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Archive for the ‘religión’ Category

Religiosidad

Releía este fin de semana, aprovechando que finalmente el clima ha empezado a ceder en su terquedad ante el calendario, La palabra del predicador. Contrarreforma y superstición en Cataluña (ss. XVII-XVIII) del historiador Martí Gelabertó, publicado por ed. Milenio en 2005. La labor científica del dr. Gelabertó se ha centrado en un aspecto de la historia de las mentalidades que es la religiosidad y las creencias de las clases populares, de clases que, como dicen Raimon, “llaman subalternas (…), de gente sin místicos ni grandes capitanes, que nacen y mueren en el anonimato”. Ginzburg, Bajtin, Mollet desbrozaron el camino allá por los setenta iniciándolo en la Baja Edad Media y el Renacimiento, camino que a algunos les ha llevado a la Alta Edad Media (ORONZO, Giordano: Religiosidad popular en la Alta Edad Media) y al dr. Gelabertó a la Edad Moderna.

Mi pasión por la historia no justificaría la petulancia de pretender reseñar el libro que cito ni la trayectoria científica del autor, cuyas aportaciones, pese a lo aparentemente locales, son capitales para la historia global de esa historia de las mentalidades en la Edad Moderna. Por si a alguien le interesa, dejo el enlace de un artículo suyo que puede encontrarse fácilmente en internet.

Tempestades y conjuros de las fuerzas naturales. Aspectos mágico-religiosos de la cultura en la Alta Edad Moderna”, en Manuscrits: Revista d’Història Moderna, nº 9 (1991)

¿A qué viene esta larga introducción? A ello voy, a ello voy. Cita Gelabertó a un dominico que, de viaje pastoral por el Pirineo catalán, se lamenta de que, preguntando a esos crisitanos viejos por las personas de Dios, responden que son

una, cuatro, cien o cualquier otro disparate.

y es que la formación religiosa de las clases populares había sido bastante más que desatendida durante siglos, empantanados en elitistas disputas teologales. Franciscanos, jeusitas y dominicos emprendieron lo que denominaron ‘misiones interiores’, un intento de reevangelización rural, pues las prácticas religiosas de fieles y sacerdotes estaban más cerca de la magia que de la fe. Un ejemplo típico de práctica de magia simpática -lo semejante provoca lo semejante- que ha perdurado hasta nuestros días era el de asperjar agua bendita sobre la imagen del santo o virgen para obtener lluvia sobre las cosechas…

Los misioneros reconocían el fracaso de sus expediciones al agro; si ni siquiera lograban que los sacerdotes renunciasen a la práctica de doblar las campanas para ahuyentar tormentas, mucho menos podían conseguir de los fieles que no le reclamasen esos y otros conjuros a su párraco, devenido casi chamán.

¿Qué es lo interesante de esta historia? Pues que este pueblo analfabeto en lo doctrinal pasó de ser algo vergonzante para sus obispos a paradigma de buen cristiano en apenas dos décadas, cuando se echaron al monte, trabuco al hombro, en nombre de la religión y la fe sin entender una ni otra, contra franceses primero y en la partidas carlistas después. El adoctrinamiento de esta España rural ya no era tan importante como su uso político, y quienes décadas antes habían escandalizado a los predicadores por su ignorancia absoluta de las cuestiones más elementales de la fe, por arte de birlibirloque, se habían convertido en depositarios de las esencias del cristianismo ibérico y de la verdadera fe. No es que hubiese habido en tierra hispana una segunda venida del Espíritu Santo que hiciera que los Bartolos, Joaniquets, Patxis y Xosés dejaran de despiojarse a la sombra de un roble o una encina para ponerse a debatir de repente sobre el origen de la soberanía o el dogma de la Inamculada Concepción, sino que, simplemente, el mundo había cambiado y ellos no, y los que no querían que el mundo cambiara hallaron en ellos instrumento adecuado a sus propósitos.

¿A qué viene todo esto? ¿Por qué todas estas reflexiones? Por la manifestación del sábado. No por ridiculizar a los que lícitamente se oponen a la modificación de la ley del aborto, sino por meditar sobre el origen genítido cultural de quienes fueron allí sin saber muy bien a lo que iban, cargados en autobuses bajo promesa de bocata como hace unos años fueron cargados contra la ley que denominaba matrimonio a las uniones heterosexuales y homosexuales, y como dos siglos antes habrían sido reclutados en partidas carlistas por sesudos teólogos de reconocido prestigio como el cura Merino o el Trapense… Bastaba oír las declaraciones de los que iban allí para ver que o no se habían enterado de nada o alguien se había empeñado en que no se enteraran de nada. Pero, en cualquier caso, tampoco hacía falta mucho, que lo importante era estar cerca del líder mundial, del mesías desbigotado, tocar el manto a quien, bajo cuyo mandato se provocaron 500.000 abortos sin que los organizadores del festival del sábado considerasen que hubiera que protestar, pues, “no vamos a salir a la calle todos los días“. Otro día hablaremos del sistema métrico popular.

