de la recia prosapia.

Durante 18 años, el único coro de cámara profesional trabajó ocho horas diarias como becarios, pues ‘no había dinero para contratarles’ y es que la legislación española permite -o permitía- esta indignante figura laboral, que es tener mano de obra hipercualificada con salarios vergonzosos y sin ningún tipo de cobertura social ni sanitaria ni prestación alguna por desempleo… Descubierto esto, ¿cómo se compensará a esas personas por sus derechos robados? El que eso escribe, propone que de los bienes patrimoniales de Millet y sus secuaces se pague a la Seguridad Social todo lo que les correspondería haber cotizado y que la Seguridad Social cubra los derechos de esos trabajadores explotados y engañados. Al menos, por lo que respecta a su jubilación y demás. Pero dudo que el Estado ni sus instituciones estén por la labor de resolver rápida y eficazmente un agravio de tales características a trabajadores, sino que lo demorarán todo lo posible en los tribunales, a ver si por el camino se mueren la mitad de los demandantes…

El albañal en que nuestros líderes políticos nos querían hacer chapotear diciéndonos que eran aguas termales empieza a no poder alimentar a todos los que nadaban entre sus aguas negras, pues los casos de corrupción en este país sólo estallan cuando alguien se siente agraviado por un untamiento insuficiente y decide romper la baraja. El “après moi, le déluge” de Luis XV en cetliberia es más bien un “o follamos todos, o pinchamos las muñecas”.

En este contexto caníbal es cuando el juez Garzón, hábil pescador en peceras infestadas de pirañas y el único juez que parece que trabaja en este país, ha irrumpido en el oasis y en media mañana ha enviado a prisión a un alcalde socialista, a un ex conseller d’Economia de CiU y a otros siete sinvergüenzas más. Otra vez el pragmatismo catalán que ya veíamos en Millet, “que las ideologías no te impidan hacer un buen negocio”.

En política no existe la presunción de inocencia. Un político debe ser honrado y parecerlo, y la sombra de la sospecha debería ser motivo suficiente para presentar la dimisión y esperar el resultado final con la frente alta. Así es en países civilizados, pero el inmenso circo ibérico tiene de civilizado lo que yo de obispo anglicano: sólo la apariencia. El PSC se ha mostrado contundente y, con una velocidad que debería ser ejemplar, ha suspendido temporalmente de militancia a los implicados, mientras que CiU, fiel a la doctrina Rajoy, se enroca en eso de la ‘presunción de inocencia’ y esperar a ver qué dice La Haya… no sólo eso, sino que encima, Felip Puig secretario adjunto de CDC, en un ejercicio de desvergüenza insólito en cualquier lugar menos en la España de Gürtel y Seseña, pretende defender la indecencia de no exigir la renuncia de quien ha manchado el nombre de un partido soltando la especia de que la aplicación de medidas tan rápidas sugiere que ‘se sabe algo más’. Hace falta tener más cara que un moai para hacer esta finta sin que se te escape la risa tonta por lo indecente. Una muestra más de que en este país se fusila poco.

¿Y la opinión pública? No sabe, no contesta, unos celebrando lo de Alcorcón y otros lamentándolo, a todos les trae al pairo que nueve políticos y empresarios más estén en el trullo por corrupción (¿Cuántos van en lo que va de mes?), como les da igual que con dinero público se beneficie sin concurso a las empresas de amiguitos que regalan relojes de 20.000 euros, o las luchas de poder a navajazos en el bochornoso espectáculo de Caja Madrid. O que ni se enteró de lo del 3%, la espantada más lamentable de la  historia política catalana.

Soy nacionalista catalán, lo sabéis. Nunca lo he ocultado. Pero no toleraré que esgriman la bandera del patriotismo para hacerme callar, que una especie de omertà de pa amb tomàquet se imponga para que, con el disfraz cuatribarrado, los cuatrocientos de siempre hagan y deshagan como les viene en gana y el resto, además de cornudos y apaleados, pongamos la cama y riamos las gracias. No, amigos míos, los payasos no son los que se agitan en la pista central, los payasos somos los espectadores por no echarlos a patadas.

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“Algo huele a podrido en Dinamarca” (Hamlet, acto I, escena XI) reflexiona el soldado Marcelo con Horacio mientras siguen a Hamlet y al espectro del rey. Y eso mismo hace tiempo que pienso yo de este intratable pueblo de cabreros.

Me juré que no hablaría ni del caso Gürtel (traducción alemana del apellido del Don Vito de la trama, Correa) ni del caso Millet, pero a veces la realidad nos impele a romper votos y promesas. No voy a circunstanciar nada de ambos casos, pues prensa, bloggers y opinadores ya lo han hecho suficientes veces, pero aprovecharé estos casos para ilustrar por qué creo que España seguirá oliendo a podrido.

