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Posts Tagged ‘Vetera’

Salía ayer por la mañana -tan calurosa a las ocho y media que decidí desanudarme la corbata- por el portal en mi estado catatónico de siempre cuando me encontré con el primero de estos carteles pegado en el lindar de mi edificio.

y los siguientes en los lindares vecinos, de modo que besos iban acompasando mis pasos. Me ha desperezado de golpe lo inesperado de encontrarme en la conservadora y aldeana Vetera coletazos de la campaña contra la discrimación sexual que la Conselleria d’Acció Social i Ciutadana de la Generalitat emprendió con motivo del Día del Orgullo Gay (28 de junio); por un momento -ensoñaciones antes del segundo café- pensé en que ya no estaba en la Cataluña rural, sino en la cosmpolita y tolerante. Pau, un amigo andrógino bastante más femenino que muchas chicas que conozco pero que en Vetera mide tanto pasos, palabras y gestos que pasaría por leñador, dice que los armarios de la villa son como Alcatraz, no ha salido nadie.

No podía durar mucho la anomalía. Esta mañana estaban todos los carteles arrancados y susituidos por la imagen fotocopiada en papel rosa de un Cristo sacado de una estampa horrorosa

Os aseguro que la impresión ha sido fuerte y me he despejado de golpe. Sinceramente, prefiero ver imágenes de besos que de un Dios torturado.

Como yo no me entero de las fiestas locales, el repique de campanas de ayer debió ser la respuesta de las fuerzas vivas al grito de Vía fora! que algún indignado ciudadano desempolvó, porque el somatén salió y no dejó cartel vivo. Toda Vetera está plagada de las horribles fotocopias, en rosa, naranja…

Hoy no me apetece empantanarme en el debate de si el cristianismo es necesariamente homófobo o si, por el contrario, no es más que una herencia cultural judía. Me gustaría poder hacer mía la reflexión de un monje octogenario que nos rechazaba como absurdo que un Dios de amor impida a sus criaturas la posibilidad de amar, que cree seres humanos con mayores restricciones morales que otros sin más razón que su condición natural.

Es habitual que los más vociferantes contra los integrismos ajenos militen furiosamente en somatenes cristianos. De hecho, la palabra ‘integrista’ no se refiere en origen al Islam, sino que fue acuñada por el catolicismo más recalcitrante del siglo XIX para autoafirmarse políticamente desde el tradicionalismo contra las opciones conservadoras del anatemizado régimen parlamentario. Se definían como ‘católicos íntegros’ frente a los ‘mestizos’ y, ante lo que consideran una ofensiva laicista, su intención era integrar nuevamente la religión en la política. Aunque os suene a dejà vu, esto son los debates de Ramón de Nocedal y su Partido Católico Nacional desde 1888, no os estoy copiando la hoja diocesana de esta semana del arzobispado de Madrid, palabra de ex monaguillo.

Sinceramente, me da bastante pena que la vida de ciertas personas sea tan trista y amargada que no soporten la visión de un beso y quieran que el resto vivamos es misma no vida, que el resto vivamos su muerte. Los que se llenan la boca sobre ‘cultura de la muerte’ son los más empeñados en negar la vida con todas sus facetas. En desagravio por la vida, intentaré hoy besar a quien se deje (espero que sea X), y os invito a lo mismo.

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Si en los próximos días veis en las noticias a un tipo con traje negro y reloj de bolsillo que sale tranquilamente esposado del Ayuntamiento de Vetera, tras haberla emprendido a sablazos con los servicios técnicos hasta cometer el mayor asesinato en masa desde que Himmler le dijo a Hitler “ya verás qué risas con esto del gas”… que sepáis que ese soy yo. De hecho, he mandado ya a la tintorería el traje de raya diplomática, porque las rayas adelgazan y así no me veré tan gordo en la pantalla; lo que todavía no sé es si afilar el sable o disfrutar al torturarles con una hoja mellada.

Hace pocas semanas se produjo una hecatombe política en Vetera, cuando treinta años de partido único llegaron a su fin; para ello, ha sido necesario la alianza más insólita entre el centro derecha nacionalista, ERC y los antisistema de la CUP; de hecho, la CUP ha logrado que ERC parezca una blanda congregación de monjas bernardas menopáusicas. El PP, que en esta película pinta menos que Gollum en la Guerra de las Galaxias, se limita a dar saltitos para lograr salir en la foto.