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Una interesante creencia germánica que ha pervivido de un modo u otro hasta nuestros días, y que tiene paralelismos con otras creencias similares célticas y romanas, es la del Ejército de los Muertos, también conocido Ejército de Wottan o la Cacería Salvaje. Cabalga de noche este ejército, acopañado de perros y lobos, anunciando desgracias y catástrofes. O simplemente esperando una respuesta, como el ejército con el que Jung habló durante siete noches, Septem sermones ad mortuos, 1916.

Especialmente peligrosas eran las Raunächten, la Noches Rudas, de los doce días de Jul, del 21 de diciembre al 3 de enero, en que los reinos de los muertos abrían sus puertas y estos cabalgaban (si venían de Asgard) o vagaban (si salían de Helheim) o acechaban las costas (si eran huéspedes de Ranna), y mataban o se llevaban a su reino a cualquiera que fuera tan incuauto de permanecer sin protección días tan infaustos.

Si bien es llamado ‘Ejército de Wotan’, varias sagas dicen que lo guía la diosa Hell, y por eso se llamó Hell-tegn o Hellekin o Heirlekin, ‘el séquito de Hell’; en la Edad Media, perdido el significado original, se le incorporó el término ‘mesnada’ que, en rigor, no es sino un pleonasmo, dando la célebre Mesnie Hellekin o Mesnie Hierlekin. Y de aquí toma su nombre la fígura triste y trágica de la Commedia dell’Arte, el Arlequín.

Picasso, “Los tres músicos” (1921). (MOMA). Los músicos son Apollinaire (Arlequín), Pierrot (Picasso) y Max Jacob (El monje). Apollinaire había muerto en 1918.

El mito de la Caza Salvaje lo encontramos todavía en Inglaterra, en Alemania, en Francia, en Escandinavia… pero también en España, en la figura catalana del Conde Arnau, condenado a cabalgar eternamente sobre un caballo negro al que le salen llamas por los ojos y la boca, acompañado de un séquito de perros diabólicos y una tropa de condenados, salidos del infierno la Noche de San Juan.

Pero el Conde Arnau, así como sus homólogos el conde Arnald de Borgonya, o la cacería de la reina Berta, no sólo es heraldo de infortunios. Antes de ser perfectamente demonizadas todas estas apariciones por la religiosidad organizada de la Iglesia Católica, se veía en estos espectros y sus huestes a héroes de la independencia del país (Arnau moriría luchando contra sarracenos, la Reina Berta contra invasores del lombardos…)

En muchas partes de Europa, estas huestes de salvajes guerreros liderados por un importante señor salen cada cierto tiempo de sus túmulos o montañas para cumplir un cometido.  La montaña es el túmulo por excelencia, y allí duerme todavía el emperador Federico Barbarroja antes de su regreso. Y no olvidemos en Tolkien los muertos de la montaña (El retorno del Rey).

Este ejército de muertos, azuzando sus perros por los cielos nocturnos, tiene su paralelismo celta en Cŵn Annwn, literalmente los ‘Perros del Inframundo’, dirigidos por Gwyn ap Nudd, rey de los Tylwith Teg, el Pueblo Encantado (elfos, genios, hadas…, pero nada edulcorados). El rey Gwyp ap Nudd escolta las almas de los muertos hasta Annwn, con un papel psicopompo evidente y que otros han querido ver en la gallega Santa Compaña. Durante el Samhain, el año nuevo celta (del 31 de octubre al 7 de noviembre, a medio camino entre el equinoccio de otoño y el solsticio de invierno), una de las dos grandes fiestas anuales celtas, de una semana, que concluían con la ‘fiesta de los espíritus’; se suponía que, como en el Jul germánico, las puertas de Annwn se abrían para que los vivos pudieran hablar con sus antepasados, aunque también salían del inframundo al mundo seres no tan benévolos, cuya caza y regreso se ecomendaba al rey Gwyp ap Nudd y sus perros.