1. El corporativismo de la clase política. Ante la galería, se tirarán los trastos de los modos más indencentes, pero en la trastienda amañan las leyes para ser una casta intocable. Es más fácil demostrar científicamente la existencia de un dios con aspecto de pizza cuatro estaciones que encausar a un político español. Y tenemos el caso Fabra en Castellón, con no sé cuántos años de instrucción y habiendo visto más jueces que el Juicio Final… o el largo proceso antes de que Bárcenas declare. En la mayor parte de las democracias civilizadas, un político carece de privilegios antes los tribunales. Pensemos, por ejemplo, en el caso Clearstream en Francia, que enfrentó al entonces ministro de interior, Sarkozy, con su primer ministro, Villepin, y que ahora se está dirimiendo en el tribunal correccional parisino. Esto aquí sería ciencia ficción, y ni pensemos en eso tan europeo de dimitir por la sospecha, que aquí la doctrina Rajoy establece que un imputado no tiene que dimitir hasta condena firme, y eso, por vía de apelaciones puede llevar hasta La Haya y diez años… Evidentemente, esta doctrina digna de república bananera o soviética, a la que se han sumado casi todos los partidos, sólo es aplicable de puertas adentro, que al prójimo se le exije comportamiento británico.

2. La extraordinariamente breve vida de ciertos delitos. Los delitos económicos y políticos prescriben con una velocidad espeluznante. Y entonces, nadie puede evitar desvergüenzas como la de los Albertos que, absueltos de sus estafas del caso Urbanor por el Tribunal Constitucional (célebres en el mundo entero por la celeridad con que fallan sus sentencias) que estimó prescrito el delito, ahora exigen al Estado 4,6 millones de euros en concepto de daños. Y no me extrañaría que el mismo Constitucional ordene que amén, así sea. Con un par. Prevaricaciones, malversaciones, estafas, robos… el ciudadano de a pie, el cosido a impuestos y multas, tiene la sensación de que siempre prescriben para los de cuello blanco o carné político.

3. Las inhabilitaciones. Un político condenado a prisión por malversación de fondos públicos es también condenado a inhabilitación de cargo público. Hasta aquí, todo es correcto. El problema es el tiempo de inhabilitación. Ya que no hay la dignidad mínima de desaparecer de la vida pública tras la condena, la ley debe suplirlo inhabilitando de por vida. ¿qué eso eso de una inhabilitación de cuatro años por gastarse en prostíbulos dinero municipal? Y no me refiero sólo a los políticos. Cualquier persona condenada por delitos económicos debería quedar inhabilitada para administrar nada, y aquí es donde venimos al caso Millet. No, no os dejéis engañar por la estudiada puesta en escena de sus abogados, presentándolo como un venerable abuelito casi homeless, con americana de pata de gallo y camisa arrugadas

Félix Millet entra en el Juzgado a declarar como imputado (19 de octubre de 2009)

porque don Félix, además de presidente de la Fundación Palau de la Música-Orfeó Català de la que se han desviado más de 10 millones de euros, presidía varias otras empresas y fundaciones, y eso que ya es un viejo conocido de los juzgados, pues ya fue condenado a dos meses de arresto por falsedad documental por imprudencia en 1985 por Renta Catalana (chollo que combinaba la estafa piramidal Madoff con el timo de la estampita) y se libró por los pelos de ser condenado por apropiación indebida de 300 millones del fondo de pensiones del antiguo Banco Consolidado. ¿Cómo es posible que este tipo no estuviera desde 1984 inhabilitado para presidir incluso su comunidad de vecinos? Con el dinero de otros, untó -presuntamente- a los partidos políticos de todo el espectro ideológico a través de sus fundaciones, desde la FAES del PP hasta el anecdótico Partido Independentista de Colom, pasando por CDC y posiblemente el PSC. Así se creyó a salvo y quizá por eso las primeras irregulardiades en el Palau se vieron en 2002 pero nadie hizo nada.

En un país democráticamente sano, un político acusado de corrupción dimitiría antes de ser juzgado y asumiría la responsabilidad de las decisiones de sus subordinados. En un país democráticamente sano, la ciudadanía exigiría eso de sus gobernantes. Pero como éste es cada vez más un circo de 44 millones de habitantes (en Biarritz y la Junquera en lugar de aduanas deberían instalar taquillas para vender entradas), el político condenado por corrupción en lugar de desaparecer de la vida política, saca pecho, se presenta a la reelección y gana de nuevo, a veces ampliando la distancia.

Tal vez es que el país entero huele a podrido y no hay nada qué hacer. O quizá el problema esté en que aquí no se han cortado cabezas nunca, que no hemos tenido nuestra revolución francesa y hay mucha gente que se cree impune, que se sabe impune, no sólo políticos. Bueno, nunca es tarde para inaugurar esa sana costumbre en la plaza del pueblo; tal vez no nos salve de la crisis, pero sin duda nos mejorará el ánimo ver desfilar a toda esa caterva de sinvergüenzas, desde políticos y funcionarios corruptos a sus corruptores, pasando por jueces indignos o vagos, banqueros especuladores y demás fauna que tan fuerte ha crecido por aquí. Porque, al final, la última palabra la tenemos los ciudadanos, y parece que últimamente estamos cometiendo cierta dejación de funciones.

