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Posts Tagged ‘policía’

Anteanoche asaltaron nuestra oficina de ventas. Discretos, lo que se dice discretos, no fueron, porque el boquete que abrieron en la pared no se hace escarbando con una cucharilla de café mientras se silba un aria de Rigoletto, y porque antes tuvieron que reventar una puerta de chapa metálica que con sólo rozarla resuena como un gong. La alarma no saltó -o eso dicen los de la compañía de Seguridad-, tal vez quedara dañada por el vendaval del fin de semana, y la policía tampoco se enteró de nada, porque nadie vio ni oyó nada, y si alguien vio u oyó algo, corrió las cortinas y aquí paz y después gloria.

Un portátil con alimentador a carbón de puro viejo, una cadena de música de las que regalan con tres cartones de chococrispies, un radiador portátil para no entrar en hibernación y una mininevera sin cerveza es todo el botín que se llevaron, poco el beneficio y mucho el daño, porque en la búsqueda insólita de joyas o dinero en una oficina de ventas de una constructura removieron Roma con Santiago, y no hay archivador cuyo contenido no haya sido esparcido por el suelo a la espera de hallar quién sabe qué. ¿Acaso creían que escondíamos los billetes de 500 euros en el doble fondo de la silla? Porque las han rajado todas. Mucha película es lo que se ha visto por aquí.

Por suerte, la anterior comercial, una chica encantadora y dulce, pero algo pusilánime, se nos había ido ya y había sido sustituida por… un chico, Antonio. Sí, ya lo sé, es muy eficaz, con carácter, sabe moverse… todo lo que queráis, pero ¡es un hombre! ¿Qué costaba contratar una rubia de piernas interminables, aunque no supiese ni el idioma? Si es por el trabajo, da lo mismo, no se vende nada, pero al menos sería un aliciente para los que todavía estamos en la porra de cuál será el próximo en caer. A este paso, la próxima cena de empresa la podremos celebrar en un club de carretara, como sugiere el departamento de obras.

Ayer porla mañana, Antonio llegó, vio y se fue a la Comisaría de los Mossos a denunciar el asalto. Tres cuartos de hora esperando que lo atendieran para que, muy amablemente, eso sí, le indicaran que, al tratarse de un robo con fuerza, debía esperar en ‘el lugar de los hechos’ la llegada de la patrulla policial. Vuelta, pues, a la oficina de ventas, que, sin el radiador, resultaba más inhóspita que la tarde de un domingo. Tomo la precaución de preguntar antes cuándo pasaría la patrulla, por si le daba tiempo de tomar un café.

-Pronto-respondiera la amable recepcionista.

La Policía, como la Administración, tiene un concepto del tiempo muy flexible; cuando el ciudadano debe cumplir sus trámites, se rije por un reloj atómico y puntualidad prusiana; cuando el ciudadano debe recibir un servicio en la que todo lo que sea menos de tres horas es ‘pronto’. Porque dos horas y media tardó la pareja de mossos en llegar al ‘lugar de los hechos’, que el lenguaje oficial lo tienen bien aprendido.  Bajaron, se calaron profesionalmente la gorra, uno se arregló la cintura del pantalón y otro se hurgó la nariz y. tras un concienzudo examen de tres minutos, dictaminaron:

-Esto ha sido robo con fuerza. La científica vendrá está tarde a tomar huellas.

-¿A qué hora?- preguntó Antonio, con la boca llena de risa

-A las tres.

-Se van a cagar. Van a encontrar las huellas de media Vetera-se reía Antonio cuando se fueron. Y es que, en el ínterin, por la oficina habíamos pasado los técnicos, los de obra, tres o cuatro peones buscando material, el director de la empresa… y un señor que se llama Bernard y pasaba por allí. No menos, pues, de veinte personas-. Lo que te digo, media Vetera.

Puntualmente a las cuatro y media, llegó la científica. Si alguien esperaba ver bajar a Grissom y compañía, con maletines enormes, gafas especiales y lo que fuera, que se olvide. Debieron suponer que no era el asalto noticia de gran trascendencia ni su resolución asunto prioritario porque nos enviaron al becario o al más torpe del lugar, que tras pasar los polvos y la escobilla por el pomo de la puerta que los veinte habíamos tocado, concluyó:

-Esta limpio. No hay huellas.

Ciertamente, esto no es Las Vegas, aunque otros personajes cinematográficos sí encontramos, al volver a Comisaría a formalizar la denuncia -antes lo habíamos intentado hacer por internet pero, cuando ya estaba todo respondido, apareció un mensaje de error: “Robo con fuerza no admite denuncia virtual”-, y tomó declaració a Antonio el trasunto ibérico del jefe Wiggum

 

aporreando el ordenador como con patas de cabra, con dos y dos dedos, poniendo tanto énfasis que temimos que acabase atravesando, no ya el teclado, cuya vida de martirio no podía ser muy larga, sino incluso la mesa. Tomó la declaración en castellano, “porque yo fui Guardia Civil y, aunque tengo el nivel C, me desenvuelvo mejor en español” y, cuando nos la dio a firmar, preferí que sólo Antonio diese testimonio del desaguisado, pues no había línea sin falta ortográfica, ni signo de puntuación bien puesto, salvo el punto y final. Habría pagado por verle escribir en catalán.

-¿Y estos van a encontrar nada? Si dudo que encontrasen la salida de una calle recta… -dijo Antonio

-¡Qué van a encontrar si ni siquiera van a buscar! ¿Por un ordenador y una nevera? Si los asesinatos los resuelven con ‘ajuste de cuentas’, ya me dirás qué van a investigar aquí. Al menos, espero que el seguro nos cubra el ordenador… Menos mal que no quedaban cervezas en la nevera, que eso sí habría sido un crimen.

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