Tanto bombo y platillo, portadas, titulares y columnas ha ocupado desde que sólo era un rumor el cambio electoral en La voz de Hobbiton, boletín oficioso de la comarca, que incluso el más escéptico pudo caer en la tentación momentánea de creer que algo cambiaría. Para bien o para mal, pero que algo iba a cambiar.

La ingenuidad es un delito que acarrea su propio castigo, la inevitable decepción. Cuando la moción de censura había pasado de murmullo bisbiseado entre connaisseurs a rumor verosímil, Elías, Ernest y yo, los últimos supervivientes de la Oficina Técnica nos relamíamos con la esperanza de ver rodar ciertas cabezas de cuya incompetencia o corrupción hemos sido víctimas hasta casi la asfixia. Uno de ellos era el responsable de Vía Pública, cargo de confianza del antiguo munícipe, entre cuyos logros está haber consensuado una unánime descalificación a su gestión. Así, por ejemplo, su reordenación del tráfico en el centro de Vetera y su nuevo plano de direcciones de circulación, mereció la siguiente observación de otra de sus víctimas:

-Si al que ha hecho esto no le faltó aire al nacer es que es un sicópata.

Este tipejo es el que alumbró la gran ocurrencia de que cualquier imprevisto debía notificarse con seis días laborales de anticipación para solicitar una prórroga de ocupación de vía pública. ‘Imprevisto’ es uno de los conceptos que no tiene muy claros. Como comprenderéis, era un placer que aliviaba cualquier fatiga del espíritu imaginar en la puta calle al que había convertido en una ginkana obtener el más nimio permiso y nuestro trabajo en una sádica carrera de obstáculos. Porque en Vetera todos los animales son iguales, pero unos son más iguales que otros, y la medida que a nosotros se nos tomaba con pie de rey a otros se tomaba con palmos, o ni se tomaba. Tanta era nuestra alegría de pensarlo cesante que planteamos al director de la empresa contratarlo un mes a nuestra costa para rematar la venganza.

No pudo ser. El equipo saliente decidió premiar los servicios prestados concediendo patentes de corso en forma de canongías vitalicias. Así que ahora suponemos que los entrantes pondrán a otro ‘de los suyos’ en Vía Pública y mantendrán en su puesto, sin responsabilidad pero con sueldo, al transmutado en funcionario. Dos perfectos incompetentes para un único puesto cuyo labor, a la postre, desempeñará un tercero.

Otra de cuyas cabezas querría pasear en el extremo de una pica, como en los buenos viejos tiempos de la Revolución Francesa, es la de la que lleva, por llamarlo de algún modo, el área de urbanismo, individua conocida en nuestra Oficina Técnica con el témino matemático Épsilon, por pequeña y despreciable, responsable directa de que en esta semana aún no haya escrito una línea, secuestrado en su despacho intentando lo más difícil, que es explicar lo evidente. Como que una línea residual de un topográfico antiguo indica una construcción inexistente, y no una alineación:

-Es que esta alineación no es correcta.

-No es una alineación. La alineación está señalada en color azul, como dice la leyenda. Es una línea del topográfico.

-Bueno, pero esta alineación no es correcta.

A la quinta vez que se repetía la tautología, empecé a sopesar sustituir el diálogo socrático como método de razonamiento por el menos sutil estrellarle la cabeza contra la mesa hasta tallar con su jeta granujienta un altorrelieve en la caoba. Durante dos años, Épsilon retrasó la aprobación de la urbanización de una calle con las más peregrinas excusas, como que la marca de farolas no era la que ella había pensado para esa calle; al principio creí que era simplemente imbécil, pero ni siquiera un funcionario municipal lo puede ser tanto, así que no me ha quedado más remedio que, con el tiempo y viendo las consecuencias de sus actos, concluir que no sólo la estupidez engrasa su labor profesional.

Dos días para explicarle un Plan Parcial. Dos días para intentar hacerle entender que las previsiones del Plan Municipal han sido superadas por legislación posterior, que por mí mejor si no hubiese que aplicarlas, pero Épsilon que no, que si el Plan Municipal dice una cosa, hay que aplicar eso… Cuando mis nervios alterados estaban a punto de hacerme protagonizar el España directo de hoy, una llamada urgente ha salvado a Épsilon.

