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Posts Tagged ‘Humor’

Estilos

Llevo gafas sin montura desde hace años; Natasha las detestaba, diciendo que le recordaban a Miliukov

Nunca he podido desentrañar las filias y fobias de Natasha ni porqué le tenía tan atacado el hígado el pobre presidente del Partido Constitucional Democrático Ruso y líder del Bloque Progresista en la Duma. Creo que la pasión por la historia es lo único que podía tolerar de ambos.

Destrozadas tras dos años de uso no demasiado cuidadoso, no podía postergar más su jubilación y fui la semana pasada a cambiármelas a una minúscula pero exquisita óptica que me recomendó la Srta. Rottenmeier, la única de mis compañeras de trabajo que ha sobrevivido. Con esto de las gafas sin montura uno tiene que tener una sensibilidad muy sutil para apreciar diferencias entre unas y otras, así que decidir se hace complicado. Me acompañó en esa tediosa labor una amiga que necesitaba ampliar su colección de gafas de sol, eligiendo al fin unas de patrullero yankee sobre las que no diré nada si no es en presencia de mi abogada.

-Pruébate estas -me sugirió

-¡Ni de broma! No llevé arquigafas durante la carrera, no me las voy a poner ahora.

-Sólo es por ver cómo te irían. ¡Oye, te quedan muy bien!

-¿Estás de broma? Parezco Bob Pop

-Pues un cambio de estilo tampoco te iría mal

-Mi estilo es perfecto como está, no necesita cambios, sólo retoques.

-Yo no te digo que te compres un chándal, pero relájate un poco, que sólo te falta llevar bastón -y yo pensaba que tenerlo, lo tengo, pero aún no me he atrevido a pasear con él por una Vetera donde una vecina con problemas de cobro me preguntó no hace ni dos semanas si yo era de esos que persiguen a morosos, y poco antes un anciano corto y metomentodo se interesó por si trabajaba en algún programa de cámara oculta- ¿Sabes cómo te llamó mi sobrina cuando te vio? ¡Hastings!

-¡Me parece muy mal! Mi estilo es más Poirot; yo no he llevado un fedora jamás… Por cierto, ¿cómo conoce la serie si no tiene ni siete años?

 -Mi cuñado, que prefiere que vea Poirot a Bob Esponja. ¡Pero dejemos a Carlota en paz, que estamos hablando de ti!

-¿Estamos? ¿Quiénes? ¿El rey y tú? Porque a mí aún no me has dejado decir nada al respecto… Yo no me meto con los atuendos de nadie, no entiendo esa manía por meterse con mi forma de vestir. ¡Ni que fuese estrafalaria!

-¡Por favor! ¡Si viniste a la última calçotada con corbata!

-Eso es una infamia. ¿Cómo quieres que le ponga corbata a una camisa Tattersall?

-Pero ibas con traje.

-Claro. Mi traje de tweed para ir de campo, aunque en rigor no es un traje, porque la chaqueta y los breeks no son del mismo tejido y…

-Me da igual. Nadie tiene un traje para ir al campo.

-Lo que ocurre es que la mayor parte de la gente con la que te relacionas no se viste, sólo se tapa.

-¡Si hasta que te conocí pensaba que un Prince Albert era sólo un piercing genital!

-Y supongo que sigue siendo así. Los trajes que a veces llevo son Prince Edward, no Prince Albert.

-¡Lo que sea! Yo soy republicana. Ya sé que no eres un tío de barrio…

-Alto. Por ahí si que no paso. Estoy cansado de que se use ‘chico de barrio’ como eufemismo de garrulo sin vacunar; que yo sepa, la Moraleja, la Bonanova o las Arenas también son barrios, o Ciutat Vella o Abando. La palabra palabra precisa, le mot just, es ‘poligonero.’

-Como está  hoy… mejor no hablamos de la ‘princesa del pueblo’, entonces.

-Hoy no, por favor, que ma da urticaria esa moda de recuperar el término ‘pueblo’ a lo despotismo ilustrado ¿Tomamos un té?

-¿Ves? ¿No podrías proponerme un café, como todo el mundo?

-En realidad, ‘todo el mundo’ querría proponerte otra cosa, pero, por suerte, aún queda cierto sentido del ridículo… ¿Se puede saber qué pasa? ¿Es hoy el día internacional de ‘provoquemos una úlcera a Theo’? Primero los técnicos municipales y ahora tú… Un día de estos voy a salir en los periódicos, así que mejor llevo el traje a la tintorería.

-Uffff, ¿no te iría mejor una tila?

-No, mejor una copa de Evo de Mascaró. ¿Te he dicho que he encargado un homburg? Negro, por supuesto…

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Temores políticos

Como casi todos sabéis, soy catalán. Pero, por muy nacionalista que sea, que lo soy, nunca he sido tan chovinista como para aceptar que el amplio paraguas de la patria cobija cualquier cosa, sea buena o mala. Y hay tendencias que asoman en la lontananza que me ponen los pelos de punta.