También para los romanos había tres días al año en que los muertos vagaban libremente, el 24 de agosto, el 5 de octubre y el 8 de noviembre, cuando se abría las puertas del ‘mundus’, el monumento sagrado más arcaico de Roma, un pozo al pie del Capitolio, cubierto por un templo y que ponía en relación a la ciudad con sus muertos, al mundus con el inframundus. Con las rituales palabras mundus patet, abría durante tres días al año y los manes salían libremente de la boca del pozo.

Para celtas, germanos y romanos, los habitantes del inframundo son potencialmente peligrosos; con el fin de aplacarlos, los romanos celebraban del 13 al 21 de febrero las parentalia o Fiestas Parentales, en honor de los parientes difuntos, visitando sus tumbas y celebrando sobre ellas sacrificios ofrendas y banquetes, que concluían el 21 de febrero honrando a los manes, espíritus de los antepasados, y con un sacrificio a Mania Técita, diosa de la muerte. Los rituales eran muy precisos y cuenta Tácito que un año que no se desarrollaron como se debía, los muertos se rebelaron exigiendo el debido respeto, y tan asentada estaba la tradición en la mentalidad romana que el obispo Cesáreo de Arles (470-543), transcurridos más de 100 años tras la proclamación por Teodosio del cristianismo como única religión oficial, en sus homilias reprochaba a sus conciudadanos que siguieran practicando banquetes rituales sobre las tumbas de sus muertos ( GIORDANO, Oronzo: La religiosidad popular en la alta edad media).

Los germanos seguían también rituales complejos en sus funerales, sobre todo con los muertos que en vida habían sido de difícil trato, tomaban especiales medidas de protección, como clavarlos con una estaca en el suelo para que no se movieran y regresaran a molestar a los vivos, a alimentarse de ellos.

Temor y familiaridad al mismo tiempo, pero celtas, romanos y germanos tienen un mismo tabú al respecto: si bien el inframundo puede ponerse en contacto con el mundo, nunca debe aceptarse nada de lo que los muertos ofrezcan. Perséfone no debía comer nada para poder marchar libremente del Hades, ni debe tampoco provarse comida del reino de las hadas. En Galicia, si alguien se encuentra en una solitaria iglesia una Misa de Ánimas no debe aceptar nada de sus asistentes, ni agua bendita, ni un rosario, ni una flor, pues lentamente acabará incorporado a la Santa Compaña. Los muertos recalcitratnes, aquellos que no fueron buenos vivos y no saben ser buenos muertos, tienden trampas a los vivos en todas las tradiciones, porque se sienten solos, o porque añoran la vida que tuvieron, o para nutrirse de vidas ajenas… y por eso conviene rechazar sus regalos, sus ofertas y sus tratos, pues no tienen otro bien que el suyo propio, y no suele coincidir con el de los vivos.

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Comuniones

Mediada Semana Santa, uno atisba ya las orejas a mayo, agazapado en el calendario. Mayo huele a domingueros, a mesa plegable en pinar cutre, a hombros blancos desnudos, a excursiones de viejos y crios, a alergias y estornudos. Y a comuniones. De hecho, toda la primavera huele a comuniones. Pero no como ritual religioso, sino como fiestorro y despitorre.

En el montaje de todo el tinglado es esencial la nueva interpretacion de la adolescencia como desiderata absoluta, tan absoluta que roba la infancia a los niños, convirtiendolos a los siete años en prepuberes, y la madurez a los jovenes, eternizandolos como tardoadolescentes hasta la crisis de los cuarenta y mas alla. El mocoso que comulga -mejor sera no preguntarle que es lo que esta comiendo si no queremos descristianar definitivamente- ya no es niño, ni ‘comulgante’, sino un pre-novio, y desde esta premisa se construye todo el artificio, atuendos, regalos y banquetes.

En la prensa local, los restaurantes ya ofrecen desde marzo sus salones mas empingorotados para el evento, pues lejos quedan los dias en que era una fiesta modesta, una comida con la familia mas cercana, tios y primos a lo sumo,  nunca mas de cuarenta invitados, no pocas veces en el salon familiar. Ahora, los asistentes al convite se cuentan por decenas, a menudo llegan al centenar, todo un dia de jolgorio en el que la ceremonia religiosa propiamente dicha es a menudo un impertintente tramite con el que hay que tragar, pero que dure lo menos posible, que ese cabrito del cura se aprovecha cuando tiene la iglesia llena dos veces al año para endilgar el sermon mas largo.

