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Archive for the ‘urbanismo’ Category

Cuando uno es periférico en todos los ámbitos y las geografías, tiende a no sentirse representado por el centro que le ha tocado, y si este centro concibe todo el territorio como su hinterland, aún menos. Es el síndrome de Coruscant,

que afecta sobre todo a políticos, pero también a amplias capas de la sociedad y que identifica territorio y ciudad, con todas las consecuencias.  Si las pulgas de las ratas fueron el trasmisor de la Peste Negra, de esta enfermadad sinecdótica de identificar el todo por una parte, el territorio por su centro, el vector es la prensa.

La prensa, como casi todas las profesiones, tiende al corporativismo, pero al tener el cuasi monopolio de la información, la repercusión de lo que le ocurre a la prensa distorsiona la percepción de la realidad de las cosas. Véase, por ejemplo, el caso del profesor Neira que, sin ser ni único ni el primero en ser agredido por defender a una mujer maltratada, ha sido casi canonizado por la prensa por tratarse de ‘uno de los nuestros’. Así, si llueve en Madrid, dirán a menudo que España se moja, y si Madrid tiene se toma puente, toda España está de vacaciones. Y lo que ocurre en Madrid, por nimio que sea, se supone que es de vital interés para todo el país.

Pero no es Madrid la única afectada por este síndrome, que una variante del virus ataca Barcelona con especial virulencia. Cierto es que la cepa madrileña manifiesta los síntomas clásicos, no distinguiendo entre España y Madrid. En este estadio de la enfermedad, el AVE se considera una línea de metro.

La cepa barcelonesa es más escurridiza y al haberse hibridado con centros excursionistas, puede pasar desapercibida al ojo del epidemiólogo despistado. Los afectados distinguen formalmente entre ciudad y territorio; incluso el agente transmisor epidémico, la prensa, recorre pormenorizada y sistemáticamente el territorio, describiendo sus peculiaridades. Pero aquí ya se percibe el primer síntoma de la enfermedad, al entender la diferencia y la peculiaridad sólo desde el punto de vista del folklore, de lo pintoresco que pueda resultar a los ojos de Barcelona; el siguiente síntoma es entender la información sobre el territorio no como un servicio a sus habitantes sino exclusivamente desde la óptica de los intereses del centro. En esta fase, la enfermedad evoluciona en la cepa barcelonesa hacia la negación de la autonomía del territorio, lo que los expertos llaman “Pauta de Roma Imperial”: todo el territorio existe únicamente con el fin de facilitar recursos, materias y sangre a un centro fagocitador, divinizado.

Cuando Barcelona necesita agua, la tomará de donde sea, del Ter o de la cabecera del Segre, sin atender a criterios medioambientales, económicos o sociales, sin compensaciones de ningún tipo, ni al territorio ni a quienes pierdan cosechas por falta de riego. Si alguna facultad periférica solicita aumentar su número de plazas en medicina, le será denegado al tiempo que se abren dos facultades nuevas en Barcelona. En los últimos años, la enfermedad, latente durante décadas, ha despertado y se extiende rápidamente a los distintos órganos. Desde Medio Ambiente, donde bosques y montañas, al margen de su titularidad, no tienen otro uso que albergar a domingueros barceloneses meapinos y robasetas, hasta Vivienda, donde los planes urbanísticos y de infraestructuras se supeditan a las necesidades habitacionales de la Roma Imperial.

Los expertos consultados no preven una remisión de la virulencia de la cepa barcelonesa en los próximos dos años, como mínimo, y se teme que cualquier cambio en las condiciones ambientales pueda reactivar síntomas ahora controlados; estos mismos expertos descartan cualquier mejoría entre los afectados por la cepa madrileña, destacando el alto nivel de toxicidad en los vectores deportivos. De los focos infecciosos de Sevilla y Bilbao se están esperando estudios específicos, para determinar las características de las cepas. Sin el control médico adecuado, el síndrome de Coruscant desemboca irremediablemente en hacer realidad los desvaríos mentales de la ecumenópolis:

Seseña

 Seseña

Marina d’Or

Costa del Sol

Palma de Mallorca

Quizá hemos llegado tarde…

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