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Temores políticos

Como casi todos sabéis, soy catalán. Pero, por muy nacionalista que sea, que lo soy, nunca he sido tan chovinista como para aceptar que el amplio paraguas de la patria cobija cualquier cosa, sea buena o mala. Y hay tendencias que asoman en la lontananza que me ponen los pelos de punta.

En 1833, Javier de Burgos, secretario de Fomento en el gobierno de Cea Bermúdez, establece una división territorial de España por provincias que, con muy pocas modificaciones, y estas mínimas, ha llegado hasta nuestros días. La división de Javier de Burgos es, básicamente, la que el gobierno del trienio liberal (1820-1823) intentó imponer en 1822 para sustituir la vieja división en reinos, pero que cayó antes de lograrlo.

Esta división provincial se hace sin apenas concesiones a la historia, por criterios geográficos y demográficos, nunca económicos -la economía nunca ha sido el fuerte de los políticos españoles-. El Estatuto de Cataluña de 2006 propone recuperar una vieja division administrativa catalana, en principio mucho más acorde con los distintos vínculos económicos, culturales e históricos que se dan en el territorio. Es la división en veguerías:

Mapa de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB)

Digo ‘en principio’ porque la realidad es que la división sigue primando los intereses de las ciudades frente al territorio, de manera que una veguería natural como sería la Penedès, integrada por el Alt y el Baix Penedès y el Garraf, con una fuerte identidad económica, histórica, geogràfica y climática, queda repartida entre otras dos entidades, Barcelona y Tarragona.

Administrativamente, Cataluña se organiza, ascendentemente, en municipios, comarcas y provincias, división esta que encontramos también en Aragón, Galicia (donde los municipios, además, se organizan en parroquias), Cantabria… en Navarra se habla de merindades, pero es lo mismo. El resultado está en que el ciudadano medio sostiene sobre sus hombros una administración municipal, otra comarcal, la diputación provincial, la administración autonómica, la central y la europea. Luego habrá quien se pregunte cómo hacemos los españoles para tener unas espaldas como remeros del Volga…

Por eso, la división en entidades menores no me parecía mala si sustituía a Comarcas y Provincias, y esto es lo que se dejó entrever durante la campaña del referéndum. El Consejero de Gobernación y Administración Pública, Jordi Ausàs, afirmaba todavía en noviembre de 2008 que las veguerías harían desaparecer a las diputaciones provinciales, aunque por motivos prácticos deberían convivir con la división provincial (distritos electorales), con lo que uno, que ya va conociendo el pelaje de nuestros políticos, se barrunta que aquí no desaparecerá nada y sufriremos otra administración sobre nuestras espaldas. Porque la cuestión hace mucho tiempo que dejo de ser resolver los problemas de los ciudadanos para pasar a ser un juego de las sillas musicales donde cada vez aparecen más culos candidatos y para los que hay que ampliar el número y el tamaño de las poltronas, y esto es como el precio del suelo en los años dorados del boom inmobiliario, que el ciudadano acaba pagándolo todo.

Con lo ocurrentes que son nuestros políticos en materia de inventarse puestos, prestos a nombrar un Ober Haupt General-Stats Canal-Navigations-Rath que dirija el tráfico fluvial en el canal Segarra-Garrigues (que se dedica sólo al riego), y el desencuentro entre el llano y la montaña, la costa y la tierra firme, encuentro más que verosímil la posibilidad de que la veguería de l’Alt Pirineu acabe abriendo oficinas diplomáticas y nombrando cónsul en Terres de l’Ebre y que las comarcas gerundenses intercambien legados con la veguería de Ponent. 

No contentos con endilgarnos un mamotreto más, se han devanado los sesos para ver cómo podían exprimir aún más una geografía no demasiado generosa en quilómetros cuadrados; ensayarán los frutos de ese esfuerzo en la veguería Alt Pirineu-Arán, y si el resultado es el esperado, vaticino una rápida implantación en el territorio. La ocurrencia es la capitalidad compartida -Tremp, Seu d’Urgell y Puigcerdà en Alt Pirineu-, y ya veremos cómo se adapta la realidad nacional aranesa en ese encaje de bolillos, que hace tiempo que dicen que esto de la veguería no va con ellos, que ellos son nación.

Por supuesto, esta organigrama septuplicado que haría suspirar de emoción al director general de la escuela de burocracia soviética se nutrirá de las nunca exagües reservas de parásitos que vivaquean en todos los partidos pegando carteles desde los catorce años, esperando una prebenda. Bien por oposición restringida, por artículo 33, puesto de confianza o cargo político, ya podemos prepararnos para lo peor. Lo que me extraña es que esta oficina de recolocación de tanto millón de inútiles que hay en todos los partidos políticos no haya sido inmediatamente adaptada al resto de administraciones españolas.