En 1833, Javier de Burgos, secretario de Fomento en el gobierno de Cea Bermúdez, establece una división territorial de España por provincias que, con muy pocas modificaciones, y estas mínimas, ha llegado hasta nuestros días. La división de Javier de Burgos es, básicamente, la que el gobierno del trienio liberal (1820-1823) intentó imponer en 1822 para sustituir la vieja división en reinos, pero que cayó antes de lograrlo.

Esta división provincial se hace sin apenas concesiones a la historia, por criterios geográficos y demográficos, nunca económicos -la economía nunca ha sido el fuerte de los políticos españoles-. El Estatuto de Cataluña de 2006 propone recuperar una vieja division administrativa catalana, en principio mucho más acorde con los distintos vínculos económicos, culturales e históricos que se dan en el territorio. Es la división en veguerías:

Mapa de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB)

Digo ‘en principio’ porque la realidad es que la división sigue primando los intereses de las ciudades frente al territorio, de manera que una veguería natural como sería la Penedès, integrada por el Alt y el Baix Penedès y el Garraf, con una fuerte identidad económica, histórica, geogràfica y climática, queda repartida entre otras dos entidades, Barcelona y Tarragona.

Administrativamente, Cataluña se organiza, ascendentemente, en municipios, comarcas y provincias, división esta que encontramos también en Aragón, Galicia (donde los municipios, además, se organizan en parroquias), Cantabria… en Navarra se habla de merindades, pero es lo mismo. El resultado está en que el ciudadano medio sostiene sobre sus hombros una administración municipal, otra comarcal, la diputación provincial, la administración autonómica, la central y la europea. Luego habrá quien se pregunte cómo hacemos los españoles para tener unas espaldas como remeros del Volga…

Por eso, la división en entidades menores no me parecía mala si sustituía a Comarcas y Provincias, y esto es lo que se dejó entrever durante la campaña del referéndum. El Consejero de Gobernación y Administración Pública, Jordi Ausàs, afirmaba todavía en noviembre de 2008 que las veguerías harían desaparecer a las diputaciones provinciales, aunque por motivos prácticos deberían convivir con la división provincial (distritos electorales), con lo que uno, que ya va conociendo el pelaje de nuestros políticos, se barrunta que aquí no desaparecerá nada y sufriremos otra administración sobre nuestras espaldas. Porque la cuestión hace mucho tiempo que dejo de ser resolver los problemas de los ciudadanos para pasar a ser un juego de las sillas musicales donde cada vez aparecen más culos candidatos y para los que hay que ampliar el número y el tamaño de las poltronas, y esto es como el precio del suelo en los años dorados del boom inmobiliario, que el ciudadano acaba pagándolo todo.

Con lo ocurrentes que son nuestros políticos en materia de inventarse puestos, prestos a nombrar un Ober Haupt General-Stats Canal-Navigations-Rath que dirija el tráfico fluvial en el canal Segarra-Garrigues (que se dedica sólo al riego), y el desencuentro entre el llano y la montaña, la costa y la tierra firme, encuentro más que verosímil la posibilidad de que la veguería de l’Alt Pirineu acabe abriendo oficinas diplomáticas y nombrando cónsul en Terres de l’Ebre y que las comarcas gerundenses intercambien legados con la veguería de Ponent. 

No contentos con endilgarnos un mamotreto más, se han devanado los sesos para ver cómo podían exprimir aún más una geografía no demasiado generosa en quilómetros cuadrados; ensayarán los frutos de ese esfuerzo en la veguería Alt Pirineu-Arán, y si el resultado es el esperado, vaticino una rápida implantación en el territorio. La ocurrencia es la capitalidad compartida -Tremp, Seu d’Urgell y Puigcerdà en Alt Pirineu-, y ya veremos cómo se adapta la realidad nacional aranesa en ese encaje de bolillos, que hace tiempo que dicen que esto de la veguería no va con ellos, que ellos son nación.

Por supuesto, esta organigrama septuplicado que haría suspirar de emoción al director general de la escuela de burocracia soviética se nutrirá de las nunca exagües reservas de parásitos que vivaquean en todos los partidos pegando carteles desde los catorce años, esperando una prebenda. Bien por oposición restringida, por artículo 33, puesto de confianza o cargo político, ya podemos prepararnos para lo peor. Lo que me extraña es que esta oficina de recolocación de tanto millón de inútiles que hay en todos los partidos políticos no haya sido inmediatamente adaptada al resto de administraciones españolas.