Mientras esperaba su regreso, he echado un vistazo: el nuevo organigrama del Departamento, con un nuevo capo di capos, una pequeña circular con las prioridades -políticas- en materia urbanística… ; miro el reloj y veo que son ya la una y media: Épsilon no vuelve hasta mañana. Todo nuevo para que todo siga igual.

Al salir, el único político que conozco de Vetera me lanza un impreciso:

-Theo, tenemos que comer juntos un día.

-Que sea en un lugar discreto, que yo aún tengo fama de honrado.

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Callejeros

Dicen que, de noche, todos los gatos son pardos, pero últimamente unos son más pardos que otros, y Marta, la camarera de Jaume en el Vinyes Velles, ya ha amenazado conque algún día llamará a Callejeros. Como últimamente ando un tanto desconectado de la televisión, no entendí el chiste que tanta gracia hizo a mi alrededor hasta que Marta me pasó este vídeo.

Si os digo que me quedé helado, mentiría. Admito que, en mi inquebrantable ingenuidad, deseaba que el programa en que se emitió ese desfile de monstruos, de actitudes tan sospechosas como el acopio de matrículas en el maletero, acabara con un tranquilizador mensaje, del tipo:

“No teman los ciudadanos, que antes de la emisión de este programa se dio copia a las Fuerzas de Seguridad del Estado para que actuaran en consecuencia. No teman, pues, encontrarse con semejante fauna por la calle, que estos cabestros ya están donde les corresponde, que es picando piedra para carreteras”

 Si de este modo esperanzador hubiera concluido la crónica del dislate, quizá habría descorchado por lo insólito un Dom Perigon, pero no fue así, como era de esperar, y es que ya pocas cosas me soprenden, y mucho menos cuando las protagoniza un tipo con plumas blanco y capucha peluda. Normalmente, cuando el Kevin de turno así ataviado anda suelto, agarrado al cuello de su Jenny, o en camaradería con algún padawan al que inicia en el uso de la Fuerza -Fuerza bruta, se entiende-, prefiero alejarme cuanto antes. Que seguro que acabo salpicado.

Que la gente es poco discreta, es un hecho. Y si un tipo como yo, con la empatía de un saco de cemento y la capacidad de observación de un topo, se dé cuenta de que hay algo extraño es que son menos sutiles que los chistes con que ser ríe George Bush jr. Porque para percibir yo sin sombra de duda alguna, entre las nieblas del tabaco, los vapores de la guiness y las humoradas de la conversación, que hay quien anda trapicheando, es que les falta poco para montar un tenderete y anunciarse a gritos como verduleras.

No quiere Jaume que, a sus años, se le descontrole el pub y empiece a tener reputaciones que nunca ha tenido, que para eso ya hay en Vetera otros lugares donde ponerse tibio, así que ha emprendido una doble campaña, para localizar y neutralizar cualquier movimiento sospechoso bajo su techo y para emprender lo que él llama una labor educativa, no contra el consumo, que para hacer de padre ya tiene una hija, y que allá cada cual que se meta lo que quiera, que mayorcitos somos todos, sino para sugerir, con la sutileza que esos cabestros puedan entender, que las ilegalidades se cometen en privado o con mucha discreción. O sea, con la sutileza de una motosierra. Así, cuando concurren circunstancias que hacen sospechar de consumo de medicamentos sin receta -como peregrinaciones al baño masculino con una asiduidad sólo explicable en casos de diarrea crónica-, el diskjockey int5roduce en la canción que suene el estribillo de aquella tan divertida de Siniestro Total, “Todo por la napia”

Cierto es que es algo más refinado que la primera sugerencia de anunciar sus intenciones coreando los habituales, la Vieja Guardia, un “¡a la rica clencha!”, pero tampoco mucho más, y consigue el objetivo de incomodar. Nada es tan difícil como explicar lo evidente, sentenciaba Descartes, y ya que a esta gente parece que no se le puede explicar que lo que se meten no es inocuo y que, por ilegal, no deben alardear de ello, al menos intentar que las caras se vuelvan todos a verles, que sientan deseos de mimetizarse con la pared del fondo.

Porque la cuestión preocupante es que no hay tanta lejanía entre la astracanada de la salida de no sé qué discoteca alicantina y lo que sin ser un Sherlock Homes puede cualquiera notar. Porque, os lo aseguro, si yo me doy cuenta es que sólo les falta que , por orden del señor alcalde, vaya anunciándolo el aguacil. Impunidad, esa es la palabra. Se sienten impunes porque nadie les persigue, a lo sumo algún control de alcoholemia, impunes para consumir, para trapichear y para declararlo a cara descubierta. Cara que mis dragones me habrían partido, y por cuya integridad (la de mi jeta) me habría guardado mucho de dar publicidad a mi borrachera con etílicas lecciones de biología ante las cámaras.