Todos con su coche oficial, claro, que hay más coches oficiales en España que en media Europa, y da igual del partido de donde se venga, de derechas, izquierdas o al tresbolillo, que catar poltrona y pedir chófer  se separan una semana. Quizá ese sea el plan contra la crisis del automóvil que meditado en despachos gubernamentales, aumentar la flota de coches oficiales…

Hoy me habla mi hermana de un pariente lejanoal que ya menté, que tardó siete años en hacer filolofía hispánica o catalana o historia o filosofía o qué sé yo, que se cambió tantas veces de carrera que podría abrir una oficina de orientación univesitaria. El tipo, bondadoso pero no especialmente brillante -intento suavizarlo-, metido en las juventudes de no sé qué partido desde poco después de destetarse, ha pasado de ser coordinador de distrito para la Tercera Edad (cargo real, por si alguien se reía de lo del Ober Haupt General-Stats Canal-Navigations-Rath bismarckiano) a adjunto de parlamentario, y ya me gustaría saber cuánto le pagarán por nada. No, mejor será que no lo sepa, porque la famosa escena de Apocalypse now parecerá el desfile del día del Orgullo Gay comparado con la que puedo organizar.

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Hay un empeño en entretenernos con una trama de sainete para que las hojas no nos dejen ver el bosque. Personajes estrafalarios con apodos que parecen salidos de una comedia de Valle-Inclán (El Bigotes, el Curita, el Albondiguilla) van protagonizando subtramas cada vez más esperpénticas en las que al final se pierde de vista el argumento principal de la operación Gürtel, que no es otro que una gran trama de corrupción que salpica al PP de media España y en la que presuntamente estarían empantanados desde el alcalde de Boadilla del Monte, Arturo González Panero, alias ‘el albondiguilla’ hasta el presindente de la Generalitat Valenciana, Francisco Camps, alias ‘el curita’, pasando por el tesorero del PP y senador, Luis Bárcenas, el diputado por Segovia Jesús Merino y el europarlamentario Gerardo Galeote. En este último caso, ya parecen que son negocios de familia, pues papá, José Galeote, ex concejal de Boadilla, y el hermanito, Ricardo Galeote, ex concejal de Estepona, también están imputados.

Cuando ya en febrero los nombres de Camps y Costa, empezaron a sonar, el presidente valenciano negó todas las acusaciones varias veces en el Parlamento autonómico; pese a todas sus protestas de inocencia y a la convocatoria de leales para vociferar su inquebrantable adhesión, fue imputado y tuvo que declarar ante el juez el 19 de mayo. Poco debieron impresionar al juez del TSJV, José Flors, las algaradas de los leales y el desfile de altos cargos a las puertas de los juzgados, pues el lunes 6 de julio decidió que hay indicios para seguir investigando a Camps, y la posibilidad de que el molt honorable y el secretario general del PP valenciano, Ricardo Costa, acaben calentado banquillo de acusados por cohecho empieza a asumir contornos bastante definidos. Si no os habéis enterado de este auto, no es culpa vuestra, pues el día que casi estalla la guerra civil en Honduras, que en una provincia china se desata una matanza con cientos de víctimas y que a Camps se le perciben ‘indicios racionales de delito’ no hubo en las televisiones españolas noticia más importante que la presentación de Cristiano Ronaldo.

Y aquí es entonces cuando doña Rita dio el zapatazo sobre la mesa. La alcaldesa de Valencia, que hasta ahora había ejercido de figurante en el desfile de autoridades y cargos del PP en apoyo manifiesto al líder injustamente acusado por esa caterva de rojos y masones revanchistas, ha decidido que la mejor manera de disipar la amenaza de juicio es encender el ventilador y esparcir su mierda en todas las direcciones y que nos salpique a todos.

Apenas conocido el auto del juez Flors, a doña Rita, que quizá esté mejor informada que los que se encastillan en defender desde el PP la intachable inocencia de Camps y por eso hasta ahora no había dicho nada, le pilla un calentón  y decide meter en el mismo saco las anchoas que el presidente de Cantabria regala a Zapatero en sus visitas a la Moncloa que los trajes que Camps siempre ha negado que le hayan regalado. El PP de Cantabria se desmarca de las “desafortunadas declaraciones” de doña Rita -por cierto, ¿soy yo el único que piensa que esta señora en algún momento pudo haberse llamado Manolo?- y la sede de Génova se echa las manos a la cabeza. No por la infamia que representa confundir los regalos institucionales que un representante público da a otro -caso de las famosas anchoas- con unos regalos que una empresa hizo a un político a cambio de unos favores, en este caso la concesión directa de la organización de eventos que se pagan con dinero público -y el dinero público, diga lo que diga la ex ministra Calvo, no es ‘dinero de nadie’, sino de todos-. No, no es esto lo que le preocupa al PP; es más, ya le va bien que a la opinión pública se le confunda lo legal con lo ilegal, lo blanco con lo negro y se le mezclen churras con merinas en una inmensa empanada mental donde ya nadie tiene claro nada, la vieja política del PP del todo vale y todo es un arma electoral, aunque ello envíe al traste la estabilidad política e institucional del país. Lo que le preocupa a Génova es que el exabrupto de Rita Barberá -que la prensa televisiva, como de costumbre, se ha tragado acríticamente sin analizarla en absoluto- reconoce ímplicitamente el delito que se acusa al muy honorable Camps.