Todos con su coche oficial, claro, que hay más coches oficiales en España que en media Europa, y da igual del partido de donde se venga, de derechas, izquierdas o al tresbolillo, que catar poltrona y pedir chófer  se separan una semana. Quizá ese sea el plan contra la crisis del automóvil que meditado en despachos gubernamentales, aumentar la flota de coches oficiales…

Hoy me habla mi hermana de un pariente lejanoal que ya menté, que tardó siete años en hacer filolofía hispánica o catalana o historia o filosofía o qué sé yo, que se cambió tantas veces de carrera que podría abrir una oficina de orientación univesitaria. El tipo, bondadoso pero no especialmente brillante -intento suavizarlo-, metido en las juventudes de no sé qué partido desde poco después de destetarse, ha pasado de ser coordinador de distrito para la Tercera Edad (cargo real, por si alguien se reía de lo del Ober Haupt General-Stats Canal-Navigations-Rath bismarckiano) a adjunto de parlamentario, y ya me gustaría saber cuánto le pagarán por nada. No, mejor será que no lo sepa, porque la famosa escena de Apocalypse now parecerá el desfile del día del Orgullo Gay comparado con la que puedo organizar.

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La prensa española, especialmente la deportiva, tiene la curiosa habilidad de lograr que medio país acabe odiando a cualquier profesional que despunte un poco. Da lo mismo que hablemos de cineastas, escritores, arquitectos, actores, tenistas o pilotos de F1. Además, su capacidad para decir una cosa y la contraria sin que nadie les reproche la incoherencia, merece, con la nariz tapada por le hedor, cierta admiración. Pese a todo, he decidido con este post inaugurar una sección nueva en el blog, “Con patatas”, aquellas noticias o declaraciones que políticos o periodistas deberían haberse comido con patatas por falsas o, como mínimo, precipitadas. Claro que esto sólo sería posible si tuviésemos una prensa y una sociedad democráticamente maduras, con lo que nos tendremos que conformar con lo que cuatro bloggers locos hagamos.

El deporte me importa bastante poco, y sólo lo sigo desde un punto de vista cultural; no me interesa tanto el partido como la retransmisión. Viktor Klemperer, en su célebre LTI: La Lengua del Tercer Reich. Apuntes de un filólogo, recogió con meticulosidad y sentido del humor -detalle éste altamente encomiable en alguien cuya superviviencia en ese terror era poco menos de improbable- la evolución semántica y los giros lingüísticos que iban produciéndose en los 12 años del milenario Reich, la alteración del idioma alemán para introudicir las ideas nacionalsocionalistas en el pueblo a través de la lengua; esta obra dedesbrozaba el camino de una posterior sociología de la retórica autoritaria que jamás se ha emprendido, pero que sería altamente significativa. Supongo que por eso no se ha hecho.

Pero a mí si me interesa analizar el idioma que usa la prensa, pues en este neofeudalismo en el que vamos precipitándonos ella ocupa el lugar de la Iglesia como domeñadora de conciencias en la concepción tripartita de la sociedad.

La construcción de un idolo en España es un fenómeno complejo, donde los elementos irracionales desplazan como en ningún otra parte cualquier análisis cartesiano. Se ama o se odia visceralmente; Brenan, El laberinto español, decía que la historia del siglo XIX español se resumía con el pueblo detrás de los curas, bien llevando cruces en procesiones, bien estacas en revoluciones, pero sin ningún tipo de reflexión que sustentara la acción. Y es en esta visceralidad, poco dada a la introspección y al examen de conciencia, donde pone sus huevos el basilisco ibérico en sus dos aspectos más manifiestos: el jingoísmo, que desprecia todo lo ajeno aún cuando lo ignore, y un feroz individualismo que no haya otra forma de ensalzar lo propio que denostando lo… ¡caramba, qué coincidencia!

Cuando el calvinismo concibe el éxito profesional como una garantía escatólgica, pues se considera el trabajo como una forma de práctica religiosa, la contrarreforma ibérica es entendida por campos y aldeas como un dejarse en manos de la providencia, la consagración del principio de la Campana de Huesca de cortar la cabeza al que descuella.

Así, oscilando entre jingoísmo e individualismo cainita, vivimos en la esquizofrenia de felicitarnos por los triunfos como propios de un Pepito Gómez cualquiera, candidata al Nobel de Química o campeón mundial de petanca, al tiempo que gozamos desmontándolo en todos sus aspectos profesionales y personales. La prensa supuestamente seria se encarga de fomentar lo primero, “hemos ganado siete medallas de oro en los europeos de parchís”, mientras que la rosa o amarilla azuza las bajas pasiones de lo segundo. Quizá ahí encontremos parte de la explicación del porqué del éxito de ese tipo de periodismo.