En un país de pícaros y bandoleros, parece que el desprecio más absoluto por la ley no sólo está en los genes, sino que es motivo de orgullo y de admiración. Hace pocos días, detuvieron a un importante capo mejicano tras la denuncia pública del arzobispo de Durango, monseñor Héctor González Martínez:

“Más adelante de Guanacevi, por ahí vive El Chapo. Todos lo sabemos, menos la autoridad” (El Observador)

Y la misma sensación tengo yo con el asunto en cuestión. Pues, si a los cinco meses de estar en Vetera, sin consumir yo jamás sustancia alguna que no pague impuestos, sabía cómo, cuándo, dónde y de quién conseguir más variedades de mierda de las que había oído hablar nunca, me sorprendo que sigan, tres años después, los mismos tipos en los mismos sitios. Cuando un Josua con capucha peluda sin oficio ni beneficio conocidos baja de un Audi TT,

de un Mitsubishe Eclipse

o de un BMW Z8,

por citar sólo los modelos que conozco, me chirría ya todo, ¿cómo es posible que nadie se pregunte de dónde ese indocumentado ha sacado los más de 30.000 euros que vale el cacharro de marras? Porque vale que hubo muchos Jonathanes en la construcción que se agenciaron el coche con que acabar en alguna cuneta cuando en bancos y cajas se peleaban por conceder crédito al mayor disparate, pero otros muchos no han pasado de mozo de almacén o ni siquiera eso. Supongo que acabaré en el infierno por plantearme cosas que no debo, pero al menos ahí habré de econtrar quien sepa acompañarme para cantar

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Hace unos días, Velda propuso el pequeño divertimento a imitación de otro de Asimov de escribir todos un post con el mismo título, “En blanco”. Es lo que ahora se llamaría un homenaje.

Con inquebrantable ingenuidad, uno espera que un cambio municipal suponga una especie de hoja en blanco en la que empezar a escribir las relaciones con los munícipes y su brazo armado, los funcionarios, desde cero, pero nunca es así.

Ayer, a última hora de la tarde, me confirmaron que finalmente el tercer partido en discordia se sumaba a la moción de censura contra el equipo que gobernaba en minoría el Ayuntamiento de Vetera. Bueno, lo de gobernar es un decir, pues la debilidad había sumido en inoperancia a la mayor empresa de la villa.

Confieso que de haber sabido bailar la jota, una jota me habría marcado sólo de imaginarme en la puta calle a los cargos de confianza nombrados políticamente, a dos especialmente inútiles, incompetentes, prepotentes y holgazanes. El paradigma de sátrapa de oficina municipal, en fin. De hecho, Elías, mi jefe, llegó a proponerle ayer al director de la empresa que contrate por un mes a uno de ellos, que él le paga el sueldo, sólo para devolvérselas todas y cada una de las judiadas con que nos ha torturado los últimos tres años.

¡Qué poco dura la alegría en la casa de los pobres! Esta mañana, fuentes bien informadas han echado un jarro de agua fría sobre nuestras esperanzas e ilusiones, pues el Ayuntamiento próximamente saliente paga con dinero de todos los servicios prestados, y convierte el puesto político en prebenda funcionarial, vitalicia, desde donde continuarán ejerciendo sus minúsculas y respectivas dictaduras. O no, porque el nuevo consistorio habrá de cubrir los puestos políticos vacantes con otros, vaciando de contenido la plaza funcionarial, pero no de salario. Así, al recién nombrado Director de Departamento de Vía Pública se le impondrá un Coordinador General de Área, y así sucesivamente de legislatura en legisltatura se irán acumulando personas para un único trabajo. Porque cada partido tiene un background al que contentar y unas redes clientelares que mantener y expandir.

Feliz estará el que rozará su parcelita de poder por primera vez en 30 años (partido único, era el régimen que se estilaba en Vetera), pero más aún el que seguirá cobrando sin responsabilidad alguna. ¡Bendito país este, que puede mantener a semejante caterva de zánganos! Alimentados de nuestro costillar, pues en lugar de reducir efectivos la hipertrofiada administración municipal, como haría cualquier empresa en quiebra técnica como están tantos Ayuntamientos, aumentan impuestos municipales, tasas y sanciones, que los hombros ibéricos cargan con lo que sea. Y si no basta con aumentar, se inventan exacciones nuevas, como la obligatoriedad del reciclado, bajo pena de multa, que no hay que dejar pasar la ocasión de criminalizar al ciudadano para dismular la feudal depredación a que nos someten.