Doña Rita, envalentonada, no sólo no se retracta, sino que se reafirma en su dislate, y propone incluso que se cambie el artículo 426 del Código Penal:

Artículo 426.

La autoridad o funcionario público que admitiere dádiva o regalo que le fueren ofrecidos en consideración a su función o para la consecución de un acto no prohibido legalmente, incurrirá en la pena de multa de tres a seis meses.

¡Sí, señora, con un par! Los tiene usted mejor puestos que muchos que se afeitan en su partido: “Si las reglas que hay me perjudican, se cambian y punto”. Nadie se ha escandalizado de semejante declaración de principios sin ningún tipo de principio moral, ético o democrático o con la malversación de fondos públicos a cambio de favores en metálico o en especies… aquí, nos entretenemos en el debate entre trajes y anchoas o en dilucidar si no sé quién acabará jugando de 7 en el Sporting de Vetera o de 9 en el Thundertentrockfussballclub. Y es que, como ya dijo el presidente de la Diputación de Castellón, con más causas abiertas que Julián Muños, a los ciudadanos les da igual si Camps y Fabra son corruptos, les siguen votando. Bueno, pues que se pare esto, que si no se bajan ellos, me bajo yo, pero en el mismo tren no podemos ir.

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Resultados electorales

Cuando llega el momento de analizar lo que periodísticamente ya se ha estereotipado como “la fiesta de la democracia”, todos han ganado las elecciones. Todos salvo IU, que siempre reconoce que ha perdido, pero IU es partido tan anómalo en el panorama político español que lleva desde 1990 exigiendo un Plan Urbanístico Nacional y desde 1998 advirtiendo de los desmanes que el ladrillo estaba provocando en toda España. Así pues, lo que IU haga no marca precisamente tendencias. Lo malo de los números es que son los que son y cuesta a veces bastante poderles hacer decir otra cosa para así vender una moto averiada a la parroquia.

Ni la edad nos hace acreedores de respeto, por más que se empeñen en ello mis dragones, sino nuestros actos, ni la juventud es mérito suficiente para casi nada; así, cuando las ejecutivas de los partidos son un puzzle de cuotas -tanto de mujeres, tanto de gays, tanto de católicos confesos, tanto de barones locales, tanto de jóvenes, tanto de familias de franquistas- no puedo menos que sospechar que la prebenda la tienen por pertenecer a alguno de los lobbies, y no por mérito alguno. Y cuando Leire Pajín quiere hacer de Pepe Blanco, que ya era un imitador malo de Alfonso Guerra no puedo sino preguntarme si no ganaría más el PSOE confiando las ruedas de prensa a Las Supremas de Móstoles.  Pues a las desafortunadas declaraciones -fruto de un deslumbramiento pasajero o quizá de un cambio en la medicación- en las que tildaba de acotencimiento planetario la breve coincidencia de Obama en la presidencia de EEUU y Zapaero en la UE hay que añadir la lectura de los resultados que la chiquilla ha hecho. Ya he dicho que es complicado poder ver el lado positivo de las cosas cuando te han tirado de las orjeas o te han zurrado la badana -según el periódico que  uno lea-, pero sacar pecho diciendo que el PSOE ha sacado el mejor resultado de todos los partidos socialistas europeos me parece tristísimo, pues no creo que sea manera de ir por la vida en ningún ámbito el estar satisfecho y encantado de uno mismo sólo porque hay a quien le va peor. Sólo una puntualización, y es que los laboristas malteses han obtenido un 55% de los votos, aunque supongo que los datos de Malta no son demasiado relevantes para nadie.

Tampoco estamos como para que una procesión de líderes, embajadores y prelados vengan a postrarse con una genuflexión ante el europeísimo celtíbero, pues si la media europea de participación ha sido del 43,01%, nuestro 46,02% no es para tirar cohetes y sí para reflexionar mucho. No digo que vayan a reflexionar nuestro líderes, pues estoy seguro de que la baja participación convenía a más de uno y ya miraban con recelo que la lluvia les vaciara las playas, pero sí debemos meditar los que mantenemos este tinglado con nuestros impuestos.  

En primer lugar, si la abstención tuviera escaños, de los 50 diputados que le corresponden a España por el Tratado de Niza, 27 estarían vacíos, 11 serían para el PP, 10 para el PSOE, uno para CiU y otro para IU, y aquí está todo el pescado. Y quizá deberíamos reivindicar un doble mecanismo, que la abstención tuviera representación y que cualquier ley necesitara un número mínimo de votos para ser aprobada; quizá así lograrámos que los políticos dejasen de desconfiar de la capacidad de sus gobernados y sudasen la camiseta para que votara todo ciudadano, porque a veces pienso que creen desde sus poltronas que lo que nos conviene es un despotismo ilustrado, que somos súbditos y que mejor que no nos metamos en política.