Cuando el 1 de febrero de este año, Nadal se alzaba con el gran premio de Australia, los comentarios de la prensa, sobre todo la televisiva, merecerían figurar en el acta de una reunión de taxistas y no en la hemeroteca de titulares compuestos por profesionales de la información. Dedicaron más tiempo a las lágrimas de Federer que al triunfo del mallorquín, con titulares objetivos e imparciales:

Cambio de época

“Federer es historia”

“Ha empezado el reinado de nuestro Nadal”,

Que no engañaban a nadie del forofo que había escrito la crónica:

El llanto del suizo dejó bien a las claras que los momentos de gloria para Federer difícilmente se podrán repetir en un torneo en el que compita Nadal. (Álvaro Bretón, Diario de Navarra, 2 de febrero de 2009)

Rafa Nadal volvió a exhibir hoy su carácter tirano en la pista. De nuevo ante su ya eterno rival, el suizo de oro Roger Federer, que acabó sollozando desconsolado en la emotiva entrega de premios. Su sueño de superar los 14 títulos de Grand Slam de su amigo Pete Sampras empieza a desvanecerse fruto de su ansiedad y del pánico que le genera la imagen de Nadal al otro lado de la red. (Tomás de Cos, As, 2- febrero-2009)

Cinco meses y dos grandes premios después, Federer recupera el número 1 de la ATP, bate el record de Sampras de 14 triunfos y ya nadie se acuerda de lo que vomitó en febrero fruto del calentón patriotero. Y los mismos que en febrero ya estaban enterrando al suizo, ahora lo proclaman “El más grande“, sin importarles demasiado a supuestos profesionales del idioma que el castellano no permita esa construcción. Lo peor de todo es que nadie les recuerde a estos listos sus palabras y le invite a comérselas con patatas. Sé que los que me visitan suelen ver con añoranza de juveniles ardores o conmiseración por lo mal que mi ingenuidad me lo hará pasar mi exigencia de una prensa, ya que no libre, al menos rigurosa.

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Faulkner es uno de mis escritores favoritos, y si al argentino profesional de Amanece que no es poco cuando decide hacerse escritor  le sale Luz de agosto,

mis primeros pinitos literarios le debían tanto a Gambito de dama y a Los invictos que si los herederos de Faulkner no me han puesto una demanda es porque soy más pobre que un ratón de sacristía al que le ha dejado la mujer y se le ha llevado todo el queso. He necesitado años de lecturas y esfuerzo para somatizar su influencia, incorporarla a mi código genético y que el resultado, mal que bien, sea yo y no el gemelo bastardo y gilipoyas del escritor.

Aún estaba boqueando para recuperar el aliento tras la lectura de Santuario cuando cayó en mis manos Cortázar quien, por todos mis respetos por la legión de borgianos, entre quienes militaba, descabalgó de mi podium personal al bibliotecario ciego que Eco convirtiera en arquetipo con Jorge de Burgos. Desde Todos los fuegos, el fuego, los artificios simétricos y las bibliografías inventadas dejaron de apasionarme como hasta entonces. Hubo en este Götterdämerung particular mío algo de abandonar la toga pretexta, pues Borges me había fascinado desde que descubrí El libro de arena con catorce años.

Llegué a Cortázar más o menos en la misma época que a García Márquez. Ridículo sería afirmar que supe de la existencia del colombiano con 24 años, pero he de decir que hasta entonces lo mantuve lealmente apartado de mí, pues mi hermana sentenció que era su escritor favorito en una época en la que los gustos de las hermanas encabezan nuestras listas negras y, después, temí verme en la tesitura de tener que darle la razón. Antes muerto. En mi discreción, incluso llegué a cambiar las sobrecubiertas de Cien años de soledad por las de El idiota, de Dostoievsky -y de nuevo, Amanece que no es poco regresa a este post- vana precaución, pues mi hermana categorizó a Gabo como su escritor favorito habiendo leído sólo Diario de un náufrago y ya ni se acordaba de él cuando yo salí de mi armario literario.

Hace muchos años que emborrono papeles; en mi adolescencia, entonces todavía llamada adulescentia, con cada nuevo libro leído mis cuentos adaptaban un nuevo estilo, y pasé en tres meses de la fantasía épica a la epopeya napoleónica; pero ha habido cuatro autores tras los cuales he sido incapaz de juntar dos palabras durante meses, avergonzado de mis pretensiones de escritor cuando aún me queda tanto por leer. A los tres de quienes he hablado ya en este post hay que añadir otro americano, Juan Rulfo, que entró en la literatura por la puerta grande con tan sólo 300 páginas y maldita la necesidad que tiene de haber escrito una puñetera línea más.

Con estos antecedentes, no puede sino hacerme sonreír que se me acuse de antiamericano cada vez que expreso mi disconformidad con la política exterior temerariamente cortoplacista con que han jugado a la ruleta rusa las administraciones republicanas desde Reagan. Podría tomarme la molestia de intentar matizar pero mi experiencia me dice que es tiempo perdido y saliva malgastada, pues quien pretende insultar con el adjetivo ‘antiamericano’ no suele haber escuchado a Gershwin ni leído a Faulkner. Bueno, ni a Faulkner ni a ningún otro salvo quizá César Vidal o Pío Moa. Es interesante observar cómo quienes se alzan en paladines de la causa yankee (como si necesitaran ayuda de nadie) lo hacen desde posiciones de ignorancia y casi menosprecio de las formas culturales más refinadas de esa sociedad que dicen admirar y defender, posicionándose no muy lejos de postulados casi lumpen. Es el lenguaje neocon, de buenos y malos, de patriotas y traidores, que es a la retórica política clásica lo que una diatriba dominica a un diálogo platónico. De hecho, en el discurso neocon norteamericano y en su mímesis ibérica, se acusa de ‘antiamericano’ a todo lo que huela a cultura, ilustración o pensamiento crítico.