Porque se han subvertido los términos, y los que en teorías son nuestros servidores públicos han devenido nuestros opresores. No hay mayores incumplidores de la ley que los Ayuntamientos, pues si un retraso en satisfacer una tasa tan arbitraria como impuesto de basuras sobre los aparcamientos supone una multa, ellos pueden perfectamente no pagar en 240 días. ¿Dónde está escrito que esto ha de ser así? Porque que me traigan ya una hoja en blanco, que redacto un contrato nuevo. Y si se muestran reluctantes, hagamos nuestra particular toma de la Bastilla, exijamos una auditoría general a todos los Ayuntamientos. A ver qué ocurre. Quizá haya que contratar personal en Alemania para suplir a todos los que acabarían en la cárcel, pues media España huele como Marbella.

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En estos días de cierto revuelo mediático por el cierre de dos macroprostíbulos en Castelldefels, cerca de Barcelona, el Riviera y el Saratoga, seguidos de la imputación de varios mandos y ex mandos de la Policía Nacional en, como mínimo, la vista gorda, cuando no directamente en cobro de sobornos, el tema anda candente en las calles de Vetera, ciudad de inconfesos bajos fondos, como toda ciudad pequeña, provinciana y conservadora, de misa y rosario, de la puta y la Ramoneta.

Quizá haya sido el cierre de estos locales, que mantiene en dique seco a los bravos aborígenes, o tal vez sea la entrada de la primavera,

la cuestión está en que no hay día en que a mi alrededor no surja el tema y, sinceramente, maldito el interés que me suscita conocer esas transacciones y sus tarifas. Cuando uno trabaja en la construcción, por más esfuerzos que haga, acabará enterándose de todo lo que no querría saber sobre métodos y lugares para recorrer las sendas más indignas de uno mismo. Y si los viejos oficiales eran así, los jóvenes peones crecen en el mismo caldo fermentado.

Por supuesto, Vetera no tiene su casa con farolillo rojo donde solazarse honradamente. Las señoras de los astracanes y mantilla y sus maridos, clientes VIP de los clausurados Riviera y Saratoga, no habrían tolerado tal afrenta en su ciudad santa; aquí todo es clandestino -aunque todo el mundo lo sepa-, en pisos francos en la calle del Abat Servusdeu, o la de Santa Rosa, o la de Sant Martí… para desesperación de los vecinos que todavía queden en tan pías calles, cuando el apretón alcohólico de uno que no llegó a Castelldefels los despierta un miércoles a las cuatro de la madrugada.

-¡Ábreme!

-¿Para qué quiere que le abra?

-Para ver a las nenas.

Profundo es el vacío que la acción judicial ha dejado en el alma oscura veterense, y no pocos los misericordiosos que se han apresurado a consolar al afligido. No parecen los tiempos propicios para grandes inversiones, y la red de pisos francos aún admite tupirse un poco más, basta con tener los contactos adecuados y salirse del piadoso circuito de santos y abades.

Y así es como llegó a Vetera un aplicado alumno del cuerpo de policía, de la escala intermedia, aunque no mencionaremos de qué cuerpo, buscando un piso de alquiler para su novia china y la madre de esta, que hallaría por agencia inmobiliaria aliviada de dar salida a algo de la cartera. Un currículum verificado dio cierta tranquilidad a la propietaria,

-Que en los tiempos que corren puede meterse en tu casa cualquier sinvergüenza.

-Que razón tiene usted, doña Paquita. En mi trabajo he visto de todo.

Y tranquila quedó doña Paquita con su policía y su novia, “muy mona ella, muy fina, parece más joven que él, pero con los chinos ya se sabe, son como las ermitas y los puentes, que no tienen edad. La madre, muy seria, parecía un sargento de semana”. Y tranquila estaba hasta que los vecinos de los alquilados -Vetera es monstruosamente aldeana para su más que respetables dimensiones-, empezaron a quejarse de un trajín interminable de hombres subiendo y bajando por los ascensores a cualquier hora del día y de la noche, de llamadas intempestivas como la transcrita literalmene por doña Paquita líneas antes y de buzoneos extraños.