Pese a la euforia y la felicidad de los dos grandes partidos, no creo que ninguno de ellos tenga nada de que alegrarse, sino todo lo contrario. El PSOE pierde las elecciones y pierde escaños; encima, ha conseguido que una parte importante de su electorado haya preferido quedarse en casa, comer con los suegros, ir a la playa con los niños o apuntarse a una maratón de bailes de salón antes que asomarse por los colegios electorales. Especialmente doloroso y significativo es el porcentaje catalán, con una participación inferior al 38%. Ya Ana Botella dijo en una entrevista que ella y su marido supieron que perdían las geneales de 2004 cuando les dieron los datos de participación de Cataluña.

El PP bien haría en reservar el champagne para otra ocasión, que los resultados, pese a haber ganado, tampoco son un espaldarzo incontestable a su política ni a su oposición ni a su programa. Una cosa ha logrado, y eso hay que concedérselo, y es erigirse como partido único en Madrid y Valencia, como la encarnación del terruño hecho gaviota, pues la población ha votado en masa, respondiendo prietas las escuadras a las investigaciones de corrupción como si fuera una cuestión personal. 53,42 % de participación en la Comunidad Valenciana y 51,72% de participación en Madrid. Si con una crisis galopante, un gobierno enrocado en abrir frentes nuevos sin cerrar los viejos, una recesión inaudita, casi 4000.000 de parados… si con todo ello, el PP apenas logra rebañar 220.000 votos más que en 2004 es que algo les falla. Y que en Génova mediten si son Mayor Oreja y Vidal Quadras, Rayoy, Aguirre, Gallardón, Soraya o la alineación planetaria. Y quizá también deberían reflexionar sobre qué ha ocurrido en el Pais Vasco, donde han perdido cinco puntos y casi les supera Inicitiva Internacionalista.

En cuanto a los partidos minoritarios, los grupos de izquierdas, tanto IU como EdP, mantienen la representación pese a una leve pérdida de votos, mientras que los nacionalistas conservadores de CEU (Antes GALEUSCA, cuando también se presentaba el BNG en la coalición), aumentan ligeramente los votos, pese la bajísima particiapción en Cataluña (37,54%) y País Vasco (42%). Dados los resultados, y comparándolos con los de 2004, se intuye que todos ellos para las europeas sólo logran sacar del sopor a sus incondicionales, a los más fidelizados y que, o bien no consiguen transmitir su menaje europeo al resto de ciudadanos, o bien a los ciudadanos les trae al fresco el debate sobre Europa cuando lo que les pone es una pelea en el barrizal más próximo. Fianalmente, UPyD, logra un escaño es Estrasburgo como logró uno en Madrid en 2008 y otro en Vitoria en 2009, irrelevantes políticamente los tres, pero significativos. Ha conseguido 583708 votos, una tendencia alcista desde las legislativas, pero que difícilmente justifica el lanzar las campanas al vuelo y proclamarse alternativa al PPSOE, pues incluso Ruiz-Mateos en 1989 obtuvo mejores resultados que ella, 608560 votos y dos eurodiputados. Y eso sin crisis, que tiene más mérito.

El resultado es que hemos entregado la resolución de la crisis a los que, por acción u omisión, la provocaron, que esperamos la cohesión europea en quienes no la quieren y confiamos la Europa social en los que pretenden desmantelar el Estado del bienestar. Con todo eso, sólo se me ocurre concluir que lo que nos ocurra lo tendremos merecido.

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Elecciones europeas

Entre el triplete del Barça, la coronación de Florentino y el airbus abducido sobre el Atlántico, las elecciones al Parlamento europeo del domingo están pasando tan desapercibidas que la mitad de la gente todavía no se ha enterado de que hay elecciones, y de los que se han enterado o bien ha sido porque le ha tocado estar en una mesa electoral o bien están tan cabreados que, en el caso de que vayan a votar, puede muy bien ocurrir que la pugna por la victoria final no esté entre PSOE y PP sino entre el Partido Antitaurino y el Partido Caza, Pesca y Recolección. Al menos, el clima esta vez parece que rompe su acostumbrada alianza con la abstención y el aviso de lluvias y descenso de temperaturas impedirán que los políticos puedan poner, como es costumbre, el día de playa como excusa a lo apatía general.

Me reí mucho el otro día que leía en un blog cómo alguien se exclamaba por lo mal que lo habrán hecho los políticos para que los españoles, tan europeístas (sic), pasen tanto de estas elecciones. La verdad es que yo no sé si el autor de la reflexión es extranjero, vive en un universo paralelo y ha caído en este de casualidad o es que no se ha enterado de nada desde los Reyes Católicos, pues los españoles sólo nos acordamos de Europa para pedir subvenciones o para echarle la culpa de lo que no nos gusta, y da lo mismo que hablemos de un ministro que de un carnicero, el guion ha calado profundamente en toda Celtiberia.