Y aquí es donde entra en escena The Boss. Una religión (y el neocon lo es, no quepa duda) necesita enemigos, ya sea el diablo, ya sean los infieles. Y mayor cohesión logrará cuanto más poderoso se pinte al enemigo; no sirve de nada arremeter contra Chomsky, al que no conoce casi nadie allá y menos aún acá, y su presencia mediátic, pues, es casi nula. Pero, ¿y contra Bruce Springsteen? Eso es harina de otro costal, ¡y menudo costal! Bruce -con Susan Sarandon, Sean Penn y otros- encarna en EEUU lo que los neocon ibéricos proclaman la AntiEspaña. El mecanismo de demonización es el mismo: en primer lugar, una concatenación de insultos y descalificaciones, sin pruebas ni argumentos ni silogismos, pues bien saben los ideológos neocon que “la gran masa del pueblo no está constiuida por profesores o diplomáticos”, como advirtiera Hitlen en Mein Kampf (y se empeñan en que siga así, claro).

El segundo paso, consiste en negarle un valor cultural y reducir su figura a su militancia más o menos política. Su obra ya no es debatida desde la crítica musical o artística, sino desde la política visceral, y de repente tienen entre sus seguidores y, sobre todo, entre sus detractores, a gente que no lo ha escuchado jamás.

El último paso de la deconstrucción es el más sutil de todos: no se hace mención alguna a ideologías, ni siquiera a las que el autor refleja expresamente en su obra, no se le descalifica, no se le cuelgan sambenitos… Por arte de alquimia moral, su música deja de ser viva para convertirse en un decorado, como la canción “Car song”, de Woody Guthrie convertida en banda sonora de un anuncio situado en las antípodas de lo que en vida representó el autor. Es el momento en que puede ser interpretada por niñatos que no entienden su letra -ni siquiera saben pronunciar su nombre, pues no lo han oído jamás- ni falta que les hace. Es el momento en que se puede perpetrar con su obra crímenes por los que en Nürenberg se habría ahorcado al responsable. Es el momento de hacer esto

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Verbenas

Soy bastante poco folklórico y las fiestas populares sólo me interesan en la medida en la medida que hallo rastros en ellas de creencias mucho más primitivas. Hoy, pues, víspera de San Juan, la fiesta en sí sólo me interesa en sus componentes más paganos, de fiesta de purificación y también, aunque ya mucho menos evidente, de fiesta de la naturaleza y, especialmente, de la fertilidad.

Media España arde esta noche en hogueras que sean delicia de Torquemada o de Krahe,

con una sorprendente uniformidad, al menos hasta hace poco, cuando cada pueblo buscó la ocurrencia más disparatada con que asegurarse una mención en las noticias de “la noche más larga del año” (que fue hace dos días, pero que la verdad no impida dar un buen titular). La tradición presenta ciertos matices, también es cierto, como en las montañas de mis dragones, donde las hogueras se encienden con unas enormes antorchas -las falles- que los mozos bajan encendidas como una serpiente de fuego desde una montaña determinada -llamada Faro en cada pueblo- hasta las plazas.

En la mayoría de los pueblos se ha suavizado la tradición y las fermosas damiselas de la zona acompañan a los mozos en tan pintoresca como atávica carrera bosque abajo; pero todavía quedan recalcitrantes villas que les niegan la falla, pues es bien sabido que no hay mayor tabú en cualquier fiesta de la fertilidad, desde las lupercalia hasta el Akitu, que el menstruo por lo que, para curarse en salud, mejor que ninguna mujer participe de los ritos.

Pese a mi carácter claramente invernal y hostil a todo lo que suene a ocurrencia pintoresquista o a folklore, real o recuperado y, por lo tanto falso, cuando llega esta noche no dejo de recordar aquel bellísimo “Inventario Galante” de Machado, tan hermosamente cantado por Paco Ibáñez.

Pero esta asociación es toda la sonrisa que logra arrancarme un noche a la que ni en mi más revoltosa infancia encontré gracia alguna, y cuyas complicidades olvidé completamente en mis doce años de exilio norteño, pues alguien como yo que aborrece del ruido no puede esperar con ansia la noche de todos los estallido; que lo de la crisis iba en serio me he dado cuenta ahora que aún no he oído petardo, cohete, buscapié, traca o mascletá alguna, cuando el año pasado la semana antes de la verbena de marras había tanta pólvora en suspensión que Vetera parecía Bagdad.