-Que no, hombre, que no, que esto tiene que ser un error.

-Te digo que han convertido tu piso en una casa de señoras que fuman. Cómprate el periódico el viernes y lo verás.

Y allí estaba, la dirección y el teléfono de su policía debajo de una joven oriental que, sonriendo, prometía ser muy complaciente.

-¿En qué ha convertido usted mi casa? -llamó de inmediato al policía

-Que no, doña Paquita, que es sólo una casa de masajes.

-Oiga, no me tome por tonta, que aún sé leer.

-¿Ha visto el anuncio?

-Lo tengo delante de mis narices ahora mismo.

-Es que en el periódico se han confundido con el anuncio y…

-Me da igual. Cuando acabe el mes que ha pagado quiero que se vaya.

Pero no parecía el astuto empresario muy por la labor, por más burófax que doña Paquita le enviara y por presiones de la inmobiliaria. Así que pagó otro mes por adelantado.

-Oiga, le he dicho que se vaya. ¿Cómo tiene la cara de pagarme otro mes?

-Es que no encuentro otro piso. En la inmobiliaria no quieren buscarme nada. ¿No sabrá usted de un piso en la calle de Sant Martí?

En este impasse está doña Paquita, que prefiere resolver a buenas el asunto y rescindir el contrato sin requerimientos judiciales, en parte por miedo a un policía del que sospecha poca honradez y menos escrúpulos, en parte porque intervenciones ajenas aún le precintarían el piso, para descalabro económico y mayor vergüenza. Mientras, sigue el buzoneo del edificio con mensajes dudosamente comprensibles que han sido descifrados como publicidad de los otros dos pisos francos de orientales en la calle de Sant Martí y que se rumorean en manos de la mafia china, para alarma del vecindario y desesperación de doña Paquita.

-Ahora, ¿quién limpia el honor de mi piso? ¿A quíen se lo alquilaré? Nadie le lavará la fama.

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Como en el “Autorretrato” de Goytisolo cantado por Paco Ibáñez,

ayer Llorenç sacudía pesaroso la cabeza, y no porque las cartas no le llegaran, que ligó al remigio varias veces a cartas dadas para acabar ganando antes de sentarse a la mesa de butifarra y marcarse dos capotes y un ‘nen de fusta’ . Para los legos en el juego catalán por antonomasia, comentar que el capote es ganar todas las bazas de una mano y el ‘nen de fusta’ es el nombre local a la humillación recibida al perder todas las manos de la partida, es decir, sin haber puntuado siquiera. No eran, pues, las cartas su preocupación, sino otra cosa lo que le hacía murmurar el mantra “No sirve, no sirve para nada”.

Llorenç y yo jugábamos contra Ramiro y el Forner; Ramiro, que en las cartas es un jugador de los más finos que conozco, estaba poniéndose verde de la bilis que tragaba, cantando triunfo con cuatro de ocho, naipes más tristes no he visto en mucho tiempo, y para no enviar la partida a tomar viento fresco acabó preguntando:

-Y tu hijo, Llorenç, ¿no se iba estos días de vacaciones?

-Nada bueno sacaremos de este hijo mío. Mañana se va a Brasil dos semanas.

-¿A Brasil? -fue la pregunta unísona de jugadores y mirones, con sonrisas pícaras algunas y nostálgicas otras…

-A Brasil. Con la novia -silencio absoluto, miradas bajas. Llorenç recoje la enésima baza, suspira y sentencia-. Es lo que yo le digo, irse a Brasil con su novia sólo se le ocurre a Pedro Picote, que se fue a vendimiar y se llevó uvas de postre.

-Esta juventud no sabe hacer las cosas -convino Ramiro-. Con la parienta se va a Praga o de crucero por el Báltico, que a Brasil se va con los amigos y lo que alli ocurra, allí se queda.  ¿Tú qué harías? -me dispara a bocajarro cuando me intentaba ocultar tras las cartas para evitar ser involucrado en la conversación.

-No me gustan las playas, ni el sol… no me atrae lo más mínimo Brasil -me aventuré a reconocer ante semejante auditorio.

-Este es más tonto que tu hijo, Llorenç.

-De la misma escuela serán, porque el viaje lo organizó la novia.

-Las chicas son ahora más guerreras que los chicos -observó el Forner-, mi hijo sigue parasitando en casa con treinta años y la niña, acabada Farmacia, se va un año a Nicaragua de cooperante.