El mantenimiento de la población en un desconocimiento apabullante de la importancia de lo que se cuece en Europa (“mientras haya burros, habrá quien vaya a caballo”, decía mi abuela), el desinterés y la desconfianza generalizados y el paupérrimo nivel de la campaña realizada por los que se creen partido único, PP y PSOE, ha hecho que los “debates” entre Mayor Oreja y Aguilar hayan sido superados en audiencia por la Carta de Ajuste, y es que al final había que ser muy fino para dilucidar si el domingo se adelantaban las generales, son una especie de primarias de New Hampshire o había un combate en el barro entre esos dos púgiles lamentables. El espectáculo que ambos han ofrecido ha sido tan nauseabundo que incluso los simpatizantes socialistas se sienten descorazonados -de los del PP no digo nada, porque ya sabemos que les va ese rollo sadomaso y que para ellos, con tal de volver al poder, todo vale, incluso culpar al presidente del gobierno de un asesinato terrorista-. Y eso ya sin entrar a calificar los sonrojantes análisis de geopolítica internacional de Leire Pajín, que es para ponerle una multa por abochornar a los que le pagamos el sueldo de senadora y enviarla de vuelta al parvulario. Entrecomillo debate porque, como muy bien dijo ayer Antonio Rico no han sido más que farsas de discusiones, encastillados ambos en el “y tú más” de Falcons, Fundescamps, pasajes en AVE y demás estiércol patrio que no creo que sean unas europeas momento para aventarlo. De hecho, tras el indecente comportamiento de los sinvergüenzas de ambos partidos en esta campaña, todo el país huele a mierda, porque nos han salpicado a todos con las defecaciones que han puesto delante del ventilador, y se merecerían ambos un voto de castigo tan duro que no les quedara más remedio que reconocerlo públicamente y dejarse de las zarandajas de siempre de que todos han ganado en la “fiesta de la democracia”. Porque no es ninguna fiesta de la democracia hacer todo lo posible porque el votante con un mínimo de criterio de quede en casa de puro asqueado.

Por suerte, pese al intento de ambos por repartirse la parroquia mano a mano, ignorando cualquier otra alternativa, y pese a la brutal campaña de las Brunetes mediáticas de uno y otro bando por hacer comulgar a los cabreros con la rueda de molino de que tenemos un bipartidismo a la yanki, existen alternativas en las que depositar nuestro voto -que no nuestra confianza- sin tener que acudir a friquismos más o menos entrañables como los Panteras Grises o el ruso Partido de los Amantes de la Cerveza. Existen otros partidos que han hecho una campaña digna, aunque nadie se haya enterado, con un programa y una idea de Europa, y que pueden defender nuestros intereses tan bien o mejor que ese par de desvergonzados: IU, partidos nacionalistas de centro-derecha o de izquierdas… Pero no perdamos de vista lo que ha pasado en Holanda, donde la derecha populista , el Partido de la Libertad, es la segunda fuerza más votada.

Desde los sectores más recalcitrantes de la derecha ibérica, pese a la simpatía con la que ven al que vivió el franquismo como un tiempo de extraordinaria placidez, por mucho que ahora diga que nunca lo dijo, están poniendo sus ojos en partidos integristas como AES, Familia y Vida, UPyD o alguno de los Cien Mil Hijos de la Falange. Aunque, evidentemente, la extrema derecha holandesa, que fue dirigida por un homosexual declarado, poco tiene que ver con la ibérica, rancia y alcanforada, de discursos impostados a lo Girón de Velasco. O con el polaco LPR, Liga de las Familias, que entró en la coalición de los hermanos Kaczysky y que ensalzó la dictadura franquista en la eurocámara. No tienen nada que ver, o quizá sí, pero conviene no perder de vista que sino queremos una Europa tan escorada al extremo centro debemos ir a votar el domingo.

Estamos cabreados con la campaña del PSOE, pero nuestra respuesta no puede ser quedarnos en casa y dejar en manos de Mayor Oreja, la Falange y Rosa Díez decisiones que nos afecten tan gravemente como el asunto del estado del bienestar, de los derechos sociales y laborales… Podemos y debemos darle una colleja a esta forma de hacer política indigna, pero no desentendiéndonos. IU-ICV, CiU, ERC, BNG, PNV, Verdes… Por favor, que el 7 de junio la protesta y el hartazgo se reflejen en una participación masiva, y no en un monumental atasco rumbo a las playas.

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El cementerio de elefantes

Hace unos meses, el melifluo Ansón reconoció en un programa tan acorde a sus méritos como es La Noria

que la prensa conservadora tomó el relevo de generales y obispos en la santa labor de salvar a España, piensen lo que piensen los españoles. La voluntad de los votantes les molestaba y decidieron que había que moldearla para conseguir sus objetivos. Por suerte, lo lograron, y de qué manera, que ahora puede uno encontrarse oximorones tan pintorescos como parados sin formación forofos de ansar. Y digo por suerte porque no creo que les hubiera importado seguir la senda del general bajito, ahogar media España en sangre si con ello la salvaban. Como el emperador Fernando II, “antes rey de un desierto que emperador de herejes”

No debe, pues, extrañarnos, que ansar, cuando se le pregunta por la crisis, ofrece como primera solución que cambie el Gobierno, menospreciando que es la voluntad libre de los ciudadanos la que le echó en 2004 pegándole una patada en el culo de Rajoy y que es la misma voluntad libre la que ha votado mayoritariamente el Gobierno que tenemos o padecemos. Ya sabemos que al desbigotado bocazas -y sus desvaríos no siempre tienen la excusa de haber sido invitado a una cata de vinos- le asoma el pelo de la dehesa falangista cada vez que una votación no da el resultado que sus cortesanos le predicen, como cuando Mayor Oreja no logró ganar en 2001 en el País Vasco, y ansar se despachó con un despectivo: “La sociedad vasca no está suficientemente madura” .