No es cuestion de andar acusandose leoneses, catalanes, andaluces o murcianos de perseverancia en el disparate, que no hay idiosincrasia iberica que este libre de culpa, distinguiendose unas de otras por la gastronomia, y eso solo si tiene la region plato de fiestas de guardar, y por los entretenimientos que ofrecen a los niños para que sus padres se los puedan quitar de encima, capeas unos, musica en vivo o diskjockey otros.

Es fruto de años y años de estirar mas el brazo que la manga, de pedir creditos para las cosas mas absurdas, pues en este pais no habia ocurrencia a la que no se creyera que uno tenia derecho constitucional ni banco que no financiara el dislate, desde la fiesta de puesta de largo de la niña hasta las vacaciones en Cancun, y que entre medio cada cual disparate como mejor se le ocurra, que la realidad supera a la ficcion, ya sea cambiar los muebles del salon que estan nuevos pero me he cansado del color o bien presumir de perro de raza ante vecinos y cuñados -extremo este confirmado por empleado de financiera-, y sube mortero p’arriba, Juan, que esto lo paga el banco, que hoy tiramos con polvora del rey. Aunque parece que este año la polvora esta mojada.

Siguiendo con el robo de la infancia, el pre-novio viste en consonancia, como un adulto en miniatura, por aquello que los nuevos pedabobos los llaman ‘personas pequeñas’ , empeñados en erradicar la palabra niño por connotaciones que solo ellos adivinan, pero que han de ser ser perniciosisimas y marcar a fuego para siempre al que lleve ese sambenito terrible, esa letra escarlata. Y alla andan ellas, como bomboneras, imitaciones malas y barrocas de Sisi emperatriz, con lazos y satenes y velos y encajes y flores y guantes y que se yo que mas;

que me dicen, para confirmar mi tesis, que el disfraz vestido lo compran ya en Pronovias. Cosas vederes, Sancho amigo… Y ellos, que por no ser menos, de riguroso smoking, con sus gemelos y todo -aunque les siente como caido de un septimo piso, o como a un Cristo dos pistolas-,

 

Trajes de comunión para niños

cuando no los embuten en un chaque, o los atavian de almirante en jefe de la Hochseeflotte,  que lo de marinero suena a poco para mi Kevin.

Lo ultimo de lo ultimo, lo mas ‘in’, completado el banquete de siete platos y el traje de diseñador, es tener la lista de comunion, en el Corte Ingles a poder ser, con la consola coronando la hoguera de vanidades.

Anda ya tan perdida la razon catolica del asunto que ha devenido la fiesta en derecho inalienable del mocoso o mocosa, que quien es el cura para decir que mi niño no la hace como todos los demas, que no me venga con monsergas como eso de estar bautizado, que son todo excusas. Y asi acaban ocurriendo cosas como al energumeno del Macondo montaraz de mis dragones, que salio enfadadisimo del recien abierto juzgado porque se negaron a celebrarle a su niña una comunion civil. Y es que hay gente que hace mucho tiempo que ha perdido todo contacto con la realidad, mas o menos el mismo que hace que tiran de tarjetas de credito.

NOTA: Espero que me disculpeis, pero mi ordeñador no me deja hoy poner tildes…

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Aborto

Preguntas como “¿Has dejado de beber coñac por las mañanas?” no pueden responderse con un ‘sí’ o un ‘no’, y lo mismo ocurre con la cuestión que la ministra Aído y los epíscopos han coincidido en poner sobre la mesa como de inaplazable relevancia. Podríamos debatir aquí la curiosa coincidencia de que los grupos anti-abortistas sólo hallen motivo de manifestación cuando gobierna el PSOE, que en ocho años de gobierno del PP ni chistaron para pedir la derogación de la ley. Y también podríamos debatir cómo esas señoronas de astracanes que vociferan recién salidas de la peluquería parece que en realidad están pidiendo “Aborto sólo en Londres”, como antaño. Pero no entraré allí.

No creo que nadie en su sano juicio se plantee el aborto como un método anticonceptivo, por más que nuestros trabucaires obispos y sus voceros del PP así lo proclamen. No soy mujer (evidentemente), pero supongo que ha de ser una decisión dura de tomar y con secuelas físicas y sicológicas, por lo que criminalizar en conjunto a quien haya tomado esa decisión me parece, como mínimo, injusto. Como se hizo mediáticamente con el caso de las clínicas abortivas de Barcelona.