-A ti te pasa como a mí, que te ha salido una hija muy inteligente y un hijo muy listo -añadió Ramiro.

-Para listos, tres matrimonios que todos conocemos -irrumpió Carlos-, que casi tienen que quedarse un mes en la Costa Brava fregando platos.

Cotilleo fresco. Llorenç, su hijo, Brasil o yo ya estábamos suficientemente exprimidos, así que el auditorio se volvió en masa hacia Carlos. ¿La partida? Bah, total, ya estaba perdida, abandonó Ramiro.

-Resulta que tres que conocemos y no nombraré y sus respectivas tenían reserva para cenar en un restaurante de la Costa Brava que tiene lista de espera de varios meses, años según lo rumores -empezó Carlos.

-¿Es …?

-No digamos nombres, Julià -cortó en seco Carlos-. Pidieron el menú degustación, creo que es a más de 200 euros por cabeza, vino aparte. Para remojarse el gaznate, nuestros ilustres convecinos eligieron un Borgoña, cuyo buen gusto fue ponderado por el sommelier y por el propio cocinero cuando hacía la presentación de los platos. Podréis contar que una botella de 3/4 entre seis tocó a copa y media por barba y hubo que pedir otra; con una nueva y extensa pormenorización de todos los matices que hacían de su elección la única perfecta.

Si tanta alabanza no bastaba para mosquearles, que no bastó, que están nuestros vecinos tan encantados de haberse conocido que lo encontrarían lo más normal del mundo, cuando el maître, por orden del chef, indicara que a la degustación estaban invitados deberían habérseles disparado todas las alarmas. Pues tampoco fue así. Y es que un veterense de toda la vida no puede sino esperarar que le hagan un homenaje allá por donde vaya. ¿Veterense, dije? ¡un veterista!, de esos cuyas familias tienen calles dedicadas del tipo  “Calle S***, familia de propietarios”.

-¿Veterista?

-Sí, claro, Llorenç. Veterenses somos todos por aquí, bueno, todos menos tú, que eres de Sant Miquel. Los veteristas son los veterenses integristas. Bueno, pues llega la hora de la verdad y piden, satisfechos, la cuenta. Más de  10.000 euros. Dos botellas de Grand Cru a 5000 euros la botella, más IVA, claro. Pagaría media botella sólo por haber visto sus caras y sus sudores fríos.

-Esto no puede ser verdad, Carlos, te han tomado el pelo.

-No lo creo, que me lo ha contado uno de los tres mosqueteros. Y el cabreo que tenía encima aún no se le ha pasado, y eso que la historia es de agosto o septiembre.

-Pero, ¿no miraron el precio antes de pedir?

-¡Yo qué sé! No sé si perdieron con las casi 150 páginas de la carta de vinos, o si confundieron el año con el precio… sólo sé que pagaron casi 11.000 euros sólo de vino.

-Esto es causa de divorcio-apostilló Vázquez.

-De divorcio, no sé, pero los tres grandes amigos no se hablan desde entonces.

-¿Y no le cortaron los huevos al que lo pidió?

-¿Qué quieres que te diga? -concluyó Carlos-. En esta historia de listos no hay nadie inocente. Si no se dieron cuenta de que había algo raro cuando medio restaurante les hacía reverencias y el otro medio los señalaba con gestos es que se merecen lo que les pase. Estos si que son más tontos que Pedro Picote, y un tonto y su dinero pronto se separan.

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Carnavales en Vetera

Por inverosímil que parezca, también la pequeña, provinciana y conservadora Vetera celebra sus Carnavales, y no me refiero al concepto que un individuo con chándal y mocasines tiene de mi atuendo con Homburg y levita, sino a comparsas recorriendo cada fin de semana uno a uno los núcleos de esta Comarca, para concluir el día grande, el próximo lunes, en la propia Vetera.

No tienen el espectáculo del canario, ni el inquietante aire naïf de Felos de Maceda, en Galicia, entre Arlequín y torero

Tampoco el marcado atavismo agropecuario del grotesco ziripot de Lantz o del blandir de los cencerros de zanpantzar de Zubieta, Auretz e Ituren (Navarra)

Comparsa de Zanpatzar en el valle de Meldaerreka

ni evoca los terrores de un mundo más salvaje y hostil con los Momotxorros de Alsasua (Navarra), manchados de sangre real de animales

Imagen tomada de http://www.geocities.com/Nashville/Stage/2644/alsasua.jpg

Tampoco el gracejo que se supone a las chirigotas de Cádiz y que tal vez me harían gracia de lograr entender dos palabras seguidas. Ni la elegancia del venciano ni la sensualidad de Río, ni… ni… ni. Ni nada.