El PP ha decidido plantear ante la opinión pública que todo es un plebiscito contra el Gobierno, ya sea la crisis económica, la elección de presidente de la comunidad de 13 Rue del Percebe o el resultado de la Champions. Y lo más curioso es que a menudo consigue vender ese humo, como cuando afirma como rotunda victoria lo que fue a todas luces el clamoroso desastre electoral de las elecciones vascas, y pretenden plantear las elecciones europeas como un referéndum, como si el resultado, si les es favorable, claro, obligara a convocar elecciones. Y habremos de escuchar a González Pons exigirlo. Y,  si no, al tiempo.

¿Qué es Europa para España? Escuchando ayer el debate de Mayor Oreja y López Aguilar no pareció que ni siquiera existiese, pues las controversias fueron estrictamente españolas, con la obsesión particular del añorante de la extraordinaria placidez franquista por la Una, Grande y Libre de sus amores y el otro siguiéndole el juego. Para los políticos españoles, del color que sean, si no existiera Europa, habría que inventarla, pues todo lo malo e impopular puede achacarse a ‘directivas europeas’ y sacudirse las responsabilidades de encima, mientras debajo de la mesa extienden la mano esperando el cheque que venderán como triunfo personal. Incluso puede utilizarse Europa para golpear al Gobierno, como hizo ayer el afónico Alejo Vidal-Quadras, hablando de una política agraria que condenó el PP y que Espinosa intenta levantar como puede. Pero ya sabemos que, en política, la verdad no es imprescindible. Y mucho menos cuando las hemerotecas son menos frecuentadas que la capilla de un burdel. Para los políticos españoles, además, es el cementerio de elefantes donde mandar a los compañeros que se quiere jubilar, una canongía de lujo, que prebendas, dietas y beneficios más que jugosos. Esa sensación de que Estrasburgo es la Florida de los políticos europeos, un retiro dorado, es una astuto logro para que la gente se desentienda de estas elecciones, considerándolas baladíes, lejanas o triviales, que sólo voten los que estén convencidos, que suelen ser los forofos. Prietas las escuadras. Y error gravísimo será caer en esta trampa, pues muchas de las cosas que nos afectan se aprueban o se detienen en el Europarlamento. Por ejemplo, el famoso horario de 65 horas semanales propuesta por británicos y polacos en el Consejo de Ministros fue tumbada en Estrasburgo, y ambos amenazaron con presentarla de nuevo ‘cuando convenga’. O sea, cuando la relación de fuerzas en la cámara les garantice éxito en sus intenciones. El PP no se desmarcó entonces de la propuesta, y ahora arremete contra subsidios y derechos sociales adquiridos… ¿Soy yo el único que suma 2+2 y que se aterroriza ante la perspectiva de una mayoría ‘popular’ en la eurocámara? No entiendo como el neocon (que no conservador) es una opción de voto en esta coyuntura de crisis, cuando muchos se relamen pensando cómo, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, la van a dar un recorte de espanto al Estado del bienestar. ¡Y con el beneplácito de las víctimas! La labor de la prensa de partido ha sido magnífica para domeñar conciencias y someter inteligencias, un guion que cada vez más me recuerda a cómo se aprovechó el 11-S para, con la mala excusa de la seguridad, apresurarse a recortar derechos civiles con el aplauso de la ciudadanía, debidamente aterrorizada.

¿Qué Europa queremos? ¿Una asociación comercial de Estados? ¿Un marco para que el holding industrial-financiero haga y deshaga a su voluntad? ¿Una realidad cultural, política y social? Pocas veces como ahora han sido estas elecciones europeas tan importantes, y por razones mucho más amplias y profundas que la cicatera visión local en la que se han enzarzado PP y PSOE, unos por plantearlas como unas primarias a las generales y otros por aceptar ese envenenado esquema. Curiosamente, IU y los distintos partidos nacionalistas son los que más claro tienen la trascendencia de estas elecciones, y quizá por ello apenas se les escucha -o se les deja hablar-, mucho más interesados en lo inmediato y en el ombligo ibérico que en el contexto general. Mientras nos entretienen con una versión cutre de Pimpinela desgranando sus desamores y desavenencias conyugales en el escenario, o con si Ronaldo o Messi, entre bambalinas se cuece algó mucho más grave, que es la voluntad firme de desmanteler la Europa del bienestar.

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