Las palabras significan lo que significan, y no otra cosa, y cuando se elige una palabra es para acotar al máximo el concepto, no para sembrar la confusión. Así pues, en España, por más que los grupos pro vida griten lo contrario en sus manifestaciones, el aborto no está legalizado, sino despenalizado, y aún así sólo en determinados supuestos, pues el Estado no puede considerar que matar sea legal . Se me replicará posiblemente que el resultado es el mismo, pero no hablo de resultados, sino de conceptos.

Como conceptualmente repele el draconiano rigorismo actual la Iglesia. No porque se erija en defensora de la vida, pues han pasado los tiempos de la cruzada albigense y el asalto de Beziers y posterior ejecución de los habitatnes de Beziers en 1209, cuando según la crónica de Cesáreo de Heisterbach, dijeron que el antiguo legado  papal y dirigente de la Cruzada Arnaud Amaury resolvió la cuestión de dirimir entre herejes y católicos con el ya célebre
“Matadlos a todos, pues Dios conoce a los suyos.”  Frase que, por otra parte, es posible que jamás pronunciara, pues el cronista cisterciense autor de los Dialogus miraculorum relata la campaña quince años después.

También han pasado los tiempos en que el canónigo de Salamanca, José Artero, en el acto de “reconciliación” de la catedral de Tarragona, considerada profanada (21 de enero de 1939), se despachó con un cristiano y caritativo “¡Perros catalanes, no sois dignos ni del sol que os alumbra!” (RAGUER, H: La pólvora y el incienso. La Iglesia y la Guerra Civil española).

No debe sorprendernos la oposición de la Iglesia, pues siempre ha sido unánime en rechazar esta práctica. A lo sumo, se enzarzó en debates sobre cuándo el embrión dejaba de ser potencia para ser individuo en acto, y San Agustín (s. IV) admite que sólo a partir de los 40 días se puede hablar de persona, y Santo Tomás (s. XIII) que no es hasta esos 40 días tras la fecundación que le es infundida el “alma racional” al feto. Esta fue la posición oficial de la Iglesia desde el concilio de Trento, pero otros teólogos, basados en la autoridad de Tertuliano o de San Alberto Magno, defendían la hominización inmediata, o sea que desde la fecundación ya se trata de un ser humano en proceso. Esta tesis fue asumida por Pío IX en  la encíclica Apostolica Sedis (1869). Pero nunca fue objeto de disputa que matar a un individuo fuera pecaminoso.

Lo que desconcierta es el rigor con que determinados sectores católicos tratan la cuestión, pues la excomunión latae sententiae que prescribe el canon 1398 para quien procure el aborto -canon promulgado en 1983 durante el papado de Juan Pablo II y todavía en vigor, perfectamente coherente con la línea ultraconservadora de ese pontificado- , subvierte una tradición casi milenaria de la Iglesia católica, desde la reforma gregoriana (ss. XI-XII), en que se sustituye unas penas basadas en el pecado -la época de los Penitenciales, como el de Burchard de Worms (950-1035), verdaderos recetarios)- por otras basadas en el pecador, en el que se tienen en cuenta las circunstancias.

Y este debate está vivo entre la jerarquía eclesiástica, y ha sido azuzado últimamente por la excomunión que el arzobispo de Recife, José Cardoso Sobrinho, lanzó a la madre y a los médicos que interrumpieron la gestación de gemelos de una niña de 9 años violada su padrastro. El prelado, no contento, dio publicidad a su decisión, pues es su deber “alertar al pueblo, para que tengan temor a las leyes de Dios”. 

El presidente de la Academia Pontificia para la vida, el arzobispo Rino Fisichella,

abrió la caja de los truenos en una carta publicada en el periódico vaticano, L’Osservatore Romano:

Se ha resentido la credibilidad de nuestra enseñanza, que a muchos les ha parecido insensible, incomprensible y privada de misericordia.

 y, dirigiéndose a la niña,

son otros los que merecen la excomunión y nuestro perdón, no los que te han permitido vivir y que te ayudaron a recuperar la esperanza y la confianza.

La batalla está servida. El sector ultraconsevador, perfectamente representado en la Conferencia Episcopal Española por su presidente, el cardenal Rouco y su secretario, el obispo auxiliar de Madrid Camino,

han azuzado sus perros de la guerra mediáticos para exigir la cabeza de Fisichella. Y no habrán de parar hasta lograrlo. En esta batalla no importa frivolizar sobre la violación de la niña, relativizando crímenes con nauseabunda superficialidad, pues el aborto no es visto por ese sector ultraconservador como una cuestión doctrinal, sino como un arma más con que desmontar el Concilio Vaticano II.