Bienintencionado -y un Carnaval no puede serlo-. Pretende tener algo de brasileño, con rúas y desfiles, coreografías y grupos conjuntados -más o menos-, pero el frío de todos los demonios que febrero depara por estos pagos no invita a contonearse con el pecho al aire o casi sobre una carroza, sino más bien a refugiarse bajo siete capas y dos mantas, y eso le hace salir malparado en cualquier comparación con Río.

Un jurado de tres miembros, una puta, una monja y un obispo -invariantes castizos de un sentido del  humor entendido sólo travestismo e irreverencia confundidad con palabra gruesa que sólo sale del armario en carnavales-  falla sobre cada carroza y su comparsa. El carnaval es transgresor, o suele serlo, y en muchos lugares los elementos más tradicionales, como los felos o los momotxorros incluso persiguen y acosan a los transeúntes. Aquí, lo de trasngresor se limita a agresor, porque a medida que la rúa avanza, lenta como una serpiente que ha devorado un mamuth, por delante de los tres jurados y estos trasiegan combinados de ron con tenacidad digna de mejor causa, los comentarios que acompañan el fallo van pasando de un ingenio vagamente inspirado en Blackadder,

con construcciones del tipo “Tenéis menos gracia que las damas de honor de una boda de conejos”, al más gráfico y contundente “¡Que enseñen las tetas!”, pasando por el “Oh, vaya, este año aún no había habido ninguna carroza de piratas” o “Por favor, dime que vais de monjas disfrazadas de cow boy”.

Las carrozas las hay más y menos logradas. Bueno, lo de carrozas es una manera de hablar, porque, de no fijarse uno en los que intentan mantener el equilibrio en el remolque bajo siete refajos, uno podría creer que es una exposición nocturna de maquinaria agrícola, desde modernos Deutz-Fahr hasta John Deere dignos de museo. Recicladas muchas veces, donde el Boeing de American Airlines de una parodia del 11-S que sentó mal a mucho rebeldito a la violeta, sólo dentro de lo políticamente correcto, y acabaron descalificando, se convirtió al año siguiente en un inusual -y aséptico- fokker monoplano para un Barón Rojo que en lugar de gorra prusiana llevaba gorro de churrero.

Y allí está la madre del cordero. El sentido del carnaval es auyentar los seres oscuros -malos espíritus, demonios, muertos… cada tradición tiene su explicación-, que se han adueñado parcialmente del mundo aprovechando la muerte que el invierno significa, para abrir paso a la primavera. Y se les expulsa con el arma más poderosa que tiene el hombre, la risa.

Reírse no sólo de las cosas risibles, sino de lo que nos asusta, de lo que tememos. Felipe V prohibió los carnavales en Cataluña tras el Decreto de Nueva Planta, temiendo que bailes y máscaras sirvieran de encubrimiento a crímenes por venganza personal o conspiraciones, y quizá no andaba errado, pues el rey Gustavo III de Suecia sería asesinado durante un baile de máscaras en el Palacio de la Ópera de Estocolmo, como resultas de una conspiración, en 1792. El carnaval es el orate, el niño que dice que el emperador está desnudo, y al poder no le gusta que le muestren sus vergüenzas. Primero, intentó prohibirlo, ahora, más maquiavélico, decide destruirlo desde dentro.

Ahora que los carnavales se extienden desde Verín (Orense) a Gran Canaria y de Vetera a Cádiz es quizá cuando menos Carnavales son. Es la dictadura de Disney, de lo blando, de lo políticamente correcto, de la risa de chiste fácil, de la comedia romántica, renunciando a denunciar con la risa, con la ironía, con el cinismo, con la sátira. Ni la sátira política es sátira del fondo, sino sólo de las formas, de lo caricaturizable sin necesidad de entenderlo. ¿Os imagináis una carroza de etarras y guardias civiles? Por mi parte, voy a desempolvar mi uniforme de general de la Wehrmacht, aunque no iré, como el año pasado, vestido de esta guisa y acompañado de X a tomar copas a un bar latino. No es que me esté volviendo políticamente correcto, simplemente pusilánime.

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