Las transgresiones me parecen inconstestablemente esenciales en lo cultural, pero mucho más dudosas en lo urbano. Y cuando la transgresión está tan estereotipada que ocupa fecha fija en el calendario y cumplir con sus ritos es un deber social, empieza a olerme a pelo de borrego y no a otra cosa. Con un poco de esfuerzo puedo tolerar las hordas de mocosos entre cuatro y diecisiete años torturando a los transeúntes con todo tipo de ingenio pirotécnico desde las tres de la tarde a las tres de la madrugada; pero cuando la edad del gamberro superó hace mucho la adolescencia legal, la vena de mi sien empieza a palpitar y mi diestra acude en vano a requerir el sable que nunca me decido a descolgar de la panoplia. No sólo me importuna el incivismo de quien se supone que debería estar educando a su prole y no iniciándole en la barbarie -pues salen en grupos clánicos, supongo que para asegurar que el gen ninja no se extinga. Lo que peor llevo es constatar que el cohete más grande, la traca más larga, el petardo más ensordecedor -alguno de los cuales podrá encontrarse entre las armas proscritas por la Convención de Ginebra- está siempre en manos de estos cabestros -uniformados como camiseta imperio, inevitable ítem- y que cualquier mirada de reprobación es respondida con un:

-¿Qué pasa? ¡Estamos en San Juan! -y le dan un petardo al Kevin en pañales, futuro ni-ni (ni estudia ni trabaja) para que lo arroje cerca del ciudadano incomodado.

El Bautista, que en vida moró entre bestias salvajes debe encontrarse como en casa con estos especímenes y su manto protector les cubre, pues no encuentro otra explicación a que una noche de alcohol, fuego y pólvora trasegados por adolescentes,t ardoadolescentes, ninjas y Peter Panes varios no acabe cada año en tragedia multitudinaria; en rigor, Vetera debería haberse desayunado el 24 de junio del año pasado como Faluya, después de las copas llevaban los más imbuidos de la fiesta; en cambio, apenas hubo un par de chamuscados porque tiraron el cigarrillo y se fumaron el petardo.

No sé qué haré esta noche; dormir lo descarto, pues estoy demasiado céntrico, pero no habrán de verme entre pasodobles y farolillos y víctima propiciatoria de bromas explosivas; X se va con sus amigas a celebrarlo a la playa de Sitges; antes de reunirme con el grupo ibicenco y los estrogenados del lugar creo que prefiero hacer un Cine Fórum sobre Carmen Sevilla o escuchar la discografía completa de El Fari. Supongo que acabaré tomando una guiness en el Vinyes Velles, y hoy creo que me acompañará Ernest, un compañero de trabajo que vive en un barrio que cada año abre los titulares de la prensa local del día 24 por disturbios y altercados. Supongo que la Policía tampoco entiende que “es San Juan”…

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Deporte de riesgo

En circunstancias menos adversas, esto es, con un clima menos riguroso, habría echado mano de cualesquiera de mis recursos dialécticos para desmontar la fría hostilidad de X de esta semana; pero el calor merma mis capacidades intelectuales y ante el silencioso acoso no he tenido más ocurrencia que responder según la cita que atribuyen al general Ferdinand Foch en el Marne:

Me acosan duramente por la derecha. Mi centro sucumbe. Imposible maniobrar. Situación excelente, ¡ataco!

Veamos. Soy hombre, y eso significa que mi delicadeza para manejar ciertos asuntos es parangonable a una estampida de mamuths en una tienda de porcelana así que, puestos a meter la pata, mejor que sea a conciencia y a lo grande que accidentalmente en un detalle. O sea, que puestos a morir, mejor que sea a lo brigada Pomorska, a caballo contra panzer, que escondido en una ratonera.

Mentiría si contara que maduré mi plan a lo largo de la semana, pues bastante ocupado andaba en otros menesteres como para meditar y refinar una estrategia; de hecho, ni siquiera había plan, sino que más bien era una ocurrencia que me vino de repente y así, verde aún, la arranqué del árbol y la metí en el horno, no fuese que me diera por pensarlo y me echara atrás.

Tampoco es cuestión de ser trágico y dar la sensación de que la semana fue sentimentalmente horrible, porque la verdad es que no fue así. En realidad, la cierta frialdad y los divertidos mohínes eran intelectualmente estimulantes, pues ha sido morbosamente divertido ver hasta dónde se podía bromear con el tema (por acción o por omisión) sin romper la cuerda.

Mi vida sentimental no es especialmente prolija, pues desde Natasha hasta X sólo  he tenido dos parejas y algún que otro escarceo del que, en general, mejor será no hablar. Pero la brevedad de la nómina se compensa ampliamente por lo interesantes que han sido todas y por la amistad que conservo con ellas. De hecho, este fin de semana coincidían en Barcelona  Natasha y una amiga suya, Lana, con la que se había empeñado en liarme al poco que lo dejáramos. Y, bueno, digamos que lo consiguió, pero sólo duró un año, hasta que Lana consiguió una plaza en el ballet del Metropolitan Opera, pues si mi economía me permitía sin excesos de austeridad un vuelo a Moscú mensual, a Nueva York habría resultado imposible.