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Yo no duermo, caigo inconsciente. Por lo tanto, nunca recuerdo nada de lo que sueño. A lo sumo, siento vagamente al despertar como se deshilachan y desvanecen las hebras de un pensamiento extraño, y lo atribuyo o bien al rastro de un sueño, bien a una cena indigesta. Por eso ando toda la semana perplejo de recordar aún con viveza ciertos detalles con los que me desperté el domingo.

Decía Freud que las tres grandes humillaciones que había sufrido la humanidad fueron cuando Galileo demostró que no somos el centro del universo, cuando Darwin descubrió que no somos la cumbre de la creación y cuando él mismo, Freud, determinó que no controlamos nuestra propia mente. 

No sé si es la humillación de no entender los códigos que nosotros mismos creamos o la esperanza de hallar mensajes ocultos que revelen nuestro futuro el que nos lleva a empeñarnos en interpretar los sueños. Y es que si algo se nos da francamente mal a la Humanidad es predecir el futuro, incluso con el apoyo de las mejores técnicas y de la tecnología más avanzada, véase, si no, las predicciones meteorológicas o las de los analistas económicos. Las de la Bruja Lola tienen la misma credibilidad.

La tradición judeocristiana tiene una relación ambivalente con los sueños. Sus libros sagrados, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, recogen más de 1500 referencias a sueños y visiones, unos positivos y otros negativos, unos de mensaje clarísimo, como el que conmina a José a llevarse a Jesús y a María a Egipto para evitar la persecución de Herodes (Mt, 2: 13-23); otros, son mensajes más o menos obvios, como los sueños de José que le costaron acabar en el fondo de un pozo (Gn, 37:1-11). Otros en cambio, requieren ya del concurso de los sabios y profetas para desentrañar su significado, los que interpreta José en Egipto (Gn 40, Gn 41), el sueño de Baltasar, (Daniel 5: 1-31)… Para la Cabala, al ser el mundo sensible una ilusión y una residencia temporal, los sueños y los ‘estados de sueño’ son igual de importantes que nuestros estados conscientes, y establece que la interpretación es más importante que el sueño en sí mismo. Es interesante señalar cómo la interpretación recae no sólo en los grandes profetas y sabios, sino a menudo en el jefe de la familia, como es el caso de Jacob en Gn. 37, 1-11.

El sueño de Jacob, José de Ribera, 1639 (Museo del Prado)

Y es que el padre de familia hebreo, como el pater familias romano o el bondi nórdico es quien dirige el culto privado del grupo familiar -grupo extenso, que agrupa a familias asociadas, criados, esclavos…-, con ciertas atribuciones sacerdotales. Entre ellas, la adivinación.

En Grecia y Roma se distinguen claramente dos tipos de sueños, los que son fruto de las actividades cotidianas y los que estarían inspirados por los dioses. Hipnos, hijo de Nix, la noche, es el sueño, y tuvo mil hijos, los Oniros, personificaciones de lo que ocurre en los sueños, de los que concemos el nombre de Morfeo, Iquelo, Fantaso y Alcíone, los principales, que se encargan de los sueños de los dioses y los reyes, dejando para los otros oneiros las noches del resto de los mortales. Iquelo, llamado por los mortales Fobetor, “el que espanta” que se aparecía en los sueños de los dioses como serpiente, dándoles pues, un significado profético (referencia a la Pitón del oráculo de Delfos). Las pesadillas, en cambio, tanto para romanos como para germánicos, estaban asociadas a espíritus malignos, a veces muertos recalcitrantes o larvas. Los romanos llamaban a estos espíritus incubus( literalmente, ‘el que se acuesta sobre alguien’), pues, según la creencia popular, provocaban las pesadillas posándose sobre el pecho de los durmientes. En castellano (‘pesadilla’), y en portugués (pesadelo), más que su origen demoníaco, recalcamos  la sensación de peso u opresión como causa de las pesadillas. Otros idiomas conservan la relación de la pesadilla con el espíritu nocturno, el maron en germánico antiguo, origindando ‘nightmare’ en inglés, ‘cauchemar’ en francés (cauchemar)…

