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Posts Tagged ‘tópicos’

Dos son las ocasiones en que los tópicos más manidos son el eje de la mayor parte de las conversaciones celtíberas: el 23 de diciembre y el entorno de un funeral. Ya sabemos que el 23 de diciembre es el día de la salud, porque, como a nadie le ha tocado la lotería, es más, muy pocos han recuperado, siquiera parcialmente, lo invertido, pues se consuelan los unos a los otros con ‘Mientras no falte la salud’, ‘La salud es la única lotería’ y similares. Ruinoso negocio, por otra parte, ese de invertir en boletos y más boletos para nada, y reincidir a la próxima con igual suerte. Nunca he logrado entender esa obsesión por la lotería de Navidad, por atesorar números de los lugares más remotos, por encargarlos al vecino que se va de boda a Orejilla del Sordete o por cambiar con el cuñado un número de la Puebla de don Fadrique por otro de Betanzos. Y ya lo de la Bruixa d’Or, con su peregrinaje de jubilados, viajes ex professo y colas dignas de tienda soviética prefiero no comentarlo, porque si reflexiono sobre ello quizá acabara pegándole fuego al país.

Después están los funerales. Por desgracia, los conozco bien. Durante años, “Asunto familiar grave” era la escueta nota con que mi madre justificaba una falta escolar, hasta que un día me cansé de la frase:

-¿Qué quieres que ponga, entonces?

-¡Yo qué sé! Pon “Climatología adversa” -y el resto de ausencias se justificaron de ese modo.

Hay gente discreta que se limita a dar la mano, o un beso, o un abrazo, con o sin lágrimas, pero sin decir nada, porque no hay nada que decir. Pero después están los que sienten horror vacui ante la muerte y deben llenarlo de palabras y más palabras. Y siempre son las mismas, que no resistirían el más mínimo análisis racional.

Unos no tienen mejor ocurrencia que preguntarle al deudo más cercano “¿Cómo estás?”. ¿Cómo van a estar? Pues mal, evidentemente. ¿Qué respuesta esperan que les den? No hace muchos meses, era tanta mi rabia por una muerte injustamente prematura que al imbécil que me preguntó eso estuve a punto de responderle: “Cojonudamente. De hecho, cuando se acabe este tostón, me iré de putas”, pero mi madre, que no se fiaba ni se fía de mi excelente criterio, estaba demasiado cerca con sus ojos hinchados como para soltar el exabrupto y salir indemne.

Otros hamletizan en torno al “no somos nada”, “Esto es una lotería”, “Hoy estás y mañana no estás”, Para empezar, esto no es una lotería, porque este premio si nos cae a todos. Para seguir, este estoicismo de salón y tirar de repertorio tiene mucho de no haberse enterado de nada. Personalmente, sabiendo que es un camino que seguiremos todos, prefiero que me preceden otros, de hecho tengo un listado muy claro; cuando oigo lo del “le puede tocar a cualquiera”, sólo pienso, “¡Rayos! ¿Y por qué no le ha tocado a ansar?” Y es que aprendí muy bien de mi abuela, una regia dama, que cuando el fontanero le intentó timar en una factura por énesima vez, le espetó, al tiempo que la desmenuzaba,

-¡Qué injusta es la vida, Aceituno! Tanta gente buena que se muere por el mundo y que tú sigas dando por saco…

Hay quien concibe el funeral como un encuentro social, sobre todo familiar, y es que como la mayor parte de las familias no se aguantan prefieren encontrarse lo mínimo posible. “Sólo nos vemos aquí”, suele la expresión canónica. Oiga, ¿qué puedo decirle?, me parece bastante triste… ¿o es que en su familia no hay bodas, bautizos ni comuniones? Los hay que sólo se desplazan para los funerales, a veces creo que es más por el morboso e inconfesado placer de saberse aún vivo pese a todo que por un genuino deseo de honrar la memoria del difunto, cuya despedida ventilan en un pis-pas para enzarzarse de inmediato en conversación con otros que también están “porque había que estar”. “Son tus fiestas los funerales”, dice el poema de Joan Maragall Oda a Espanya, y a menudo parece que eso mismo sienten, renuentes a acudir a celebración alguna que no sea luctuosa. Incluso se puede percibir un deje de decepción en el “¡Qué enteros están!” de alguno -de acuerdo, más bien de alguna-, como si hubiesen esperado un melodrama, que es a lo que han venido.

Tampoco faltan aquí los negacionistas. “No puede ser, no puede ser”. No, claro que no; hemos montado todo este tinglado sólo como broma de cámara oculta, es que mi familia tenemos un peculiar sentido del humor… “Pero, ¡si hace dos semanas que lo vi!” Ya. Es que se murió ayer; lo interesante será que lo veas dentro de dos semanas.

Pero, de todas las situaciones surrealistas, ninguna superará la de ayer. Nos dirigíamos al funeral; yo iba con María, ambos vestidos completamente de negro, ella con un largo abrigo negro y yo con el homburg y un ramo de rosas blancas. Subíamos a su coche, un descapotable rojo, cuando dos ancianas que pasaban por allí nos gritaron:

-¡Que vaya bien el casamiento! ¡Que seáis muy felices!

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