Con la feliz coincidencia de que estén ambas en Barcelona la misma semana que X ha acabado sus exámenes y aún no se ha ido de vacaciones a Ibiza con sus amigas, creí que era un buen momento para exorcizar fantasmas haciendo que todas se conocieran y dejasen de darme la murga -por distintos motivos- a tres bandas. Lo esencial era que ni ellas esperaban a X ni X conocerlas cuando ayer quedamos para almorzar en un restaurante de unos amigos en Vetera.

Quiso la suerte que la tensión de las presentaciones transcurriera en la más estricta intimidad, pues no había nadie más en el hall del restaurante. Apuramos la copa de bienvenida, un Parxet Titiana rosado altamente recomendable, en un ir y venir de miradas, estando ya tan en el centro de las más hostiles, que verdaderos esfuerzos hacía por sofocar el reclamo de las risas, tantos que no sé cómo no duché a nadie en cava. Y envueltos en esa atmósfera tan densa que uno podía trocearla y llevarse una porción en un tupper a casa, entramos en el pequeño comedor, verde y burdeos.

Aunque el térmometro superaba en el exterior los 30º con holgura, tan gélido era el interior -y no sólo por el aire acondicionado- que opté entrar en calor con tres platos contundentes, foie con compota de manzana, bacalao de Islandia confitado y liebre a la Royale, todo con una garnacha del Priorato.

Apenas nos traían el foie cuando Natasha rompió el frente con una apreciación que fue coreada por Olga y X: -Eres un cabrón. Esto no se hace.

-Tampoco creo que no pasa porque un día comáis como seres humanos y no como ovejas…

-Natasha no se refiere a eso y lo sabes -me taladró con la mirada Lana.

-Creo que ahora me he perdido -me excusé con mi cara más ingenua.

-Oh, mierda, Theo, no pongas ojos de Bambi que con nosotras no cuelan -abortó X la comedia -. Odio cuando pone esa cara, porque es imposible enfadarse con él…

-Sí, dan ganas de agarrarlo como a un oso de peluche… -empezó Lana

-¡Y meterlo en la lavadora! -acabó Natasha.

-¡JUAS! -fue la respuesta de las dos. Allí empecé a pensar que tal vez no había sido tan buena idea reunirlas…

La segunda botella de garnacha acabó de desatar las lenguas y las risas, la mayoría a mi costa, pero bastante inofensivas, la verdad, creo que estaban tanteando el terreno con escaramuzas antes de desencadenar su venganza en una ofensiva en toda regla. Porque que se vengarán de ese almuerzo es algo que doy por supuesto, lo único que no sé es si la réplica será conjunta o en tres oleadas.

Un moscatto d’Asti, con un divertido toque de aguja, para acompañar el postre, mousse de chocolate con caviar de naranja, y cigarrillos Lana y X y un Uppmann fueron la conclusión inevitable y adecuada a un experimento del que salí mucho mejor parado de lo que cabría haber esperado.

-¿Por qué lo has hecho? -preguntó Natasha durante el café, aunque ella tomaba té.

-Porque ya estaba cansado de tener que hablar de vosotras como si anduviera sobre cristales rotos. Ahora os habéis visto, os habéis conocido y ya podéis juzgar vosotras mismas y dejarme a mí tranquilo un rato.

-¿Te das cuenta de que tu esfuerzo por hacerte la vida siempre más fácil puede habértela complicado irremediablemente? -apuntó Natasha-. Es posible, pero al menos ahora conozco al enemigo.

-¿?

-Muy sencillo, Lana. Ahora los problemas que surjan serán entre personas de carne y hueso, no con imaginaciones, suposiciones, miedos, inseguridades… con problemas reales puedo lidiar, con fantastmas no. ¿Os apetece una copa de armagnac para acabar?

****

-Son muy guapas.

-Tienen algo, es verdad. Pero te prefiero.

-Eso espero. Ah, por cierto, que casi se me olvida: como vuelvas a tenderme una encerrona así, te mato. Y esta empezarás a pagármela esta noche, así que empeiza a tomar aspirinas.

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SPAM

Soy tan cuadriculado que procuro mantener estanco cada espacio de mi vida y, consecuentemente, a cada uno de ellos le corresponde un e-mail propio; esto, en general, se traduce en cierta ansiedad por la espera de correo en tres cuentas, por el deseo de que no la haya en la cuarta y, sobre todo, en una cuadrupliación del correo basura.

Cuando empecé a moverme por internet, tarde y mal como en todas las nuevas tecnologías, ni siguiera conocía la existencia de eso de la publicidad masiva y me leía cuidadosamente cualquier mail que me llegara. Así que cuando recibí mi primer spam me quedé pálido, porque no quiso mi suerte que fuera lotería holandesa, un casino online o señoritas de las que fuman lo que se me ofrecía, sino un tratameniento “to enlarge your penis”, y yo preguntándome quién demonios se podría haber ido de la lengua, pues no era precisamente el caso de que las candidatas no cupieran en un estadio, sino que en un sofá sobraba sitio.