En el cristianismo, el pater familias, cuya figura ya he señalado que guarda similitudes con equivalentes de otras culturas, semitas y germánicas, es despojado de toda función sacerdotal, cuya exclusividad recae en una burocracia sacerdotal, y lo mismo ocurre con los sueños, que son observados con suspicacia, incluso con manifiesta hostilidad. Muy pronto, distingue la Iglesia en los sueños tres categorías, los sueños fruto de la actividad humana, los demoníacos y los de inspiración divina, para cuya distinción la Iglesia es alza en única interpretadora válida. Es general, desconfiará siempre de los sueños, los considerará mucho más a menudo fruto del deseo del Maligno por confundir que mensajes de Dios. Quizá porque la Iglesia cree que Dios ya no necesita hablar, o que, al menos, no necesita hablar por sueños de simples teniendo a sus obispos, cuyos sueños siguen teniendo carácter inspirado. Podemos recordar, por ejemplo, como en el siglo XI el obispo Alvito encontró la tumba de Isidoro de Sevilla después de que el santo se le apareciera en sueños repetidas veces (SÁNCHEZ CALDEIRA, Alfonso: Castilla y León en el siglo XI. Estudio del reinado de Fernando I)

Después de mil quinientos años de sueños vergonzantes y demonizados, llega Freud y los humaniza. Despojada la Iglesia del privilegio exclusivo de interpretarlos, habrían adquirido una dimensión psicológica y antropológica de no haberse apoderado de ellos de inmediato los teósofos, una curiosa caterva de iluminados, buenistas, charlatanes y farsantes, con Madame Blavastky a la cabeza, padres putativos de nuestro new age. Y es cuando los sueños dejan de ser formas de explicar una parte desconocida del ser humano para ser un complejo código que, debidamente desentrañado, nos da mensajes sobre nuestro porvernir, pululando todo tipo de diccionarios de interpretaciones, perfectamente sistematizados, a los que uno puede acudir como quien conecta Enigma.

Para mi suerte, más allá del tema de las reencarnaciones, X manifiesta un saludable escepticismo hacia la versión new age de muchas cosas, entre ellas los sueños, y se rio conmigo de lo absurdo de la compañía que frecuentaba en ese sueño y se sorprendió de la precisión de los detalles. Por suerte, su amiga Raquel no estaba con nosotros, que me habría cargado con abundante bibliografía para entender que la escalera significa que asciendes o desciendes, según la subas o la bajes, y que el sótano indica que estás por debajo de lo que hay encima. ¡Qué altas llegarían las llamas con que quemaría los textos innecesarios!

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Un lector, Samuel, me pedía hace unos días que, como urbanista, estudiara y diera mi opinión sobre el Plan Parcial de Reforma Interior de la Cornisa del Río Manzanares, en Madrid, que significará un cambio de uso y de propiedad. En resumen, el plan consiste en ceder 15.000 metros cuadrados de zona verde pública al arzobispado para que construya su ‘ciudad de la iglesia’, con diversos edificios, de varias plantas y hasta 140 metros de fachada; a cambio, el Ayuntamiento dice recibir una escuela infantil de 1000 metros cuadrados y unas instalaciones deportivas de 5000. Tras estudiar el tema, saco dos conclusiones, ambas bastante negativas, sobre el proyecto. Mas contextualicemos el caso, que no todos somos madrileños ni todos somos urbanistas.

 

Madrid no es una ciudad en cuyo centro histórico abunden parques y jardines, pero hay dos de especial significado, tanto histórico como paisajístico. Es el conocido como la Cornisa del Manzanares y el parque de las Vistillas, hacia la iglesia de San Francisco el Grande, que ya pintara Goya, entre otros, en 1788.

 Goya, La Pradera de San Isidro

Urbanísticamente hablando, es el último vestigio de la cerca histórica de Felipe IV, presente en toda la planimetría de Madrid desde el siglo XVII. Altamente recomendable es la lectura de esta página sobre el Madrid histórico, con abundancia de planos y mapas de fácil comprensión, donde se ve, por ejemplo, el trazado de esta cerca mandada construir en 1625 y que significó el encorsetamiento de Madrid por dos siglos.

No puede, pues, alterarse sin destruir un elemento fundamental en el urbanismo histórico madrileño, un punto que ayuda a comprender la ciudad como ser vivo histórico. No se puede construir sobre ese talud, y mucho menos un mamotreto de 140 metros de longitud de fachada sin desfigurar irreversiblemente el paisaje del Madrid histórico.

Rafael Fraguas en un reportaje publicado por El País el 18 de febrero de 2009 expone la cuestión brillantemente, aporta las unánimes opiniones de arquitectos, urbanistas, académicos de arte y de historia y describe el proyecto. A este artículo me remito para no pergeñar con peor fortuna unas líneas que Fraguas ha trazado nítidamente.

El Arzobispado de Madrid tiene una preocupante falta de sensibilidad hacia el Patrimonio, ya sea tangible o intangible. Este proyecto, calificado por José Martín Velasco en su blog El Trastevere como “Un Vaticano en las Vistillas de Madrid”, no sólo supondrá la pérdida de un espacio verde, de un paisaje histórico, de una referencia cultural, sino que acarreará además la destrucción de unos jardines del XIX que son herederos de los renacentistas del palacio de los príncipes de Mélito, y la aniquilación de cualquier resto arqueológico de este importante conjunto de mediados del siglo XVI. Ya hace años que el Arzobispado dirigido por Rouco pretendía instalar su biblioteca diocesana de San Dámaso en el interior de la Capilla del Obispo, en la plaza de la Paja

Capilla del Obispo. Foto de El Madrid de los Austrias

sin que le importara demasiado que sea, con los Jerónimos, el único vestigio del gótico tardío en la ciudad, ni que sea una de las escasísimas joyas arquitectónicas medievales.

Los que seguimos los pasos del Arzobispado de Madrid y de su titular, el cardenal Rouco, ya conocemos de su rapiña. Recordemos ahora cómo en 2002 pretendió incautarse para adornar -o quizá tapar- la monstruosidad conocida como catedral de la Almudena de 23 valiosos tapices, propiedad de la Congregación de Santa Rita de Casia. Para ello, proclamó la extinción de la congregación y se incautó de sus bienes, y el asunto está todavía en los tribunales papales. El que nos ocupa es un caso más de rapiña de Rouco con la connivencia del Ayuntamiento de Madrid, que tiene la desfachatez de definir la imposición de un robo a la ciudadanía como “la voluntad democrática del pleno“. O es un caso más de privatizaciones del PP, porque no es la primera vez que se cede suelo público al Arzobispado de Madrid, ni en la villa, ni en la Comunidad desde 1997, sino que se han cedido un total de 37 parcelas valoradas en más de  120 millones de euros, parcelas situadas muchas veces en barriadas que requieren otros equipamientos que no se construyen, como un centro de salud en Butarque (distrito de Villaverde).

Pero ahora ya no hablamos de solares, de reserva de suelo para equipamientos. Estamos hablando de ceder una zona verde consolidada (y tan consolidada, desde el siglo XVII está consolidada), estamos hablando de un expolio de la propiedad pública.

Puestos ya los antecedentes, estas son mis conclusiones sobre este triste asunto que, de momento, se ha aprobado. En primer lugar, se trata de dilapidar bienes públicos, porque ceder un parque público para que Rouco se monte su faraonada es privatizar bienes públicos que dejarán de estar al servicio de los ciudadanos. Es más, es regalar algo que al señor Gallardón no le pertenece, sino que sólo lo gestiona. Dilapidar los bienes público de esta manera es el verdadero escándalo, y no un Audi modificado. Tal vez ahora, con el dinero de todos los madrileños, talibán matutino de la COPE insulte un poquito menos al munícipe y se olvide de la Corulla.

En segundo lugar, existe en el código penal una figura que es ‘delito contra el Patrimonio’. En el entorno de la Cornisa y de las Vistillas hay varios edificios declarados Bien de Interés Cultural (BIC), según nomenclatura de Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español. Esta ley sus posteriores desarrollos autonómicos, establecen alrededor a los bienes así catalogados lo que se llama un ‘entorno BIC’, porque se entiende que el Bien de Interés Cultural es inseparable de su entorno e inexportable., ya no se puede desmontar un claustro y llevarlo a Boston. este ‘entorno BIC’ se delimita para ubicarlo en su contexto físico, histórico y social, para protegerlo, para garantizar su comprensión. Pues bien

Fotografía de los jardines y proyecto de arquitectura

como se ve en esta imagen, tomada de Lista Roja de Patrimonio, el proyecto destrozará el skyline y, por tanto, el entorno BIC de esos bienes. Por no mencionar los propios jardines, los restos arqueológicos existentes y la imagen de la ciudad. Desde el Ayuntamiento se replica que los edificios estarán ‘en su mayoría semienterrados’, con lo que el impacto visual no será tan grande como tantos urbanistas y arquitectos denuncian. Bueno, aquí dejo un edificio de un gran arquitecto y gran gurú de la ‘arquitectura enterrada’, la Universidad de Mujeres de Seúl (EWHA), de Dominique Perrault, y vosotros me decís si tiene o no impacto.

 

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