Después, empezaron a llegar los requerimientos de una Anastasia ucraniana a la que supuestamente había dejado muy impresionada -cosas de la magnificencia de mi psique- y que quería conocerme mejor, y yo, más ingenuo que un saco de tebeos, estuve casi una semana devanándome los sesos para dilucidar qué maldita noche había pillado yo una castaña tan grande como para conocer a semejante beldad y no recordarlo; de nada habría servido consultar a mis compañeros y compañeras de correrías, pues ya tenían siempre una tajada monumental cuando yo apenas empezaba a estar chispeante. Menos mal que llegó pronto un segundo mail de una Alexandra con el mismo interés por mis huesos, lo cual no era normal ni en mis fantasías, qué decir de mi realidad, porque a punto había estado de renegar del alcohol y hoy el déficit público sería aún mucho mayor.

Lo bueno de tener una familia extensa es que siempre hay un pariente al que han timado y cuya historia ha corrido como la pólvora en las reuniones del clan, pues nada estrecha más los lazos parentales que comentar entre carcajadas el infortunio de uno de nosotros; que la noticia circule de frente o de espaldas a la víctima depende de lo bien o mal, respectivamente, que caiga. Por lo tanto, cuando uno ha tenido una tía medio loca que se ha creído la ganadora de no sé cuántos concursos de empresas de venta por catálogo en los que no había participado es muy difícil que le cuelen el gol del haber sido agraciado con un millón de euros  por la lotería de Aruba. Pero bueno, hay gente p’a tó, que el otro día descubrí a Ancalagón. mi padre, enviando mensajes por el móvil porque ya tenía no sé cuántos puntos para el sorteo de no sé qué.

Por si no tuviésemos suficiente con los trolls -los que los padecen, que mi casa está, al menos por ahora, aceptablemente libre de esta plaga-, también en los blogs nos dejan comentarios spam.  Mi favorito, por motivos evidentes, es de un tal Mer -lo supongo chico, aunque no tengo razón alguna para descartar lo contrario- que me dejó lo siguiente:

hola! cómo estás? espero que bien! Navegando por la web me encontré con tu blog y ya que estoy por acá aprovecho para recomendarte una página nueva que encontré y que me pareció muy buena. Es una red social de gente que le gusta el deporte y el ejercicio. Tiene muchas funciones útiles, podés llevar un registro de tus actividades y rutinas, de tu alimentación y dietas, llevando un control saludable de tus comidas. También podés llevar un registro de tus medidas y calcular tu peso ideal de acuerdo a tu edad, tu sexo, tu altura y tu peso.

ojalá te sea útil.

que tengas una buena semana 🙂

Te dejo el link: http://www.masejercicio.com/

Digo mi favorito porque, al menos, tiene algo más de texto que los habituales spamentarios sin más letra que el enlace a la página porno de turno. Me quedé con las ganas de saber qué demonios estaba buscando el interfecto por la red para acabar aterrizando en mi casa, pues si de algo no se ha hablado jamás es de deporte y así será hasta que la butifarra sea olímpica, y menos aún de gimanasios. Y ciertamente estoy intrigado por descubrir el mecanismo mental que le llevo a inferir que yo pudiera ser incluido entre “gente a la que le gusta el deporte y el ejercicio”, pues corregiré de inmediato los indicios que la llevaron a tal conclusión.

Con esto de la crisis, la estrella del spam es la versión cibernáutica del castizo timo del tocomocho, que proliferan en varias versiones -recibo un mínimo de cuatro al día-, desde el ya mencionado premio de una lotería en la que no se ha participado -personalmente, me ha tocado varias veces en EEUU y en Gran Bretaña, una en Holanda, otra en Aruba, también en los Emiratos Árabes Unidos, en Austria, en Kazajastán; incluso en España, con una carta en castellano de traductor de google, que ya fue kafkiano-, hasta el más refinado ‘timo nigeriano’, donde un director de un banco escribe porque hay unos fondos millonarios que nadie va a retirar, o herencias de alguien sin heredero… Bueno, hay que ser memo para creerse que alguien picará con esto. ¿En serio? Pues parece que los españolitos nos dejamos 250 millones de euros al año en este timo, sólo superados en el ránking de estulticia supina por EEUU y Gran Bretaña. Y lo mejor de todo es que, como aquel poema de sutileza tan ibérica que glosa:

Caga el rey, caga el papa,

que en este mundo de mierda

de cagar nadie se escapa

en el timo nigeriano (aunque yo he recibido ya cartas de Ghana, Camerún, Senegal…) han picado jubilados, parados -ambos por motivos comprensibles-, empresarios de la construcción -pago una botella de Dom Perignon a quien haga caer al Pocero-, industriales, ingenieros o médicos… y es que la promesa de dinero fácil nos seca el juicio a todos, por lo visto.

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